—Recuérdame, ¿por qué vamos a
hacer esto? —Pidió Niall, tronando los dedos en un vago intento para hacer
desaparecer los nervios.
Sonreí complacido mientras
palmeaba su espalda. Estaba completamente seguro de que daría uno de sus
mejores shows—Porque amamos cantar y porque lo necesitamos.
Hizo una mueca—Aún, no estoy muy convencido
de salir.
Liam rodó los ojos al escucharlo,
sin embargo, no dijo nada. Su mirada se posó en algo más allá de toda la gente
que estaba jugando bolos, sí. No sabía que era, pero parecía importarle lo
suficiente como para no hacer uno de sus típicos comentarios sabelotodo. Había
estado así desde hacía un buen rato y eso despertaba mi curiosidad.
Así que, me acerqué hasta donde
estaba y espié por encima de su hombro. No me pareció ver nada fuera de lo
normal; muchas familias y grupos de amigos, entre ellos, mi hermana y las
hermanas Lane. También, un chico que suponía era el novio de Mackenzie. No
obstante, no tarde en distinguir un poco más allá a Zayn y a dos chicas.
Mis ojos se posaron en la rubia
con mechas de colores y, sobre todo, en la mano que apoyaba en su pequeño
vientre. Pensé que estaba volviéndome loco, pero no. Ella debía ser Perrie, la
mamá del bebé que tendría Zayn. A la otra, no la conocía y no creía que la
hubiera visto nunca antes, pero algo de su rostro me recordaba a Leona Lewis[1].
Elevé una de mis comisuras y
codeé a Liam— ¿Estamos de caza?
Él entrecerró los ojos cuando se
decidió a mirarme, pero negó rápidamente con la cabeza sorprendiéndome. Luego,
el gesto de su rostro me preocupó. Quizás, por los sombríos que se tornaron sus
ojos o porque nunca lo había visto así y aunque no sabía qué le estaba
sucediendo, algo me decía que tenía que ver con la acompañante de Perrie.
Dirigí mi mirada hasta las
hermanas Lane, específicamente a Mackenzie y la mano de su novio sobre su muslo
derecho. Algo se removió en mi interior, porque aunque la imagen no tenía nada
malo, no me agradaba. Me hacía sentir enfermo. Sí, esa era la palabra correcta
para describir como me sentía cada vez que mis ojos se posaban allí.
Tom, como había dicho Gemma que
se llamaba, no hacía más que recordarme a otro típico adolescente. Uno de aquellos
niños de papi que jugaba al futbol, obtenía las mejores notas, conducía un
deportivo y todos los fines de semana volvía acompañado a casa con una rubia
candidata Miss Universo.
Sí, él era casi tan cliché como
yo, pero mucho peor. Él tenía a la chica buena, esa por la que valía la pena
dejar todo lo demás. En cambio, yo no tenía a nada y a nadie. Realmente eso es
lo que me molestaba. O envidiaba.
Me alejé, para buscar mi
guitarra, y escuché a Niall decir: —No puedo hacerlo, no voy a salir.
Sus mejillas estaban sonrojadas y
su respiración un tanto agitada, él estaba a punto de entrar en pánico. Sin
embargo, Louis fue más rápido y se apresuró hasta él con su sonrisa de “no pasa
nada”, para palmear su espalda y susurrarle palabras tranquilizantes.
Negué con la cabeza y comencé a
prepararme. A mí tampoco me apetecía salir allí afuera, porque hacía mucho
tiempo que no lo hacía y eso me colmaba de nervios espantosos. Aún cuando sabía
que daría lo mejor de mí, todos lo haríamos. O cuando no era un lugar tan
importante como el concurso, pero había gente que nos escucharía y opinaría.
Así que, quizás, eso era lo que me asustaba.
Lo que dirían los demás.
—Ve el lado positivo, Niall —Dijo
Liam, de repente, mientras se alejaba del telón y se acercaba a su bajo—. Eres
lindo, las chicas no notarán si cantas bien o mal.
No pude evitar carcajearme al
escuchar la palabra “lindo”, por lo que Niall me miró mal y después rodó los
ojos olvidando su dramatismo. Sin embargo, dejé de hacerlo cuando la escuché
decir: —Dime que no acabas de decir la palabra “lindo”.
