viernes, 16 de mayo de 2014

No rendirse


—Recuérdame, ¿por qué vamos a hacer esto? —Pidió Niall, tronando los dedos en un vago intento para hacer desaparecer los nervios.
Sonreí complacido mientras palmeaba su espalda. Estaba completamente seguro de que daría uno de sus mejores shows—Porque amamos cantar y porque lo necesitamos.
Hizo una mueca—Aún, no estoy muy convencido de salir.
Liam rodó los ojos al escucharlo, sin embargo, no dijo nada. Su mirada se posó en algo más allá de toda la gente que estaba jugando bolos, sí. No sabía que era, pero parecía importarle lo suficiente como para no hacer uno de sus típicos comentarios sabelotodo. Había estado así desde hacía un buen rato y eso despertaba mi curiosidad.
Así que, me acerqué hasta donde estaba y espié por encima de su hombro. No me pareció ver nada fuera de lo normal; muchas familias y grupos de amigos, entre ellos, mi hermana y las hermanas Lane. También, un chico que suponía era el novio de Mackenzie. No obstante, no tarde en distinguir un poco más allá a Zayn y a dos chicas.
Mis ojos se posaron en la rubia con mechas de colores y, sobre todo, en la mano que apoyaba en su pequeño vientre. Pensé que estaba volviéndome loco, pero no. Ella debía ser Perrie, la mamá del bebé que tendría Zayn. A la otra, no la conocía y no creía que la hubiera visto nunca antes, pero algo de su rostro me recordaba a Leona Lewis[1].
Elevé una de mis comisuras y codeé a Liam— ¿Estamos de caza?
Él entrecerró los ojos cuando se decidió a mirarme, pero negó rápidamente con la cabeza sorprendiéndome. Luego, el gesto de su rostro me preocupó. Quizás, por los sombríos que se tornaron sus ojos o porque nunca lo había visto así y aunque no sabía qué le estaba sucediendo, algo me decía que tenía que ver con la acompañante de Perrie.
Dirigí mi mirada hasta las hermanas Lane, específicamente a Mackenzie y la mano de su novio sobre su muslo derecho. Algo se removió en mi interior, porque aunque la imagen no tenía nada malo, no me agradaba. Me hacía sentir enfermo. Sí, esa era la palabra correcta para describir como me sentía cada vez que mis ojos se posaban allí.
Tom, como había dicho Gemma que se llamaba, no hacía más que recordarme a otro típico adolescente. Uno de aquellos niños de papi que jugaba al futbol, obtenía las mejores notas, conducía un deportivo y todos los fines de semana volvía acompañado a casa con una rubia candidata Miss Universo.
Sí, él era casi tan cliché como yo, pero mucho peor. Él tenía a la chica buena, esa por la que valía la pena dejar todo lo demás. En cambio, yo no tenía a nada y a nadie. Realmente eso es lo que me molestaba. O envidiaba.
Me alejé, para buscar mi guitarra, y escuché a Niall decir: —No puedo hacerlo, no voy a salir.
Sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración un tanto agitada, él estaba a punto de entrar en pánico. Sin embargo, Louis fue más rápido y se apresuró hasta él con su sonrisa de “no pasa nada”, para palmear su espalda y susurrarle palabras tranquilizantes.
Negué con la cabeza y comencé a prepararme. A mí tampoco me apetecía salir allí afuera, porque hacía mucho tiempo que no lo hacía y eso me colmaba de nervios espantosos. Aún cuando sabía que daría lo mejor de mí, todos lo haríamos. O cuando no era un lugar tan importante como el concurso, pero había gente que nos escucharía y opinaría. Así que, quizás, eso era lo que me asustaba.
Lo que dirían los demás.
—Ve el lado positivo, Niall —Dijo Liam, de repente, mientras se alejaba del telón y se acercaba a su bajo—. Eres lindo, las chicas no notarán si cantas bien o mal.
No pude evitar carcajearme al escuchar la palabra “lindo”, por lo que Niall me miró mal y después rodó los ojos olvidando su dramatismo. Sin embargo, dejé de hacerlo cuando la escuché decir: —Dime que no acabas de decir la palabra “lindo”.
Liam se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. No obstante, yo no podía moverme de donde estaba. Algo dentro de mí, le temía a la imagen con la que podía encontrarme, por eso seguí en lo mío. Simulaba buscar mi pua, aunque, sabía que la tenía en mi bolsillo.
La escuché carcajearse tentativamente—No puedes, a un chico se le dice que está caliente o como quiere, pero no “lindo”.
—Sí, pero olvidas que soy un chico —Puntualizó Liam, agitando uno de sus dedos para remarcarlo—. Se supone que no sé de tales cosas.
Luego, él comenzó a hablar con Louis sobre algo de la universidad y eso provocó que me desconectara. Las cosas que me llevaban a pensar en mi futuro me daban pánico, mucho más que salir afuera a hacer el ridículo.
Ajusté las cuerdas de mi guitarra y toqué algunas notas, comprobando que todo estuviera en orden. El tras bambalinas que tenía el boliche, donde tocaríamos un par de canciones, no era muy grande. Sin embargo, nos servía a nosotros que no éramos demasiados.
Me senté en el amplió sofá de la habitación y cerré los ojos, esperando que algún tipo de relax inundara mi cuerpo, pero no funcionó. Entonces, los volví a abrir y contuve la respiración. Una de las comisuras de su boca se curvó hacía arriba mientras arqueaba una de sus perfectas cejas, dejándome aún más desconcertado. Bajé la mirada, estudiándola en el proceso, repitiéndome que ella no era el tipo de chica por la cual podía sentir algo.
No, definitivamente.
Ella era diferente. Una brisa fresca en una calurosa tarde de verano, un cálido abrazo en una noche de invierno, una repentina llovizna en un paseo por el parque; lo más estable y seguro que conocí en toda mi vida. Al menos, así la veía. Como mi polo opuesto.
Y eso era verdaderamente malo, porque yo era todo lo contrario. Era más precipitado, salvaje y sobre todo inestable. Entonces, nuestra combinación podía ser realmente desastrosa al ser tan diferentes, pero eso era lo que me atraía a ella. Simplemente eso.
Existía ese magnetismo invisible entre nosotros que me gritaba que me acercara, la mirara y me perdiera en la profundidad del delicioso chocolate de su mirada. Entonces, lo hacía y simplemente ya no era el mismo. Mis pensamientos cambiaban hasta el punto de asustarme; no podía sentir nada profundo, porque no estaba en mi naturaleza, pero ¿qué me sucedía?
— ¿Estás meditando? —Preguntó, de repente, trayéndome de nuevo a la realidad.
— ¿Qué?
Ella rodó los ojos, sentándose a mi lado—Estás muy callado, pensaba que alguien como tú estaría haciendo algo más que estar sentado aquí —Dijo, encogiéndose de hombros.
Entrecerré los ojos mientras me despatarraba aún más en el sofá, logrando que mi rodilla tocara la suya—Sí, podría, pero hay muchas fans, allá afuera, que quieren ser mis groupies y no quiero ese tipo de complicaciones —Dije mirándola fijamente, tratando de sonar seguro. Ella volvió a enarcar una de sus cejas y sonrió—. Lo digo, en serio.
—Nunca dije que no —Se defendió rápidamente. Sus mejillas se tornaron de un rosa vivo contra su blanca piel—. Es solo que creía tenerte…
— ¿Calculado?
—Sí —Dijo bajando la cabeza, lo que provocó que sus cabellos crearan una cortina para que no pudiera verla—. Tienes la apariencia y ciertas actitudes de Don Juan.
Me carcajeé fuertemente hasta retorcerme de dolor, provocando que ella riera conmigo—Bueno, lo soy, pero no quiero involucrarme con nadie —Dije, recuperando la compostura—. Solo quiero algo de una noche o ni siquiera eso. Un par de horas, nada más.
