viernes, 21 de marzo de 2014

Loca forma de ser


—Dime que no has estado toda la tarde con estos primates —Dijo Gemma, haciendo una mueca de disgusto mientras se cruzaba de brazos.
—Gemma…
—La verdad es que sí —Mackenzie se paró e imitó su ceño—, pero fue más divertido que estar con ustedes. Ellos están intentando tener una banda.
Quise reír, porque esto no sucedía a menudo, al ver la cara de mi  hermana transformarse y seguidamente la de Jane. Su quijada baja por la sorpresa y la indignación, haciendo esfuerzo por no convertirse en algo más. Lo intenté, pero en cuanto Niall se carcajeó, lo hice también.
Mackenzie había pasado toda la tarde con nosotros y, aunque nosotros no cruzamos palabras, supe que ella no la estaba pasando nada mal. Tenía mucho potencial para componer y, ya que estudiaba periodismo y le encantaba escribir, los chicos prácticamente cayeron a sus pies por eso. Nos dio tips y consejos de cómo podíamos escribir una canción fácilmente con lo que vivíamos día a día.
La inspiración podía provenir de una situación, un momento, una persona, un gusto, un pasatiempo. Infinidades de cosas, pero era algo que nosotros no habíamos experimentado antes. One Direction siempre había cantado covers, porque nunca vio la necesidad de expresar algo suyo. Así que, esta era una situación extraña, porque cuando pensaba en algo para una posible letra, lo hacía en ella.
Sí. Era cerrar los ojos por un segundo y dejar impregnada en mi memoria sus ojos chocolate, su corto cabello alborotado, su carcajada rota y herida. Era grabarme su loca forma de ser. Tan bipolar, a veces. Tan decidida, otras tantas. Sentía que podía escribir un libro entero de acuerdo a lo poco visto, también un poema y, por si fuera poco, una canción. La mejor canción de todas, porque Mackenzie Lane me inspiraba desgraciada y afortunadamente.
—No puedes ponernos en comparación con ellos, Mackenzie —Se quejó Jane mientras sus labios hacían un pequeño puchero.
La miré atentamente, concentrándome en los puntos que las convertían en hermanas con Mackenzie. Sin embargo, una vez más, no encontré casi nada. Jane era más alta,  también mucho más esbelta. Su piel estaba mucho más bronceada y el color de sus ojos, definitivamente, no era el mismo. Los de ella casi se asemejaban a los azul cielo de Louis.
Era extraño, pero me imaginé que Mackenzie se parecía a su padre o algún otro familiar. Entre tantos pensamientos atropellados, vi como Louis se acercaba a Jane y la abrazaba, susurrándole cosas al oído. Ella sonrió y lo miró escéptica, entonces, me pareció que algo de él se encendió. ¿Qué era? ¿Qué no se parecían a hermanos o mejores amigos? ¿Qué se asemejaban más a una pareja?
La confusión me golpeó y las palabras de Niall, en la cafetería de tía Kerry, hicieron eco en mi subconsciente. A Louis le gustaba Jane, pero ¿qué sucedía con ella? Sus ojos se encontraron con los míos, entonces, su sonrisa se borró. Sus mejillas tomaron algo de color y me recordaron a una noche hacía un par de años atrás.
Me recordó la fiesta de noche vieja cuando ella junto con Gemma, Louis, y Zayn había vuelto a casa para navidad. Como cada año, nuestras familias se juntaron y esa noche algo pasó. Había salido un momento a al porche, para llamar a papá, y Jane llegó detrás de mí. Me pareció hermosa con su vestido blanco y sus ondas castañas, cayendo sobre sus hombros y enmarcando su jovial rostro.
Los últimos cinco meses no la había visto y, por alguna razón muy extraña, me pareció que ella había cambiado. Quizás, había crecido o había cambiado su estilo, pero me refería a otra cosa. Ella me gustó y se lo dije. Un acto muy estúpido, teniendo en cuenta que era la mejor amiga de Gemma y casi como una hermana mayor, no obstante, lo había hecho. Y eso no pareció molestarle, sino todo lo contrario.
Nos habíamos quedado hablando por mucho tiempo; no llamé a papá y tampoco volví a dentro. No me alejé de la mejor amiga de Gemma. Solo me acerqué demasiado y decidí dejar todo de lado. La besé castamente al principio y ferozmente después, dejando que jugara con mis rizos mientras yo lo hacía con sus suaves labios.
Jane Lane, de verdad, me gustó. Hasta que recuperé la cordura y me di cuenta que no estaba haciendo lo correcto, porque ella era alguien cercano, era la mejor amiga de mi hermana y la hermanastra de mi mejor amigo. También, porque iba a la universidad y porque con ella un acto como besarse o cualquier otra cosa, significaría algo permanente.
Y era demasiado egoísta como para prometerle algo así. Era demasiado consiente de que me gustaban las chicas, mi estado de soltero y todo lo que ello implicaba. Así que, simplemente la alejé y le fui sincero. Pensé que me daría una bofetada o le contaría a Gemma, pero ella no lo hizo. Desde ese momento, comenzó a alejarse y a sonrojarse cada vez la miraba demasiado. Quizás, se acordaba de esa noche también.