Liam se encogió de hombros, restándole
importancia al asunto. No obstante, yo no podía moverme de donde estaba. Algo
dentro de mí, le temía a la imagen con la que podía encontrarme, por eso seguí
en lo mío. Simulaba buscar mi pua, aunque, sabía que la tenía en mi bolsillo.
La escuché carcajearse
tentativamente—No puedes, a un chico se le dice que está caliente o como
quiere, pero no “lindo”.
—Sí, pero olvidas que soy un
chico —Puntualizó Liam, agitando uno de sus dedos para remarcarlo—. Se supone
que no sé de tales cosas.
Luego, él comenzó a hablar con
Louis sobre algo de la universidad y eso provocó que me desconectara. Las cosas
que me llevaban a pensar en mi futuro me daban pánico, mucho más que salir
afuera a hacer el ridículo.
Ajusté las cuerdas de mi guitarra
y toqué algunas notas, comprobando que todo estuviera en orden. El tras
bambalinas que tenía el boliche, donde tocaríamos un par de canciones, no era
muy grande. Sin embargo, nos servía a nosotros que no éramos demasiados.
Me senté en el amplió sofá de la
habitación y cerré los ojos, esperando que algún tipo de relax inundara mi
cuerpo, pero no funcionó. Entonces, los volví a abrir y contuve la respiración.
Una de las comisuras de su boca se curvó hacía arriba mientras arqueaba una de
sus perfectas cejas, dejándome aún más desconcertado. Bajé la mirada, estudiándola
en el proceso, repitiéndome que ella no era el tipo de chica por la cual podía
sentir algo.
No, definitivamente.
Ella era diferente. Una brisa
fresca en una calurosa tarde de verano, un cálido abrazo en una noche de invierno,
una repentina llovizna en un paseo por el parque; lo más estable y seguro que
conocí en toda mi vida. Al menos, así la veía. Como mi polo opuesto.
Y eso era verdaderamente malo,
porque yo era todo lo contrario. Era más precipitado, salvaje y sobre todo
inestable. Entonces, nuestra combinación podía ser realmente desastrosa al ser
tan diferentes, pero eso era lo que me atraía a ella. Simplemente eso.
Existía ese magnetismo invisible
entre nosotros que me gritaba que me acercara, la mirara y me perdiera en la
profundidad del delicioso chocolate de su mirada. Entonces, lo hacía y
simplemente ya no era el mismo. Mis pensamientos cambiaban hasta el punto de
asustarme; no podía sentir nada profundo, porque no estaba en mi naturaleza,
pero ¿qué me sucedía?
— ¿Estás meditando? —Preguntó, de
repente, trayéndome de nuevo a la realidad.
— ¿Qué?
Ella rodó los ojos, sentándose a
mi lado—Estás muy callado, pensaba que alguien como tú estaría haciendo algo
más que estar sentado aquí —Dijo, encogiéndose de hombros.
Entrecerré los ojos mientras me
despatarraba aún más en el sofá, logrando que mi rodilla tocara la suya—Sí,
podría, pero hay muchas fans, allá afuera, que quieren ser mis groupies y no quiero
ese tipo de complicaciones —Dije mirándola fijamente, tratando de sonar seguro.
Ella volvió a enarcar una de sus cejas y sonrió—. Lo digo, en serio.
—Nunca dije que no —Se defendió rápidamente.
Sus mejillas se tornaron de un rosa vivo contra su blanca piel—. Es solo que
creía tenerte…
— ¿Calculado?
—Sí —Dijo bajando la cabeza, lo
que provocó que sus cabellos crearan una cortina para que no pudiera verla—.
Tienes la apariencia y ciertas actitudes de Don Juan.
Me carcajeé fuertemente hasta
retorcerme de dolor, provocando que ella riera conmigo—Bueno, lo soy, pero no
quiero involucrarme con nadie —Dije, recuperando la compostura—. Solo quiero
algo de una noche o ni siquiera eso. Un par de horas, nada más.
Un silencio ensordecedor se instaló
entre nosotros y, si prestaba mucha atención, podía escuchar a la gente tras el
telón hablar o a los palos chocar contra la bola. De repente, la habitación me
pareció sofocante, incluso, aterradora. No sabía dónde mirar; los poster de
bandas del siglo pasado no me resultaban interesantes, pero mirarla a ella
podía ser mi peor error.