Un silencio ensordecedor se instaló entre nosotros y, si prestaba mucha atención, podía escuchar a la gente tras el telón hablar o a los palos chocar contra la bola. De repente, la habitación me pareció sofocante, incluso, aterradora. No sabía dónde mirar; los poster de bandas del siglo pasado no me resultaban interesantes, pero mirarla a ella podía ser mi peor error.
Así que, fijé mi vista en el alocado peinado de Bob Dylan, repasando cuantas posibilidades tenía de lucirlo algún día. Su estilo ni se acercaba por casualidad al mío. Otro polo. Maldición.
Su móvil sonó, haciendo eco en la habitación. La miré por el rabillo del ojo, expectante a que realizara un movimiento y lo atendiera, pero nunca lo hizo. No. Ella permaneció oculta entre sus cabellos mientras sus manos jugaban con uno de los flecos de sus jeans rotos.
Quise decir algo, pero no pude. Me decidí a estirar mi mano y alcanzar la suya, sintiéndome inseguro y vulgar, pero muy necesitado de su contacto. Era como si quería probar un estúpido punto, que estaba seguro, me arrepentiría.
No obstante, cuando las yemas de mis dedos alcanzaron a tocar su cremosa y suave piel, nada me pareció más correcto en toda mi vida. Nuestros ojos se encontraron y permanecieron del mismo modo, por lo que me parecieron siglo, hasta que le regalé mi mejor sonrisa y dije: —Me he divertido contigo, es una pena que tengas novio.
Ella hizo una mueca divertida al sorprenderse, lo que me provocó soltar una pequeña risa—Lo siento, no salgo con chicos como tú.
—Nadie habló de salir —Aclaré rápidamente, sintiéndome un poco herido por el filo en su voz.
— ¿No?
Negué con la cabeza—No, sólo que podrías ser el prototipo de mejor amiga que estoy necesitando desde hace algún tiempo atrás.
—No creo que me estés viendo realmente —Dijo, haciendo una mueca de disgusto—. No tengo amigos.
—Y ¿mi hermana? O ¿Niall?
Se encogió de hombros—Es diferente, solo comparto una charla como lo estoy haciendo ahora, no puedo darles nada más —Sus mejillas se ruborizaron al momento de mirarme, como si un pensamiento nublaba su mente—. A ti, tampoco. No serás la excepción.
—Supongo que eso no lo sabremos hasta que lo intentes —Dije, dándole un suave apretón a su mano antes de dejarla ir.
—No quiero intentarlo y esto no tiene nada que ver con Tom —Se puso de pie. De repente, la expresión de su rostro no era la misma, había algo oculto sobre sus ojos—. Sé cómo terminaría.
Me encogí de hombros, poniéndome de pie, también—Tú te lo pierdes.
Recogí mi guitarra y caminé hasta el borde del telón. Al otro lado, no había nada fuera de lo normal, excepto que no veía a Liam por ningún lado. Louis y Naill estaban sentados con Gemma, Jane y Tom. Suspiré profundamente, sintiéndome repentinamente celoso.
No lo había notado ni siquiera pensado, pero estaba seguro que él pudo estar ocupando el lugar de Zayn, Liam o el mío durante todo este tiempo. Porque era él quien iba con ellos a la misma universidad y estaba incluido en su mismo círculo que ellos, gracias a Mackenzie.
Cerré los ojos, rogando que el escozor en mis ojos desapareciera. Llorar que convertiría en un estúpido, porque no tenía razones para hacerlo. Mis amigos eran libres; ellos podían juntarse con quienes quisieran y hacer lo que quisieran.
El pensamiento me cayó como un balde de agua fría. Quizás, ellos no querían cantar y ahí estaba yo, remándola para que me ayudaran a no tener que lidiar con aterrador futuro que se acercaba a pasos agigantados. Acababa de cumplir los diecinueve, apenas un par de meses atrás, y ya me encontraba a mitad de un año.  En un pestañar, todo acabaría.
La verdad era muy dura y la vida una perra.
Me eché hacia atrás y devolví la guitarra a su estuche. No tenía sentido obligarlos a algo que no querían. No era tan egoísta, tal vez, necesitaba buscar solo mi destino y no arrastrando a los demás a este tormento. Al fin y al cabo, siempre fui el único que no bajé los brazos.
— ¿Qué se supone que estás haciendo? —Preguntó Mackenzie, haciendo que me detuviera justo en el marco de la puerta.
—Irme —Murmuré, mirándola por encima del hombro.
Podría haberme reído al ver su expresión, pero no lo hice. La verdad descubierta era demasiado amarga y me había hecho perder cualquier minúscula gana de hacer algo que indicara felicidad, porque no casualmente no lo estaba siendo. En cambio, solo pude regalarle mi mejor cara de póker  antes de volver a emprender mi camino.
— ¡No puedes irte así! —Gritó, siguiéndome.
La ignoré, tal y como había hecho con ciento de chicas en el pasado. Mackenzie podía causar sensaciones raras en mi sistema, pero no hacer que cambie mi pensar. Tal parecía, mi naturaleza no quería ser dominada, ni siquiera por una chica que me hacía pensar que era especial. No.
Al llegar afuera, apenas pude avanzar más de dos pasos antes de que su mano tirara de mi brazo— ¡No te lo permitiré! ¡No dejaré que eche los sueños de Louis por la borda!
Me enfrenté a ella, acorralándola contra la pared, mientras trataba de calmar mi respiración. Tenía la mente nublada por los celos de todo aquello que estaba perdiendo y, mucho menos, aún no había tenido. Estaba perdiendo a mis cinco mejores amigos; ya sea a causa de otros o la falta de interés común, los estaba perdiendo. Estaba perdiéndome a una Mackenzie que no conocí y no que me quería conocer.
Sin embargo, eso no era lo que más me jodía, sino el hecho de sentirme de esta manera. Tan perdido. Tan envidioso. Tan chiquilín.
Sus ojos me observaban expectante a que me moviera, no obstante, estaba petrificado por nuestra repentina cercanía, preguntándome qué rayos estaba haciendo. No podía pagar los platos rotos con ella, tratándola así o incluso intentando besarla—era lo que más me apetecía—, pera olvidar todo lo demás.
Apoyé mi frente sobre la suya y cerré los ojos momentáneamente, rogando que la brisa fresca de la noche aplacara la rabia que me corroía. El perfume de Mackenzie llenó mis fosas nasales, obligándome a que inspirara profundamente en busca de más, y me envió a volar por un campo de jazmines y un bosque de frutos rojos. El paraíso.
Me mordí el labio inferior, sintiendo el batallar de mi interior. No podía hacerle esto, pero era lo que más quería.
—No lo hagas —Suplicó en un hilo de voz, provocando que me detuviera al instante.
Abrí los ojos y me encontré directamente con los suyos y un mensaje muy confuso. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. El silencio hizo que aclarara un poco mis pensamientos y me trajo de vuelta a la realidad, pero no logró que me amilanara.
— ¿Hacer qué?
—Esto, ahora —Tomó un soplo de aire antes de seguir— Ellos confían en ti. Louis, lo hace y no está bien que lo decepciones abandonándolos.
Mi pecho se sacudió contra el suyo cuando reí amargamente— ¿Sí? —Ella asintió—Entonces, dime ¿por qué siento que esto no es lo que desean? Dime ¿por qué siento que se lo están tomando como una obligación? —Respiré profundamente—Dime ¿por qué lo siento así?
Negó con la cabeza mientras mordía su labio inferior. Sus orbes chocolates me miraron angustiados y sus manos se apretaron firmemente a mis costados a modo de consuelo. Pronto, su cuerpo se unía al mío como si fuéramos uno solo. Me estaba abrazando.
—Te juro que no lo sé, Mac —Dije, tomando su rostro entre mis manos. Necesitaba ver su rostro—, pero no siento que volver  a allí es correcto. No, para ellos.
—Supongo que eso no lo sabremos hasta que lo intentes —Dijo, usando mis palabras—, hasta que lo compruebes con tus propios ojos.
—No quiero joder mi amistad con ellos…
—Y no lo harás —Me regaló un pequeña sonrisa antes de separarse de mí—. Si eso sucede, creo que podrías contar conmigo.