Me paré y comencé a juntar la basura que habíamos hecho gracias a los víveres que había traído Niall—La próxima juntas tú la mierda —Dije, apuntándolo.
—Hermano, te recuerdo que también has comido.
Me mofé, deteniéndome para alcanzar una bolsa—Guau, ahora una simple papa puede llenar el estómago de un hombre —Hice una mueca mientras levantaba las manos—. Intenta vivir con una todos los días…
—Sabes que no puedo —Gruñó, levantándose para comenzar a ayudarme.
Mi hermana lo miró escéptica cuando cruzó a su lado y la ignoró, también lo hice. Por lo general, cuando él  hacía eso, tiraba de algún cabello o la molestaba dándole una nalgada. Entonces, ella le gritaba cuán imbécil era y por qué no le hacía eso a una de sus putas. Lograba irritarnos a los dos, pero siempre pensé que a Gemma en alguna parte todo ese tonto juego le gustaba.
Así que, ella casi vuelve a perder su quijada cuando él pasó por su lado de nuevo y no hizo nada. Llamé la atención de Zayn, quien estaba más cerca, palmeando su pecho con mi mano y él hizo lo mismo con Liam. De pronto, todo era un “corran por sus vidas”.
Entre tanto ajetreo empujé a Mackenzie, quien estaba concentrada en su celular y no había captado la señal, llevándola hasta fuera a una zona segura. Me miró por encima del hombro, haciéndome vislumbrar su disgusto.
—Oye, ¿qué diablos te pasa? —Preguntó, tratando de zafarse de mi agarre —Pero…
—Ya cállate —Murmuré—. Gemma enloquecerá en cualquier momento.
Ella rodó los ojos—No seas tan nenaza, ¿quieres?
—Y, ¿qué sucedió, Horan? —Escuché a mi hermana decir— ¿No has tenido tu ración de sífilis[1], hoy?
Mackenzie se tensó notablemente. Sus ojos consternados buscaron a Jane en busca de una respuesta y un asentimiento bastó para escucharla decir: —Mierda.
Sonreí, dándole un empujón, para así alejarla de la zona de guerra. Cuando Niall y Gemma comenzaban a discutir era mejor alejarse, todo era por mi culpa. Sí, primero por llenarle de cuentos la cabeza a Niall. Luego, por no decir simplemente la verdad, que todo era un invento mío. No obstante, después el sentimiento me abandonaba y recapitulaba, solo ellos habían llevado esa tonta discusión del pasado muy lejos.
No sabía si era mi imaginación, pero ellos dos tenían un problema que no se animaban a resolver. Esta guerra constante no era algo en lo que estaba involucrado, era solo de ellos. Y me daba la sensación que solo era para esconder un secreto. Un secreto que tarde o temprano se descubriría.
— ¡No he follado en las últimas tres semanas por tú culpa! —Gritó Niall, provocando que cerrara los ojos— ¡Espero que estés contenta!
—Pues fíjate que sí, porque en cambio yo…
Las palabras de Gemma se desvanecieron, Mackenzie dejó de caminar y todo el mundo estaba expectante a que se escuchara algo frágil quebrarse. No pasó nada. Los minutos se escabulleron como el agua y el astro Rey se posicionaba para descender. Fuera lo que fuera, no me estaba gustando nada tanto silencio.
— ¿No vas a hacer nada? —Murmuró Mackenzie, mirándome de soslayo—Hay que tener cuidado de que no hayan llegado a descuartizarse, ya sabes como son.
Me encogí de hombros—Sí…
Niall me apartó de su camino, luciendo enfadado y al límite. Como si Gemma realmente se hubiera pasado de la raya. Entonces, cuando volteó a verme, noté una de sus mejillas más colorada que la otra. Ella le había pegado y él parecía a punto de explotar.
—Si quieres que esto funciones —Señaló todo a su alrededor—, llámame cuando no tenga que ver a esa loca —Sus ojos relampaguearon cuando Gemma se situó a mi lado.
—Pero ¿qué diablos? —Dijo Mackenzie, comenzando a seguirlo junto a Louis— ¡Niall, espera!
Los vi alejarse, pisando los tulipanes favoritos de mamá. Pensé que ella se enfadaría, pero no más si le contaba lo que Gemma había hecho.
—Creo que será mejor que me marche, Harry —Dijo Zayn, sacándome de mis pensamientos—. Tengo que trabajar en un par de horas.
— ¿Vas a trabajar?
—Sí, aunque haga esto, necesito conseguir dinero para otras cosas —Miró lejos de mí.
Liam palmeó mi hombro—Él tiene razón, Hazza —Se encogió de hombros—. Aún si hace esto, necesita estar preparado. Algunos embarazos son difíciles.
—Y no puedo hacerles cargar con esto a mis padres, tengo que ser responsable.
Sonreí, sintiéndome orgulloso de mi amigo, y asentí—Claro, ¿tú también te vas? —Le pregunté a Liam.
—Sí, tengo cosas que hacer.
Se despidieron y se marcharon en la furgoneta de la madre de Zayn, dejándome solo con Gemma y Jane. No habíamos conseguido hacer casi nada, pero tenía la esperanza de que pronto lo hiciéramos. Después de todo, el varano acababa de comenzar. Nos quedaban más de dos meses para poder lograrlo, cumplir nuestros sueños.