Así que, fijé mi vista en el
alocado peinado de Bob Dylan, repasando cuantas posibilidades tenía de lucirlo
algún día. Su estilo ni se acercaba por casualidad al mío. Otro polo.
Maldición.
Su móvil sonó, haciendo eco en la
habitación. La miré por el rabillo del ojo, expectante a que realizara un
movimiento y lo atendiera, pero nunca lo hizo. No. Ella permaneció oculta entre
sus cabellos mientras sus manos jugaban con uno de los flecos de sus jeans
rotos.
Quise decir algo, pero no pude.
Me decidí a estirar mi mano y alcanzar la suya, sintiéndome inseguro y vulgar,
pero muy necesitado de su contacto. Era como si quería probar un estúpido punto,
que estaba seguro, me arrepentiría.
No obstante, cuando las yemas de
mis dedos alcanzaron a tocar su cremosa y suave piel, nada me pareció más
correcto en toda mi vida. Nuestros ojos se encontraron y permanecieron del
mismo modo, por lo que me parecieron siglo, hasta que le regalé mi mejor
sonrisa y dije: —Me he divertido contigo, es una pena que tengas novio.
Ella hizo una mueca divertida al
sorprenderse, lo que me provocó soltar una pequeña risa—Lo siento, no salgo con
chicos como tú.
—Nadie habló de salir —Aclaré rápidamente,
sintiéndome un poco herido por el filo en su voz.
— ¿No?
Negué con la cabeza—No, sólo que
podrías ser el prototipo de mejor amiga que estoy necesitando desde hace algún
tiempo atrás.
—No creo que me estés viendo
realmente —Dijo, haciendo una mueca de disgusto—. No tengo amigos.
—Y ¿mi hermana? O ¿Niall?
Se encogió de hombros—Es
diferente, solo comparto una charla como lo estoy haciendo ahora, no puedo
darles nada más —Sus mejillas se ruborizaron al momento de mirarme, como si un
pensamiento nublaba su mente—. A ti, tampoco. No serás la excepción.
—Supongo que eso no lo sabremos
hasta que lo intentes —Dije, dándole un suave apretón a su mano antes de
dejarla ir.
—No quiero intentarlo y esto no
tiene nada que ver con Tom —Se puso de pie. De repente, la expresión de su
rostro no era la misma, había algo oculto sobre sus ojos—. Sé cómo terminaría.
Me encogí de hombros, poniéndome de
pie, también—Tú te lo pierdes.
Recogí mi guitarra y caminé hasta
el borde del telón. Al otro lado, no había nada fuera de lo normal, excepto que
no veía a Liam por ningún lado. Louis y Naill estaban sentados con Gemma, Jane
y Tom. Suspiré profundamente, sintiéndome repentinamente celoso.
No lo había notado ni siquiera
pensado, pero estaba seguro que él pudo estar ocupando el lugar de Zayn, Liam o
el mío durante todo este tiempo. Porque era él quien iba con ellos a la misma
universidad y estaba incluido en su mismo círculo que ellos, gracias a
Mackenzie.
Cerré los ojos, rogando que el
escozor en mis ojos desapareciera. Llorar que convertiría en un estúpido, porque
no tenía razones para hacerlo. Mis amigos eran libres; ellos podían juntarse
con quienes quisieran y hacer lo que quisieran.
El pensamiento me cayó como un balde
de agua fría. Quizás, ellos no querían cantar y ahí estaba yo, remándola para
que me ayudaran a no tener que lidiar con aterrador futuro que se acercaba a
pasos agigantados. Acababa de cumplir los diecinueve, apenas un par de meses
atrás, y ya me encontraba a mitad de un año. En un pestañar, todo acabaría.
La verdad era muy dura y la vida
una perra.
Me eché hacia atrás y devolví la
guitarra a su estuche. No tenía sentido obligarlos a algo que no querían. No
era tan egoísta, tal vez, necesitaba buscar solo mi destino y no arrastrando a
los demás a este tormento. Al fin y al cabo, siempre fui el único que no bajé
los brazos.
— ¿Qué se supone que estás
haciendo? —Preguntó Mackenzie, haciendo que me detuviera justo en el marco de
la puerta.