[1] Leona Lewis; cantante británica de Pop y R&B y ganadora de la tercera edición del reality show The X Factor de Reino Unido.

sábado, 29 de marzo de 2014

Inalcanzable


—Pase, señorita Harper.
El señor Robinson, mi profesor de inglés, me sonrió por última vez antes de volver a prestar atención en lo que estaba escribiendo en la pizarra. Asentí a sus palabras y me adentré al salón, mirando nada en especial.
Mi costilla no me había dejado correr por el campus; después de esforzarme por esquivar todo tipo de charla con Dana sobre ella, Niall y su noche; por lo que había llegado tarde diez minutos a mi clase. La cual compartía con Dave y con él, Niall.
Escaneé la habitación, tratando de ubicarlos, mientras comenzaba a subir las escaleras. No había rastros de Dave, pero sí de Niall. Mi mirada se encontró con la suya, casi a mitad de mi camino, y mis mejillas irremediablemente se sonrojaron. Sonrió  y luego volvió a mirar al frente.
¿Por qué tenía que ser tan lindo?, pensé ubicándome casi al final.
Por lo general me ubicaba en los asientos de adelantes, porque Dave me guardaba lugar y porque era con la única persona que no me sentía sofocada. Como si era el único que no invadía mi espacio personal. Sin embargo, nuestros típicos asientos y los del alrededor estaban ocupados. No estaba dispuesta a hacer un berrinche sin la contención de mi mejor amigo y la vista desde donde me encontraba no era nada mala.
Intenté tomar una respiración profunda luego de estar escribiendo sin parar, tratando de ponerme al día, pero mi costilla me lo impidió. Nuevamente.  Dejé escapar un gruñido por lo bajo, llamando la atención de quienes estaban más adelante. Quise gritar “¿nunca han tenido una costilla fisurada, tíos?”, pero no lo hice. Seguí escribiendo, aunque no sabía exactamente qué. Sólo quería ignorar cuan desprotegida me sentía sin Dave a mi lado.
La clase transcurrió normalmente, por media hora más, hasta que la puerta se volvió a abrir. Un chico alto y con cuerpo bien formado se adentró, saludando al señor Robinson. Su cabello castaño iba casi tan desordenado como el de David y su rostro llevaba una barba de dos o tres días, pero aunque simple vista se veía descuidado, me pareció perfecto.
Entonces, comenzó a subir las escaleras, haciendo un vaivén exquisito de sus caderas atrapadas en uno pantalones algo grandes allí y ajustados al final. Podía notar cada uno de sus músculos a través de la fina camiseta que llevaba. Suspiré profundamente, olvidando mi costilla. Él realmente era sexy.
Cuando parecía haber tenido suficiente, su mirada atrapó la mía y me condujo al recuerdo de la noche anterior. Mi bolígrafo se escapó de mis dedos, cayendo directamente al piso y rodando hasta encontrarse con la punta de sus borcegos. Lo levantó, mirándolo por lo que me parecieron siglos, y luego me lo ofreció.
—Creo que esto es tuyo —Dijo, elevando una de las comisuras de su boca.
Lo miré, sin poder creérmelo, con un nudo apretando la boca de mi estómago. Era él, mi salvador, lo sabía. Sus ojos chocolate no le permitían negarme la verdad, entonces, entendí de donde lo conocía. Él era Liam Payne, el sexy bombero de Princeton, que Dave y Dana mencionaban en varias ocasiones a principios de año. Fuera porque salvaba vidas o porque todo el mundo parecía querer girar en torno a él. Sí, las chicas lo amaban.
Excepto yo.
Aunque, había escuchado las mil maravillas sobre él, no había tenido oportunidad de conocerlo en persona. Quizás, debido a mi concentración en los estudios o mi concentración en el noviazgo que mantenía mi mejor amiga con el chico que me gustaba. Pero, definitivamente, ninguna de sus palabras y rumores habían sido en vano.
Carraspeó, llamando mi atención, mientras una de sus cejas se elevaba. Mi bolígrafo aún seguía en su mano, esperando que fuera por él. Sentí la sangre acoplarse en mis mejilla, lo estaba mirando fijamente perdida en mis pensamientos y quién sabe que creyó.
Tomé el bolígrafo. Mi palma rozó algunos de sus callosos dedos, una corriente eléctrica me hizo retirar la mano asustada. Solo una vez había tenido la misma sensación y fue cuando de niña, sin querer, metí un dedo en el tomacorriente.  Así que, fue tan extraño, excitante y terrorífico a la vez. En aquel  entonces lloré acurrucada junto a mamá, pensando que hubiera podido morir, ahora solo quería volver a experimentarlo.
—Gracias —Dije cuando encontré mi voz.
Él asintió, regalándome una sonrisa completa que me hizo temblar. Guau, no podía creer que fuera bombero, si tan solo con verlo hacía que el fuego solo se avivara.

Caminaba detrás de Niall, mirando de vez en cuando su cuello, mientras procuraba que nadie caminara lo suficientemente cerca de mí como para darme un codazo o empujón. Sin embargo, no tuve tanta suerte.
Doblando la esquina hacia la cafetería, mi cuerpo colisionó contra el de Liam y mis libros cayeron al piso, pero no me importó. El agarre de sus manos, al borde de mi cintura, hizo que me contorsionara de dolor y que dejara escapar un pequeño sollozo. Era como si me estaban dando cientos de puñaladas con un cuchillo sin filo, ya que las punzadas en la zona no se detenían.
Sus manos se movieron desde la zona a mis mejillas, para secar mis lágrimas. Ni siquiera me había dado cuenta que estaba llorando o que, incluso, Niall se había acercado a nosotros. Y, sintiendo su tacto caliente y suave, olvidé el mundo en torno a nosotros.
Levanté la mirada, encontrándome con la suya, y noté la preocupación marcada en sus rasgos. Mi estómago se apretó, porque nunca antes ningún chico—sin contar a David—me había mirado así. Como si la única chica que le importaba era yo.
—Alexis, ¿estás bien?
La pregunta de Niall rompió el hechizo. La magia danzando a nuestro alrededor despareció y eso me molestó, pero no supe por qué. El chico de mis sueños me estaba hablando y Dana no estaba en escena. Seguramente el humo del incendio había afectado mi cerebro lo suficiente como para hacerme querer ver los ojos de otro y no los del amor de mi vida.
Me obligué a volver a la realidad y dejé de mirar a Liam, para mirar a Niall—Emm… Sí, yo solo sentí mis costillas… —Callé sin saber cómo proseguir.
Las manos de Liam abandonaron mi rostro, dejándome una sensación de vacío, y mi estómago volvió a apretarse. Quise decirle que las regresara donde estaban y que también tocara otras partes de mí, pero no lo hice. Pase una de mis manos, sacando cualquier rastro de lágrimas derramadas. No me preocupaba por el maquillaje, porque no usaba a menos que fuera para algo importante.
Comencé a juntar mis libros a toda prisa, después de todo tenía otra clase en media hora,  deseando salir de allí lo más pronto posible. De repente, no me sentía bien junto a ninguno de estos dos chicos. A uno lo quería, pero ¿al otro? Ni siquiera lo conocía y me molestaba que me abandonara, también me molestaba que alguien nos interrumpiera. Más aún, el hecho de sentirme tan confundida.
Me hubiera gustado seguir el consejo de David, aunque habría tenido que lidiar con Dana. Estando en mi cama, fingiendo dormir, no habría sido tan insoportable.
—No te hice daño, ¿cierto? —Preguntó Liam, tendiéndome uno de mis libros.
Lo miré atontada, sintiendo que ya había vivido esta situación una vez, y mis mejillas se sonrojaron—No, no —Dije cuando encontré mi voz. Me paré, haciendo una mueca en el proceso—. Creo que será mejor que vuelva mi cuarto.
—Te acompaño —Dijo Niall, haciéndome negar rápidamente con la cabeza.
Dana aún estaría por allí y si él iba, bueno, un simple dolor en mi costado se convertiría en algo casi similar al infierno. Sería mucho peor que casi ser aplastada, olvidad y quemada en un viejo galpón que decía ser un pub. Plasmé mi mejor sonrisa, que esperaba no se viera tan falsa como la sentía, y dije: —En serio, Niall, puedo llegar sola.
—Dana me mataría si algo te sucede y no hago nada para ayudarte —Dijo, haciendo un mohín.
En otra ocasión, me habría encantado su propuesta, pero con mi estado y la mención de Dana no fue así. Mis labios se fruncieron y mi cabeza siguió negando—No, estoy bien sola —Me encogí de hombros, tratando de lucir relajada—. No te preocupes de Dana, ella tiende a exagerar, pero en todo caso te voy a defender.
Él sonrió ampliamente, provocando que mis piernas flaquearan, ¿por qué lo hacía? Sus mejillas sonrojadas me hicieron morir de ternura, era como ver a un peluche esponjoso y tentativo a abrazar.
—Bueno, pero no dudes en pedir ayuda si lo necesitas —Dijo, mirando mi mano con mis dedos rotos—. Después de todo, es en parte culpa de Dana y mía que estés así —Se encogió de hombros.
Sí, es su maldita culpa.
—Claro que no, ustedes no me obligaron a ir —Dije, callando a la fiera de mi interior.
—Alexis…
—No te preocupes —Lo interrumpió Liam—. Yo la acompañaré y me asegurare de que esté bien.
La seriedad y la promesa en su voz me hicieron estremecer. Otra vez hacía acto de presencia esa familiaridad que sentí cuando miré sus ojos la noche anterior, lo cual me descolocó más de lo que estaba. Miré de soslayo su rostro y era idéntico al sonido de su voz. Realmente, parada a su lado y enfrente a Niall, sentí que podía brindarle mi confianza entera. Él siempre me protegería, era una promesa.
Sonreí ampliamente, esta vez de verdad, y dirigí mi vista a Niall— ¿Ves? Él me acompañara, no hay de qué preocuparse.
Niall no me miró. Sus ojos estaban conectados a los de Liam, era como si ellos estaban manteniendo una conversación o acaso estaban ¿midiéndose? Me pareció que habían pasado siglos cuando él finalmente me miró—Claro, te veo luego.
Su voz había perdido brillo, pero lo noté cuando él se estaba alejando de mí. De nosotros. Y me pregunté qué le había pasado para sonar así.