Un Impala[2] negro se estacionó frente a la casa de los Horan. Sentado en las escaleras del poche mientras comía un poco de helado de chocolate, observé con extremada atención a Mackenzie correr hacia él.
Su salvaje cabello no me dejó ver muy bien su rostro, pero sí su sonrisa. Me pregunté quién sería que la buscaba, sin embargo, mis dudas se aclararon en el instante que vi su pequeño cuerpo aferrarse al del piloto y su rostro moviéndose acompasadamente con él. Se estaban besando.
Quise apartar la vista, ya que me sentía como un niño que sería pillado mirando cosas indecentes en cualquier momento, pero no pude. La irritación no me dejó. La verdad, era que no creía que Mackenzie pudiera tener un novio o que fuera, pero lo hacía.
Y sí, la chica era jodidamente hermosa. Lo supe en el momento que consideré agregarla a mi historial, sino hubiera sido un casanova, pero me era difícil. Saber que tenía un maldito novio era difícil y no sabía siquiera por qué.
La puerta de la casa se abrió, provocando que mirara a otro hacia otro lado, y Gemma se dejó caer junto a mí con el pote completo de helado. No había sabido más nada de ella luego de que Louis pasara a buscar a Jane, ya que se había encerrado en su habitación y no había salido de allí. Ni siquiera para comer un poco de la pizza que había ordenado.
Mirándola de soslayo, noté sus ojos hinchados. Quise preguntarle si había estado llorando, pero no lo hice, porque no me sentía autosuficiente como para consolar a mi hermanita. No había descansado bien, mi amistad con mis amigos iba a pique y de pronto todo me parecía negro; el día me había sobrepasado.
Y mamá apenas se había marchado. No quería pensar en los siguientes y en ninguno de los siguientes a ellos. Quería correr hasta mi habitación, tirarme a mi cama y dormir. Porque siempre pensé que esa era la forma más sencilla de resolver mis problemas, durmiendo.
—Eso sí que es comer delante de los pobres —Dijo Gemma, atragantándose con una cucharada de helado.
— ¿Qué cosa?
Ella se carcajeó brevemente—Ya sabes, Mackenzie y Tom.
Miré de nuevo hacia el impala, que aún no había arrancado, y vi a Mackenzie casi arriba del muchacho. La sangre se me fue a la cabeza, haciéndome desear caminar hasta allí y arruinar su pequeña fiesta. Sin embargo, comí otra cucharada y dije: —Mmm… ¿su novio?
—Sí, él es el chico perfecto —Dijo, haciendo una mueca—. Mackenzie sí que tuvo un regalo de navidad con él.
—Oye, mi abrazo y mi pase free de la Ranger por toda la semana, también lo fue —Me quejé, robándole un poco de su helado, ya que el mío se había acabado—. Además, estoy seguro de que ella no está con el chico perfecto en ese auto.
—Ah, ¿sí?
Rodé los ojos, tirando de mis rizos hacia atrás—Nop, porque el chico perfecto está aquí —Dije, señalándome.
Gemma se rio fuertemente, provocando que me riera con ella, mientras se apoyaba en mi hombro—Claro, no sé cómo pude olvidarlo.
—Lo digo en serio.
—Oh, sí, sé que lo haces —Concordó, estampando un poco de helado en mi mejilla, para luego comenzar a correr.
Miré brevemente el auto, por última vez, antes de comenzar a seguirla. De pronto, la idea de jugar un rato con mi loca hermana me apetecía más que estar sentado solo y aburrido en el porche de la casa, viendo a dos tortolos comerse mutuamente mientras ideaba un plan para separarlos.
Yo no era así y no iba a comenzar a serlo. Nunca.



[1] Sífilis; infección de transmisión sexual crónica producida por la bacteria espiroqueta Treponema pallidum.
[2] El Chevrolet Impala; automóvil producido por el fabricante estadounidense Chevrolet desde 1956 para el mercado norteamericano.

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