—Irme —Murmuré, mirándola por
encima del hombro.
Podría haberme reído al ver su
expresión, pero no lo hice. La verdad descubierta era demasiado amarga y me
había hecho perder cualquier minúscula gana de hacer algo que indicara
felicidad, porque no casualmente no lo estaba siendo. En cambio, solo pude
regalarle mi mejor cara de póker antes
de volver a emprender mi camino.
— ¡No puedes irte así! —Gritó, siguiéndome.
La ignoré, tal y como había hecho
con ciento de chicas en el pasado. Mackenzie podía causar sensaciones raras en
mi sistema, pero no hacer que cambie mi pensar. Tal parecía, mi naturaleza no
quería ser dominada, ni siquiera por una chica que me hacía pensar que era
especial. No.
Al llegar afuera, apenas pude
avanzar más de dos pasos antes de que su mano tirara de mi brazo— ¡No te lo
permitiré! ¡No dejaré que eche los sueños de Louis por la borda!
Me enfrenté a ella, acorralándola
contra la pared, mientras trataba de calmar mi respiración. Tenía la mente
nublada por los celos de todo aquello que estaba perdiendo y, mucho menos, aún
no había tenido. Estaba perdiendo a mis cinco mejores amigos; ya sea a causa de
otros o la falta de interés común, los estaba perdiendo. Estaba perdiéndome a una
Mackenzie que no conocí y no que me quería conocer.
Sin embargo, eso no era lo que
más me jodía, sino el hecho de sentirme de esta manera. Tan perdido. Tan
envidioso. Tan chiquilín.
Sus ojos me observaban expectante
a que me moviera, no obstante, estaba petrificado por nuestra repentina
cercanía, preguntándome qué rayos estaba haciendo. No podía pagar los platos
rotos con ella, tratándola así o incluso intentando besarla—era lo que más me
apetecía—, pera olvidar todo lo demás.
Apoyé mi frente sobre la suya y
cerré los ojos momentáneamente, rogando que la brisa fresca de la noche aplacara
la rabia que me corroía. El perfume de Mackenzie llenó mis fosas nasales, obligándome
a que inspirara profundamente en busca de más, y me envió a volar por un campo
de jazmines y un bosque de frutos rojos. El paraíso.
Me mordí el labio inferior,
sintiendo el batallar de mi interior. No podía hacerle esto, pero era lo que más
quería.
—No lo hagas —Suplicó en un hilo
de voz, provocando que me detuviera al instante.
Abrí los ojos y me encontré
directamente con los suyos y un mensaje muy confuso. Un escalofrío me recorrió de
pies a cabeza. El silencio hizo que aclarara un poco mis pensamientos y me trajo
de vuelta a la realidad, pero no logró que me amilanara.
— ¿Hacer qué?
—Esto, ahora —Tomó un soplo de
aire antes de seguir— Ellos confían en ti. Louis, lo hace y no está bien que lo
decepciones abandonándolos.
Mi pecho se sacudió contra el suyo
cuando reí amargamente— ¿Sí? —Ella asintió—Entonces, dime ¿por qué siento que
esto no es lo que desean? Dime ¿por qué siento que se lo están tomando como una
obligación? —Respiré profundamente—Dime ¿por qué lo siento así?
Negó con la cabeza mientras
mordía su labio inferior. Sus orbes chocolates me miraron angustiados y sus
manos se apretaron firmemente a mis costados a modo de consuelo. Pronto, su
cuerpo se unía al mío como si fuéramos uno solo. Me estaba abrazando.
—Te juro que no lo sé, Mac —Dije,
tomando su rostro entre mis manos. Necesitaba ver su rostro—, pero no siento
que volver a allí es correcto. No, para
ellos.
—Supongo que eso no lo sabremos
hasta que lo intentes —Dijo, usando mis palabras—, hasta que lo compruebes con
tus propios ojos.
—No quiero joder mi amistad con
ellos…
—Y no lo harás —Me regaló un pequeña
sonrisa antes de separarse de mí—. Si eso sucede, creo que podrías contar
conmigo.
[1]
Leona Lewis; cantante británica de Pop y R&B y ganadora de la tercera
edición del reality show The X Factor de Reino Unido.