Mordí mi labio inferior. Podía sentir los pasos de Liam a mi lado y cuantas veces por minuto miraba en mi dirección. Escalofriante.
Nunca había caminado tan cerca de un chico heterosexual por el campus y que, además, estaba como quería. Así que, mis sentidos estaban alerta a todo los movimientos que realizaba.
Ninguno de los dos habíamos cruzado palabra después de que Niall se marchara. Pensé que iba a seguir su camino, pero cuando comencé a caminar, él lo hizo conmigo. En el trayecto más de una chica se había dado vuelta para mirarnos o, mejor dicho, para mirarme como si fuera la mismísima peste. Lo cual era estúpido, ya que ni siquiera estaba tomando su mano como para hacer que su imaginación volara.
Me pregunté, qué se sentiría ser su novia con toda la población femenina odiándote más que a Megan Fox.
Si hubiera sido su novia, seguro no habría importado nada. Sólo él y el pensamiento de que realmente me amaba, teniendo en cuenta que podría tener a cualquiera a sus pies. Mmm…Sí, con esos brazos, ese torso y esas manos tan varoniles; él haría olvidar cualquier mierda que la gente dijera o hiciera. Y, seguramente, con algunas de sus miradas o besos me haría olvidar al mundo entero, incluso, mi nombre. El pensamiento me hizo estremecer.
Mi boca se secó. Mis manos comenzaron a sudar. Mi estómago se retorció y luego hizo una de sus típicas explosiones, esas que hacía solo cuando veía a Niall. Entonces, me asusté.
No había sentido mis mariposas revolotear y el cielo bajar a la Tierra cuando Niall me habló, las sentí cuando Liam me miró. En la clase de inglés, en el pasillo y ahora que nos imaginaba juntos, mirándonos y besándonos desesperadamente.
¿Qué me sucedía?
— ¿Tienes frío? —Preguntó Liam cuando notó que me sacudí de espanto.
— No, en realidad, no —Dije, carraspeando, ya que soné muy chillona al principio.
Él me miró, enarcando una de sus cejas, por un instante antes de volver la vista frente. Me imaginé que se debía estar incomodando de la misma manera que yo, ya que no le hablaba y seguramente tenía una de esas muecas que ensayaba frente al espejo cuando, en la preparatoria, pensaba en ingresar al club de teatro. No obstante, solo era mi imaginación, porque después de dos minutos más de silencio y más silencio, posó su brazo sobre mis hombros.
Paré abruptamente de caminar, esperando que lo quitara, pero no lo hizo. Él se detuvo junto a mí, volteando a penas su cuerpo, para mirarme una vez más. Una sonrisa se formó en su rostro que me hizo mirar hacía otra dirección y a mi corazón martillar precipitadamente.
Parte del grupo de nerds, con los que solía juntarme los fines de semana a debatir, se volteó a mirarnos. También, los populares. Quise que la tierra se abriera y me tragara, sin embargo, no sucedió. Liam se carcajeó, mandándome al mismísimo infierno de lo sexy, cuando dirigió su mirada a la misma dirección que la mía.
Su aliento, haciendo cosquilla cerca de mi oído, provocó que aguantara la respiración—No te preocupes, el irlandés no está a la vista.
— ¿Qué? —Pregunté, aunque lo había escuchado perfectamente.
—Que Niall no está a la vista —Dijo, irguiéndose—. A demás, tienes frío y no traigo  un abrigo, no puedo hacer a un lado mis modales.
Comencé a caminar nuevamente, algo insegura, dejando que su brazo me abrigara—Sigo sin entender lo de Niall —Dije, sintiéndome más segura a hablar.
—Él no se enojara si hago esto —Me presionó, acercándome más a su cuerpo.
—No, dudo seriamente que él se enojé por algo como eso —Fruncí el ceño, ya que seguía sin entender—. No soy Dana.
— ¿Y?
—Él se enojaría si haces eso con ella, quien es su novia —Dije como si nada, era la primera vez que decirlo no dolía—. Yo solo soy su…
Me interrumpí sin saber que decir, porque realmente no era nada de Niall Horan. No creía que ni siquiera la palabra “conocidos” pudiera describirnos. Él siempre estuvo tan fuera de mis límites que ni siquiera podíamos tener un nombre.
—Nada —Susurré, aunque, estaba segura de que Liam lo escuchó.

viernes, 21 de marzo de 2014

Loca forma de ser


—Dime que no has estado toda la tarde con estos primates —Dijo Gemma, haciendo una mueca de disgusto mientras se cruzaba de brazos.
—Gemma…
—La verdad es que sí —Mackenzie se paró e imitó su ceño—, pero fue más divertido que estar con ustedes. Ellos están intentando tener una banda.
Quise reír, porque esto no sucedía a menudo, al ver la cara de mi  hermana transformarse y seguidamente la de Jane. Su quijada baja por la sorpresa y la indignación, haciendo esfuerzo por no convertirse en algo más. Lo intenté, pero en cuanto Niall se carcajeó, lo hice también.
Mackenzie había pasado toda la tarde con nosotros y, aunque nosotros no cruzamos palabras, supe que ella no la estaba pasando nada mal. Tenía mucho potencial para componer y, ya que estudiaba periodismo y le encantaba escribir, los chicos prácticamente cayeron a sus pies por eso. Nos dio tips y consejos de cómo podíamos escribir una canción fácilmente con lo que vivíamos día a día.
La inspiración podía provenir de una situación, un momento, una persona, un gusto, un pasatiempo. Infinidades de cosas, pero era algo que nosotros no habíamos experimentado antes. One Direction siempre había cantado covers, porque nunca vio la necesidad de expresar algo suyo. Así que, esta era una situación extraña, porque cuando pensaba en algo para una posible letra, lo hacía en ella.
Sí. Era cerrar los ojos por un segundo y dejar impregnada en mi memoria sus ojos chocolate, su corto cabello alborotado, su carcajada rota y herida. Era grabarme su loca forma de ser. Tan bipolar, a veces. Tan decidida, otras tantas. Sentía que podía escribir un libro entero de acuerdo a lo poco visto, también un poema y, por si fuera poco, una canción. La mejor canción de todas, porque Mackenzie Lane me inspiraba desgraciada y afortunadamente.
—No puedes ponernos en comparación con ellos, Mackenzie —Se quejó Jane mientras sus labios hacían un pequeño puchero.
La miré atentamente, concentrándome en los puntos que las convertían en hermanas con Mackenzie. Sin embargo, una vez más, no encontré casi nada. Jane era más alta,  también mucho más esbelta. Su piel estaba mucho más bronceada y el color de sus ojos, definitivamente, no era el mismo. Los de ella casi se asemejaban a los azul cielo de Louis.
Era extraño, pero me imaginé que Mackenzie se parecía a su padre o algún otro familiar. Entre tantos pensamientos atropellados, vi como Louis se acercaba a Jane y la abrazaba, susurrándole cosas al oído. Ella sonrió y lo miró escéptica, entonces, me pareció que algo de él se encendió. ¿Qué era? ¿Qué no se parecían a hermanos o mejores amigos? ¿Qué se asemejaban más a una pareja?
La confusión me golpeó y las palabras de Niall, en la cafetería de tía Kerry, hicieron eco en mi subconsciente. A Louis le gustaba Jane, pero ¿qué sucedía con ella? Sus ojos se encontraron con los míos, entonces, su sonrisa se borró. Sus mejillas tomaron algo de color y me recordaron a una noche hacía un par de años atrás.
Me recordó la fiesta de noche vieja cuando ella junto con Gemma, Louis, y Zayn había vuelto a casa para navidad. Como cada año, nuestras familias se juntaron y esa noche algo pasó. Había salido un momento a al porche, para llamar a papá, y Jane llegó detrás de mí. Me pareció hermosa con su vestido blanco y sus ondas castañas, cayendo sobre sus hombros y enmarcando su jovial rostro.
Los últimos cinco meses no la había visto y, por alguna razón muy extraña, me pareció que ella había cambiado. Quizás, había crecido o había cambiado su estilo, pero me refería a otra cosa. Ella me gustó y se lo dije. Un acto muy estúpido, teniendo en cuenta que era la mejor amiga de Gemma y casi como una hermana mayor, no obstante, lo había hecho. Y eso no pareció molestarle, sino todo lo contrario.
Nos habíamos quedado hablando por mucho tiempo; no llamé a papá y tampoco volví a dentro. No me alejé de la mejor amiga de Gemma. Solo me acerqué demasiado y decidí dejar todo de lado. La besé castamente al principio y ferozmente después, dejando que jugara con mis rizos mientras yo lo hacía con sus suaves labios.
Jane Lane, de verdad, me gustó. Hasta que recuperé la cordura y me di cuenta que no estaba haciendo lo correcto, porque ella era alguien cercano, era la mejor amiga de mi hermana y la hermanastra de mi mejor amigo. También, porque iba a la universidad y porque con ella un acto como besarse o cualquier otra cosa, significaría algo permanente.
Y era demasiado egoísta como para prometerle algo así. Era demasiado consiente de que me gustaban las chicas, mi estado de soltero y todo lo que ello implicaba. Así que, simplemente la alejé y le fui sincero. Pensé que me daría una bofetada o le contaría a Gemma, pero ella no lo hizo. Desde ese momento, comenzó a alejarse y a sonrojarse cada vez la miraba demasiado. Quizás, se acordaba de esa noche también.
Me paré y comencé a juntar la basura que habíamos hecho gracias a los víveres que había traído Niall—La próxima juntas tú la mierda —Dije, apuntándolo.
—Hermano, te recuerdo que también has comido.
Me mofé, deteniéndome para alcanzar una bolsa—Guau, ahora una simple papa puede llenar el estómago de un hombre —Hice una mueca mientras levantaba las manos—. Intenta vivir con una todos los días…
—Sabes que no puedo —Gruñó, levantándose para comenzar a ayudarme.
Mi hermana lo miró escéptica cuando cruzó a su lado y la ignoró, también lo hice. Por lo general, cuando él  hacía eso, tiraba de algún cabello o la molestaba dándole una nalgada. Entonces, ella le gritaba cuán imbécil era y por qué no le hacía eso a una de sus putas. Lograba irritarnos a los dos, pero siempre pensé que a Gemma en alguna parte todo ese tonto juego le gustaba.
Así que, ella casi vuelve a perder su quijada cuando él pasó por su lado de nuevo y no hizo nada. Llamé la atención de Zayn, quien estaba más cerca, palmeando su pecho con mi mano y él hizo lo mismo con Liam. De pronto, todo era un “corran por sus vidas”.
Entre tanto ajetreo empujé a Mackenzie, quien estaba concentrada en su celular y no había captado la señal, llevándola hasta fuera a una zona segura. Me miró por encima del hombro, haciéndome vislumbrar su disgusto.
—Oye, ¿qué diablos te pasa? —Preguntó, tratando de zafarse de mi agarre —Pero…
—Ya cállate —Murmuré—. Gemma enloquecerá en cualquier momento.
Ella rodó los ojos—No seas tan nenaza, ¿quieres?
—Y, ¿qué sucedió, Horan? —Escuché a mi hermana decir— ¿No has tenido tu ración de sífilis[1], hoy?
Mackenzie se tensó notablemente. Sus ojos consternados buscaron a Jane en busca de una respuesta y un asentimiento bastó para escucharla decir: —Mierda.
Sonreí, dándole un empujón, para así alejarla de la zona de guerra. Cuando Niall y Gemma comenzaban a discutir era mejor alejarse, todo era por mi culpa. Sí, primero por llenarle de cuentos la cabeza a Niall. Luego, por no decir simplemente la verdad, que todo era un invento mío. No obstante, después el sentimiento me abandonaba y recapitulaba, solo ellos habían llevado esa tonta discusión del pasado muy lejos.
No sabía si era mi imaginación, pero ellos dos tenían un problema que no se animaban a resolver. Esta guerra constante no era algo en lo que estaba involucrado, era solo de ellos. Y me daba la sensación que solo era para esconder un secreto. Un secreto que tarde o temprano se descubriría.
— ¡No he follado en las últimas tres semanas por tú culpa! —Gritó Niall, provocando que cerrara los ojos— ¡Espero que estés contenta!
—Pues fíjate que sí, porque en cambio yo…
Las palabras de Gemma se desvanecieron, Mackenzie dejó de caminar y todo el mundo estaba expectante a que se escuchara algo frágil quebrarse. No pasó nada. Los minutos se escabulleron como el agua y el astro Rey se posicionaba para descender. Fuera lo que fuera, no me estaba gustando nada tanto silencio.
— ¿No vas a hacer nada? —Murmuró Mackenzie, mirándome de soslayo—Hay que tener cuidado de que no hayan llegado a descuartizarse, ya sabes como son.
Me encogí de hombros—Sí…
Niall me apartó de su camino, luciendo enfadado y al límite. Como si Gemma realmente se hubiera pasado de la raya. Entonces, cuando volteó a verme, noté una de sus mejillas más colorada que la otra. Ella le había pegado y él parecía a punto de explotar.
—Si quieres que esto funciones —Señaló todo a su alrededor—, llámame cuando no tenga que ver a esa loca —Sus ojos relampaguearon cuando Gemma se situó a mi lado.
—Pero ¿qué diablos? —Dijo Mackenzie, comenzando a seguirlo junto a Louis— ¡Niall, espera!
Los vi alejarse, pisando los tulipanes favoritos de mamá. Pensé que ella se enfadaría, pero no más si le contaba lo que Gemma había hecho.
—Creo que será mejor que me marche, Harry —Dijo Zayn, sacándome de mis pensamientos—. Tengo que trabajar en un par de horas.
— ¿Vas a trabajar?
—Sí, aunque haga esto, necesito conseguir dinero para otras cosas —Miró lejos de mí.
Liam palmeó mi hombro—Él tiene razón, Hazza —Se encogió de hombros—. Aún si hace esto, necesita estar preparado. Algunos embarazos son difíciles.
—Y no puedo hacerles cargar con esto a mis padres, tengo que ser responsable.
Sonreí, sintiéndome orgulloso de mi amigo, y asentí—Claro, ¿tú también te vas? —Le pregunté a Liam.
—Sí, tengo cosas que hacer.
Se despidieron y se marcharon en la furgoneta de la madre de Zayn, dejándome solo con Gemma y Jane. No habíamos conseguido hacer casi nada, pero tenía la esperanza de que pronto lo hiciéramos. Después de todo, el varano acababa de comenzar. Nos quedaban más de dos meses para poder lograrlo, cumplir nuestros sueños.

Un Impala[2] negro se estacionó frente a la casa de los Horan. Sentado en las escaleras del poche mientras comía un poco de helado de chocolate, observé con extremada atención a Mackenzie correr hacia él.
Su salvaje cabello no me dejó ver muy bien su rostro, pero sí su sonrisa. Me pregunté quién sería que la buscaba, sin embargo, mis dudas se aclararon en el instante que vi su pequeño cuerpo aferrarse al del piloto y su rostro moviéndose acompasadamente con él. Se estaban besando.
Quise apartar la vista, ya que me sentía como un niño que sería pillado mirando cosas indecentes en cualquier momento, pero no pude. La irritación no me dejó. La verdad, era que no creía que Mackenzie pudiera tener un novio o que fuera, pero lo hacía.
Y sí, la chica era jodidamente hermosa. Lo supe en el momento que consideré agregarla a mi historial, sino hubiera sido un casanova, pero me era difícil. Saber que tenía un maldito novio era difícil y no sabía siquiera por qué.
La puerta de la casa se abrió, provocando que mirara a otro hacia otro lado, y Gemma se dejó caer junto a mí con el pote completo de helado. No había sabido más nada de ella luego de que Louis pasara a buscar a Jane, ya que se había encerrado en su habitación y no había salido de allí. Ni siquiera para comer un poco de la pizza que había ordenado.
Mirándola de soslayo, noté sus ojos hinchados. Quise preguntarle si había estado llorando, pero no lo hice, porque no me sentía autosuficiente como para consolar a mi hermanita. No había descansado bien, mi amistad con mis amigos iba a pique y de pronto todo me parecía negro; el día me había sobrepasado.
Y mamá apenas se había marchado. No quería pensar en los siguientes y en ninguno de los siguientes a ellos. Quería correr hasta mi habitación, tirarme a mi cama y dormir. Porque siempre pensé que esa era la forma más sencilla de resolver mis problemas, durmiendo.
—Eso sí que es comer delante de los pobres —Dijo Gemma, atragantándose con una cucharada de helado.
— ¿Qué cosa?
Ella se carcajeó brevemente—Ya sabes, Mackenzie y Tom.
Miré de nuevo hacia el impala, que aún no había arrancado, y vi a Mackenzie casi arriba del muchacho. La sangre se me fue a la cabeza, haciéndome desear caminar hasta allí y arruinar su pequeña fiesta. Sin embargo, comí otra cucharada y dije: —Mmm… ¿su novio?
—Sí, él es el chico perfecto —Dijo, haciendo una mueca—. Mackenzie sí que tuvo un regalo de navidad con él.
—Oye, mi abrazo y mi pase free de la Ranger por toda la semana, también lo fue —Me quejé, robándole un poco de su helado, ya que el mío se había acabado—. Además, estoy seguro de que ella no está con el chico perfecto en ese auto.
—Ah, ¿sí?
Rodé los ojos, tirando de mis rizos hacia atrás—Nop, porque el chico perfecto está aquí —Dije, señalándome.
Gemma se rio fuertemente, provocando que me riera con ella, mientras se apoyaba en mi hombro—Claro, no sé cómo pude olvidarlo.
—Lo digo en serio.
—Oh, sí, sé que lo haces —Concordó, estampando un poco de helado en mi mejilla, para luego comenzar a correr.
Miré brevemente el auto, por última vez, antes de comenzar a seguirla. De pronto, la idea de jugar un rato con mi loca hermana me apetecía más que estar sentado solo y aburrido en el porche de la casa, viendo a dos tortolos comerse mutuamente mientras ideaba un plan para separarlos.
Yo no era así y no iba a comenzar a serlo. Nunca.



[1] Sífilis; infección de transmisión sexual crónica producida por la bacteria espiroqueta Treponema pallidum.
[2] El Chevrolet Impala; automóvil producido por el fabricante estadounidense Chevrolet desde 1956 para el mercado norteamericano.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Fuego


Entonces, así se sintió Kayla cuando Talon se enamoró de su mejor amiga y no de ella. Traicionada, masoquista y, sobre todo, egoísta.
Sí, así me sentía viendo a mi mejor amiga besándose con el chico que había amado durante toda la secundaria, porque lo quería conmigo… Y porque deseaba, con todas mis fuerzas, que ya no siguieran  haciendo eso delante de mí cada cinco minutos.
Si tan solo hubiera sido más abierta y hubiera confesado como me sentía, quizás, Dana lo habría dejado pasar y estaríamos ideando un plan para que pudiera conquistarlo. No obstante, era demasiado tarde y no era una completa perra como para lanzarle un reproche a la cara y ponerle un ultimátum. Nuestra amistad o su relación.
— ¡Vamos a divertirnos! —Gritó David, a mi lado, tirando de mi mano hacia la pista de baile y alejándome de mi tortura.
Él era el único que sabía mi secreto y era porque, básicamente, odiaba a Dana por ocupar su lugar de “mejor amiga” y nunca le contaría ni una sola palabra. Apretando el agarre que tenía de su mano, le grité: — ¡Gracias!
Me miró por encima de su hombro y me guiñó uno de sus perfectos ojos estaño. Si no hubiera sido gay, y si no lo conocería como a la palma de mi mano, me habría enamorado de él. Era mirarlo desde todos los ángulos y simplemente lo encontraba perfecto. Desde su desordenado rubio cabello hasta sus muy bien cuidados pies. Y, claro, como persona.
Aunque, él tampoco me hubiera mirado. No era el tipo de chica de nadie. Era demasiado baja, con algunos kilos demás y un pelo que no permitía entrada ni siquiera a un cepillo de acero. No poseía ningún talento que me hiciera destacar, solo una rara afición a los comic y a la música del siglo pasado. Ah, y un poco de pasión por cantar desafinadamente en la ducha con un envase de champú como micrófono. Luego, todo era ordinario.
Sí, el tipo de chica que nadie quería.
Suspiré profundamente, ahogándome con el humo que circulaba de algunos cigarrillos, y choqué con la espalda de Dave. Él le hizo una seña a alguien que no podía ver, entonces, la música cambió.
— ¡Bien, es tu momento de brillar! —Dijo, enfrentándome.
Negué efusivamente, volteándome para irme. Después de todo, había sobrepasado mi hora límite de salidas y no quería pensar qué pasaría si alguien descubría que no tenía la edad necesaria como para entrar por estos lados. No, definitivamente me tenía que marchar.
La imagen de Dana y Niall besándose con fiereza fue como una bofetada que me dejó aturdida. No noté la masa de gente atropellarme ni que la música fue suplantada por gritos aterradores. Solo podía verlos a ellos, haciendo pedazos mi corazón, y a la mirada que se regalaron cuando se separaron.
De pronto alguien me chocó, provocando que me precipitara hacia el sucio suelo, entonces, me aterroricé. Podía morir pisoteada en aquel asqueroso agujero y nadie se daría cuenta, porque todo el mundo parecía querer estar huyendo para salvar su propia vida. Y no importaba, cuantas veces intentaba levantarme, alguien me volvía a tirar.
Las luces fluorescentes se apagaron y el ambiente se puso más pesado. Como si la masa de personas corriendo y apretujándose entre sí, había provocado que la temperatura subiera. Cubrí mi rostro con mis manos y me volteé quedando boca abajo, ya que me habían pisado una de ellas y presentía que si no cambiaba de posición pronto un taco aguja las perforaría o quebraría algunos de mis dedos.
Chillé de dolor y espanto cuando un peso mayor cayó sobre mi espalda, provocando que me arquera, pero eso no fue nada en comparación a todo lo que vino después. Creí que iba a morir.
Realmente lo hice.
Cuando mis oídos no pudieron escuchar nada más, me pregunté si todo había terminado. Si las personas habían decidido compadecerse de mí. O si simplemente había muerto.
El color rojo fuego en una de las vigas del techo, me dijo que no. Pequeñas gotas de transpiración recorrieron mi frente y se mezclaron con lágrimas de impotencia. Si me hubiera quedado en el campus. Si me hubiera ido a visitar a mamá. Si me hubiera ido en el momento adecuado. Si me hubiera enamorado de alguien más y no del novio de mi mejor amiga…
Mis ojos amenazaron con cerrarse cuando mis pulmones no quisieron dejar entrar más aire contaminado. Mi garganta picó y solo pude toser hasta sentir el sabor metálico de mi sangre en la punta de la lengua. Por fin. Iba a morir en un viejo galpón sucio en medio de las llamas y a nadie, absolutamente nadie le importaría. Ni siquiera a mí misma, si eso significaba que no iba volver a sentir tanto dolor.
La oscuridad me invadió, por un momento, hasta que sentí su voz y sus manos en mi pecho tratando de reanimarme— ¡Vuelve, por favor! ¡No te vayas!
Sus ojos chocolate se enfocaron en mi boca y seguidamente en los míos. La sorpresa y el alivio se mezclaron en lo poco que podía ver su rostro, incluso, me pareció ver felicidad. Sus brazos me sujetaron en los lugares correctos y, como si mis kilos de más habían desaparecido, me levantó para sacarme de allí. Para salvarme.
Mis brazos lo rodearon instintivamente y mi cabeza descansó en el hueco de su cuello. Me sentía como en mi hogar, como si ese lugar solo hubiera sido hecho para mí y como si mi vida por fin valía la pena.
Cuando logró sacarnos del infierno, mucha gente se apresuró hasta nosotros, para atendernos y verificar si estábamos bien. Aparentemente tenía una costilla fisurada y dos dedos rotos, pero estaba bien. Gracias a él.
Un perfecto bombero que desconocía y no sabía si  alguna vez lo volvería a ver, quien se quedó a mi lado viendo como me examinaban después de salvarme la vida. Sin embargo, mucho tiempo después, cuando Dave apareció se fue. Y no pude darles las gracias ni pude ver su rostro completo. Tampoco, pude aclarar la duda en mí.
¿Por qué se me hacía familiar?

Me desperté, sintiéndome sofocada, casi al amanecer. Si no lo hubiera hecho, tal vez, estaría sintiendo el fuego incinerando mi cuerpo en medio de aquel sucio galpón.
Dave descansaba su cabeza contra mi regazo y la otra parte de su cuerpo aún estaba, en una incómoda posición, en una silla. Una de mis manos acarició su desordenada mata de cabello. Después de mi rotunda negación a quedarme en una sala de hospital, él había insistido en quedarse conmigo, para cuidarme y ver si necesitaba algo. Cada hora que despertaba, porque mi sueño no podía aguantar ningún recordatorio del infierno, estaba parado al pie de la cama esperando instrucciones. Esta vez, se había rendido y estaba durmiendo como un bebé.
Me alegré de tener un amigo como él, ya que Dana “mi mejor amiga”  Blake no se había dignado ni siquiera a mandarme un mensaje de texto. Al menos, para averiguar si había muerto o no. Por el contrario, yo no lo había hecho porque Dave me aseguró que Niall logró sacarla sana y sin ninguna herida. También, me dijo que ellos estuvieron solo unos minutos junto a él y luego lo dejaron solo, muriéndose de nervios ya que no tenía noticias de mí.
Ninguno de los dos se preocupó. De Niall lo entendía, porque no éramos amigos ni nada, pero de ella no.
Bebí agua del vaso que descansaba en mi mesa de luz y traté de apaciguar el nudo en mi garganta. Esto era tan frustrante. Una parte de mí decía que era una mierda que pasaría, porque nunca había tenido las agallas ni las ganas de mirar a alguien más que no fuera Niall. La otra parte, solo decía que esto acababa de comenzar y que me preparara, porque las cosas no volverían ser jamás como antes.
Niall Horan, el pequeño irlandés americano, no solo me había robado el corazón. Sino que también, me estaba comenzando a robar a mi mejor amiga.

Mi celular nos despertó, a Dave y a mí, dos horas más tarde. Eran las ocho treinta y tenía clase de inglés a las nueve, si quería llegar debía comenzar a correr.
Sin embargo, cuando comencé a levantarme, la voz de mi mejor amigo me detuvo— ¿Qué es exactamente lo que estás tratando de hacer, Alexis Harper?
—Intentar ir a clases, ¿no es obvio? —Pregunté, aguantando las ganas de gruñir cuando me dio una puntada en mi costado derecho.
Él se carcajeó, revolviendo su cabello, falsamente—No, tú no irás a ningún lado.
—Eso ya lo veremos —Dije obstinadamente, yendo hacia mi armario.
—Cariño, el doctor dijo que tu costilla está muy frágil y ya sabes cómo están tus dedos…
Suspiré pesadamente, sintiendo el escozor en mis ojos—David… —Mi voz se quedó atrapada en mi garganta—No quiero quedarme aquí y esperar a que llegue Dana.
Sus brazos me rodearon desde atrás y su boca besó mi cabello. Se sentía tan bien que alguien se preocupara por mí cuando mamá estaba tan lejos de Princeton. Dejé que las lágrimas se deslizaran, queriendo hacerlo hasta que el dolor se fuera, porque era la única manera con la que lograba recomponerme.
Sin embargo, todo acabó cuando la puerta de la habitación se abrió y por ella entró una Dana sonriente. Sequé mis lágrimas a toda prisa, dispuesta a borrar cualquier evidencia, y susurré: —Por favor, Dave.
Lo sentí tensarse—No vale la pena y tu salud sí.
—Lo sé, créeme que realmente lo sé —Dije, alzando el rostro para mirarlo de soslayo—. Pero, este ingrato corazón no me hace caso.
— ¿Qué tanto secretean ustedes dos? —Preguntó Dana, acercándose.
Lo supe porque su voz no se sentía lejana. Traté de sonreír y, volteándome, dije: —Nada —Me solté de los brazos de Dave y lo miré brevemente—. Nos vemos en clase.
Él suspiró audiblemente, pero no dijo nada. Tomó su chaqueta y se marchó sin siquiera saludarme, lo entendí. Últimamente, Dave, había notado como mi ánimo estaba decayendo y estaba siendo bastante bueno. Si hubiera sido por él, ya le habría dicho algo a Dana. Aunque ella no tenía la culpa, sino que la tenía yo y nadie más que yo.
—Sino supiera que es gay diría que ustedes dos tienen algo —Dijo Dana, sacándome de mis pensamientos.
—En tus mejores sueños…
—Oye, perdona que no te llamé, pero Niall me invitó a quedarme en su casa y no pude resistirme —Sus cejas subieron y bajaron, tratando de hacerme reír, pero solo mantuve mi rostro serio—. Supuse que habías vuelto al cuarto antes del incendio.
Me encogí de hombros mientras comenzaba a desvestirme—No, lamentablemente, aún estaba allí —Dije, simulando mirar dos pares de zapatillas.
— ¿Estás bien?
La miré por encima del hombro—Sí, tengo una costilla fisurada y dos dedos rotos, pero estoy bien —Una de las comisuras de mi boca se curvó—. Alguien me salvó.

Sinopsis


Alexis Harper ha estado enamorada de Niall Horan, el novio de su mejor amiga, desde que comenzó la secundaria. Ya, en la universidad de Princeton, sus sentimientos por él no han cambiado y eso la hace sentir miserable… Porque no está siendo una muy buena amiga y porque su confianza en sí misma se ha ido perdiendo.
Sin embargo, Liam Payne, un sexy bombero y su compañero de clases en inglés, no piensa lo mismo. Y puede que Niall, también.
Puede que ella fuera una rompecorazones. 

viernes, 14 de marzo de 2014

Canción de amor


Bajé las escaleras a toda prisa, después de escuchar a Gemma llamarme reiteradas veces desde la planta baja.
Me había quedado dormido, pensando en Mackenzie Lane y la forzosa charla que mantuvimos luego de terminar de encender todas las velas. Su rostro había adquirido un poco de color rosáceo gracias a las llamas y, también, a la sangre concentrada en sus mejillas. Se había sentado en el sillón de un cuerpo y había cruzado los brazos sobre su pecho, luciendo casi atormentada.
Me pregunté qué había hecho para que estuviera de esa manera. Sin embargo, recordé sus palabras y a sus padres divorciados. Casi pude jurar que ella era ese tipo de personas que había mencionado. Sí, era eso o creer que era lo suficiente encantador como para abrumarla.
Me despatarré sobre el sofá, tratando de lucir cómodo, y dije: —Así que, ¿no estás dañada?
Mackenzie levantó la mirada— ¿Qué?
—Te pregunto si no tienes algún daño de nuestro pequeño accidente —Aclaré, sentándome erguido—, porque a mi pequeña Betty tuve que llevarla al taller.
En medio de sus perfectas cejas se formó una arruga. Logré oír los engranajes de su cabeza girar en medio de tanto silencio y, cuando todo pareció encajar, también un clic. En aquel momento, Mackenzie rompió a reír, llevando sus manos de su pecho a su vientre.
Fui seducido tan solo por ese perfecto sonido; rasgado y profundo. Al parecer, no reía de esa manera hacía mucho tiempo y por alguna extraña razón me encantó ser el causante de que lo hiciera de nuevo. Y, de algún modo, terminé carcajeándome con ella hasta que mis tripas comenzaron a acalambrarse por la falta de aire. Hasta que pequeñas lágrimas hicieron su camino por mis mejillas. Hasta que comprendí que era la primera chica, además de mi hermana, que no se me había tirado encima.
Cuando logró componerse un poco, dijo: — ¿Llamaste a tu moto “Betty”?
—S…Sí, ¿acaso de niña no has llamado a tu muñeca “Barbie”?
Ella rio mucho más con ese comentario mientras negaba efusivamente con la cabeza, pero de pronto calló—No, nunca…Porque nunca tuve una Barbie.
Le regalé mi mejor mirada de “vamos, no juegues”, pero realmente me sorprendió ver que su rostro no se inmutó. Se paró de su asiento. Su mirada había vuelto a recuperar petulancia y, parada ante mí, me hizo creer por un momento que era pequeño. Muy pequeño. Aunque, teníamos la misma edad. Aunque, era considerado como una persona vanidosa.
Malditamente increíble.
—Odio las Barbies, Dios sabe realmente cuánto lo hago —Dijo mirando hacia arriba. Una de las comisuras de su boca amenazó con levantarse, pero no lo hizo, ya que su teléfono comenzó a tocar de un momento a otro—. Será mejor que me vaya…
—Harry —Dije, levantándome para quedar frente a frente.
Levantó la mirada de la pantalla—Sí, ya lo sabía, mi hermana es la mejor amiga de tu hermana y ellas cada tanto te mencionan —Se encogió de hombros.
— ¿Ah? Soy el mejor amigo de tu hermanastro y el hermano de una de tus amigas —Dije, metiendo las manos dentro de los bolsillos traseros de mi pantalón—. No sabía de tu existencia hasta hace, ¿cuarenta y ocho horas? —Rodé los ojos mientras la seguía hasta la puerta—Solo digo.
Volteó, estrellando una de sus delicadas manos contra mi pecho. Por un momento, pensé que tomaría un puñado de mi remera y me acercaría hasta chocar con su torso, pero no lo hizo. Solo quería saludarme—Mackenzie Lane.
Su nombre hizo eco en mis oídos—Mac…
La palabra se escapó de mis labios y pareció igual de suave que la seda, igual de adictiva que el chocolate caliente en invierno. Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa, pero solo fue por un momento. Los Aerosmith volvieron a romper el silencio y ellos fueron su salvación.
—Bueno, adiós.
Bajó rápidamente las escaleras y corrió por el único camino que se podía ir, ya que lo demás estaba cubierto por las flores de mamá.  Ella era capaz de sacar lo peor de sí si veía que le habían hecho algo a sus tulipanes.
Mis ojos la siguieron hasta que no la pude ver más, deseando saber qué rayos me pasaba con ella. Una completa desconocida que había hecho cosas que nadie hizo.
—Harry, Harry, ¡Harry!
El grito de mamá me despertó de mi ensoñación, dejándome desorientado. Miré a todos lados, notando que me encontraba recostado en el barandal de la escalera, hasta que enfoqué los ojos en ella. Su rostro se notaba sorprendido a diferencia del de Robin y el de Gemma, ambos estaban reprimiendo una sonrisa.
Me pasé una mano por los ojos, tratando de despabilarme, y luego bostecé— ¿Ya se van?
—Creo que es lo que hemos estado diciéndolos últimos cinco minutos —Dijo mamá, sonando notablemente molesta.
Sonreí, poniendo mi mejor cara de niño bueno—Ya, mamá, perdón —Me levanté y caminé hasta ella, para estrecharla en mis brazos—. No he tenido una buena noche.
— ¿Te encuentras bien, hijo?
Sus manos acunaron mi rostro y sus ojos lo examinaron, tratando de encontrar lo malo. Al asentir con la cabeza me soltó, pero fue para abrazarme. Ella realmente se preocupaba mucho por nosotros que hasta era capaz de cancelar sus vacaciones, lo sabía, porque su preocupación la hizo abandonar su trabajo.
Sí. Cuando apenas había ingresado en el equipo de vóleibol, en segundo año, me gané una lesión y necesitaba hacer reposo.  Ella no soportó la idea de dejarme solo sin ninguna ayuda. Solo había pasado una hora y ella estaba de vuelta en la casa. Luego, simplemente siempre estuvo allí; para cuando Gemma rompió con su primer novio, cuando me fui a competir a las nacionales o fuimos todos a ver a Eagles[1] en Los Ángeles y perdimos nuestro bus. Siempre. No iba a vacilar si me veía mal.
Besé su cabello y dije: —No te preocupes, en verdad, solo tuve un par de pesadillas.
—Anne, será mejor que nos apuremos —Dijo Robin, tomando las maletas—o llegaremos tarde al aeropuerto.
—Claro.
Le di un último beso antes de acercarme a Robin y quitarle una de las maletas—Déjame que te ayudo.
El taxista los estaba esperando, para ayudarlos con el equipaje. Me encaminé hasta la parte trasera y le dejé la maleta que llevaba, también la de Robin.  Mamá se había quedado unos metros atrás, hablando y despidiéndose de Gemma. Seguramente le estaba recordando donde había dejado los números anotados en caso de emergencia y como debía portarse, lo mismo haría conmigo.
—Bien, hijo, nos vemos en tres semanas —Dijo Robin, palmeando mi espalda.
Pasé uno de mis brazos por sus hombros y sonreí—Claro, viejo.
Él se carcajeó y se alejó, para despedirse de Gemma, cuando mamá acabó. Ella me sonrió y acarició mi mejilla antes de envolverme en abrazo. Como si se estaba por marchar a la guerra.
—Mamá —La llamé, recibiendo un “humm” —, se les hará tarde.
Se apartó un poco—Claro, Harry —Besó mi mejilla—. Procura que tu hermana se comporte.
Me da una palmadita en la mejilla antes de soltarme e ir hasta el choche, donde Robin la estaba esperando. Me junté con mi hermana y juntos levantamos la mano, lo más sonriente posible, hasta ver el auto desaparecer. Entonces, éramos libres.
Gemma dio saltitos mientras aplaudía y gritaba: — ¡Por fin! Necesito llamar a las chicas…
— ¡Alto ahí, Gemma! —Dije, poniendo mi mejor voz de chico malote—No quiero a chicas descontroladas por la casa ni fiestas clandestinas y, sobre todo, nada que haga a mamá volver, ¿capisce?
Ella rodó los ojos antes de darse la vuelta y aventarme el pelo contra la cara. Si no hubiera estado tan adormilado y teniendo mis pensamientos enfocados en otra cosa, le habría devuelto el golpe. Así que, simplemente dejé escapar un audible suspiro y caminé hasta la casa dispuesto a conseguir algunas horas más de sueño.
Porque esto iba a ser difícil.

Mi cabeza dio vueltas y mis ojos se cerraron cuando intenté abrirlos. No podía hacerlo, sin embargo, eso no impidió que el timbre siguiera sonando.
Antes de volver a taparme hasta la cabeza, grité: — ¡Gemma, abre la maldita puerta!
Aunque grité lo suficientemente alto, para que toda la cuadra me escuchara, no hubo respuesta. El timbre simplemente siguió sonando y, en mi camino hasta la planta baja, me hizo cuestionar qué era tan urgente. Quizás, mamá tuvo un  accidente.
El pensamiento me hizo caminar más rápido y, en menos de los que podía contar hasta diez, estaba abriendo la puerta. El dedo de Louis se quedó a medio camino de llegar al timbre y su rostro borró una gran sonrisa al ver el mío.  Él miró hacia otro lado, entonces, noté a los demás parados a unos metros, tratando de contener una sonrisa.
Finalmente Niall se acercó y, haciéndome a un lado, entró—Por fin,  viejo, tienes el sueño más pesado que Zayn —Resopló, tirándose en el sofá.
Lo ignoré y dejé a los demás  pasar—Bien, cierren la puerta cuando se vayan.
— ¿Qué? No he cancelado los planes que tenía solo para venir y ver que te haces a un lado —Dijo Liam, empujando mi pecho desnudo con una de sus manos—. Ve a cambiarte, Harry.
—No lo creo.
Zayn se acercó hasta donde me encontraba. Sus ojos mieles me miraron suplicantes y eso me paralizó—Me dijiste que te pidiera ayuda si la necesitaba —Se encogió de hombros—. La necesito y hago esto porque sé…
—Sabemos que somos buenos —Dijo Louis, apoyando una mano en su hombro.

Me pasé una mano por el rostro, indispuesto, pero mi sueño lo valía.
El auto de Robin y el de mamá estarían estancados por tres semanas. La Ranger, camioneta que compartíamos con Gemma, no estaba, porque se la había llevado. Pero lo estaría luego, así que, la única plaza disponible era la de Betty, ya que todavía estaba en el taller. Tendría que sacrificar su espacio, para que pudiéramos ensayar.
Me alegré de que papá hubiera diseñado una cochera monstruosamente gigante, aunque no lo suficiente para un quinto transporte. No en esta casa, porque estaba seguro que en la suya había espacio como para seis, pero vivía en Los Ángeles.
Hice un gesto con la mano y los chicos comenzaron a descargar los equipos que habían traído en la vieja furgoneta de la mamá de Zayn. Los ayudé y comprobé que en realidad no era tan malo esto, porque había extrañado hacer cosas como estas con ellos.
A principios de la secundaria habíamos comenzado a mostrarnos interesados en la música. No sabíamos casi nada. Ni tocar una pandereta, no obstante, cada un encontró su lugar. Era bueno con la guitarra, igual que Niall. Liam tocaba el bajo, Louis el teclado y Zayn, quien aparentemente era bueno con el triángulo nada más, la batería.
Liam era el único que se animaba a cantar, pero luego lo hicimos todos.  Cantar era una manera de descargarnos, al menos, la mía. Porque, era como decir “quiero hacer esto y nadie me lo va impedir”, me convertía en otro. Y todo fue genial.
La gente que iba con nosotros a la escuela comenzó a escucharnos y a hacer pasar la voz. “One Direction”, como nos habíamos denominado, se hizo reconocer y la gente nos amó. Realmente nos amó. Las chicas que nunca nos miraron lo hicieron y los populares nos dieron un lugar, que más tarde fue únicamente nuestro, pero todo acabó.
Louis y Zayn se graduaron. Tocamos en  su baile de graduación y ese fue nuestro cierre de despedida, aunque hubiéramos podido continuar. El sueño finalmente había terminado, porque dos de nosotros tenían que crecer y mirar el mundo real. Después era nuestro turno, pero me retracté y conseguí que la señora B. me dejara un año más.
Y, otra vez, estábamos aquí. Luchando una vez más por nuestros sueños, ese que nos hacía perseguir la misma dirección.

Una hora más tarde me estaba arrepintiendo de todo. Los chicos no estaban contribuyendo en nada.
Después de armar todo y dejar prácticamente nada de lugar, para respirar, se sentaron a estar cada uno en su mundo. Sino era con el maldito teléfono, lo era con alguna portátil o la vista perdida. Me maldije mil veces antes de levantarme y comenzar a caminar, tratando de aliviar el dolor de cabeza que tenía.
— ¿Qué pasa, Hazza? —Preguntó Niall, dejando una bandeja repleta de comida chatarra que fue a buscar a su casa encima de un parlante.
Me detuve  y dije: — ¿Es en serio? —Él se encogió de hombros y miró la pantalla de su teléfono— ¡Basta!
Los cuatro me miraron— ¿Qué sucede? —Dijo Zayn.
—Me cansé de esta mierda —Señalé todo a mí alrededor, incluso, a ellos—. Se supone que estamos aquí para hacer música si queremos ganar, pero lo único que hacen es nada. Nada —Repetí, revolviéndome el pelo.
—No veo que tú estés haciendo algo —Acusó Liam.
—No sé…Quizás, los estoy esperando.
Zayn se levantó de su lugar y caminó hasta pararse a mi lado—Oigan, tranquilos —Dijo, levantando las manos y también sus baquetas. Me miró—. Creo que tienes razón, estamos siendo irracionales, porque todo debemos contribuir, pero aquí estamos haciendo nada.
—Apoyo a Malik.
La voz profunda y aterciopela que reconocí de Mackenzie, me hizo girar en redondo, para encontrármela parada sobre una de las columnas que dividía las plazas de la cochera. Su cabello alborotado, apenas tapando sus hombros, voló por los aire cuando lo agitó y una de sus perfectas cejas se arqueó cuando me vio mirándola.
Comenzó a caminar y me fue inevitable no mirar sus piernas descubiertas. Ella acarició las cuerdas de mi guitarra y después tomó asiento junto a Louis. Entonces, me miró y dijo: —Si quieren una banda cada uno debe actuar con responsabilidad, porque no es cosa de uno nada más.
—Lo sabemos —Dijo Louis—, pero es algo que no hacemos hace bastante tiempo.
—Es bastante difícil para nosotros, sobre todo, porque queremos ganar —Zayn volvió a su lugar y encendió un cigarrillo—. No tenemos práctica ni inspiración y necesitamos una canción propia.
—Y alguno de nosotros estamos teniendo problemas —Agregó Liam—. Esto es como un medio para desahogarse, pero ya no funciona.
Mackenzie se inclinó hasta apoyar las manos sobre sus rodillas, pareciendo aburrida con todas sus explicaciones—Entonces, háganlo funcionar.
Niall se carcajeó, casi atragantándose con una papa frita—Sabes que te considero una genio, ¿no? —Le preguntó sin esperar una respuesta—Pero te estás equivocando, no tenemos nada.
—Ni inspiración, conexión o lo que sea.
Ella codeó a Louis mientras soltaba un suspiro—Veamos, ¿están haciendo esto por alguien? O, ¿están deprimidos? ¿Enamorados?
Miré hacia otro lado, lejos de ella, sintiendo sus palabras llegar a  lo más profundo de mí. Sí, estaba haciendo esto por mí, porque no quería ser alguien más. Otro viejo frustrado. Y, también, porque no había nada que me aferraba a quedarme quieto. Ni siquiera mi familia por mucho que la amaba.
También, lo hacía por Zayn y ese bebé en camino. Por los demás. Porque quería demostrar que solo era una cuestión de tiempo; había que esperar y pronto lo tendríamos. Cumpliríamos nuestros sueños, pero si solo éramos pacientes y dejábamos al destino actuar sin dejar la fe.
Y, sí, por amor. Pero de otra clase. No ese que a muchos les gustaba creer.
Me acerqué más de lo necesario hasta ella, invadiendo su espacio personal y haciendo uso de mis artimañas, para hacerme ver más seguro de mí mismo y dije: —Estamos haciendo esto por muchas razones, pero no creo que el amor sea una fuente de inspiración.
— ¿No?
—No —Negué con la cabeza—. No vamos a escribir ninguna tonta canción de amor.


[1] Eagles; banda estadounidense de country rock y folk rock formada en Los Ángeles, California, EE.UU., en 1971.