—Dime que no has estado toda la tarde
con estos primates —Dijo Gemma, haciendo una mueca de disgusto mientras se
cruzaba de brazos.
—Gemma…
—La verdad es que
sí —Mackenzie se paró e imitó su ceño—, pero fue más divertido que estar con
ustedes. Ellos están intentando tener una banda.
Quise reír, porque
esto no sucedía a menudo, al ver la cara de mi
hermana transformarse y seguidamente la de Jane. Su quijada baja por la
sorpresa y la indignación, haciendo esfuerzo por no convertirse en algo más. Lo
intenté, pero en cuanto Niall se carcajeó, lo hice también.
Mackenzie había
pasado toda la tarde con nosotros y, aunque nosotros no cruzamos palabras, supe
que ella no la estaba pasando nada mal. Tenía mucho potencial para componer y,
ya que estudiaba periodismo y le encantaba escribir, los chicos prácticamente cayeron
a sus pies por eso. Nos dio tips y consejos de cómo podíamos escribir una
canción fácilmente con lo que vivíamos día a día.
La inspiración
podía provenir de una situación, un momento, una persona, un gusto, un
pasatiempo. Infinidades de cosas, pero era algo que nosotros no habíamos
experimentado antes. One Direction siempre había cantado covers, porque nunca
vio la necesidad de expresar algo suyo. Así que, esta era una situación
extraña, porque cuando pensaba en algo para una posible letra, lo hacía en ella.
Sí. Era cerrar
los ojos por un segundo y dejar impregnada en mi memoria sus ojos chocolate, su
corto cabello alborotado, su carcajada rota y herida. Era grabarme su loca
forma de ser. Tan bipolar, a veces. Tan decidida, otras tantas. Sentía que
podía escribir un libro entero de acuerdo a lo poco visto, también un poema y,
por si fuera poco, una canción. La mejor canción de todas, porque Mackenzie
Lane me inspiraba desgraciada y afortunadamente.
—No puedes
ponernos en comparación con ellos, Mackenzie —Se quejó Jane mientras sus labios
hacían un pequeño puchero.
La miré
atentamente, concentrándome en los puntos que las convertían en hermanas con
Mackenzie. Sin embargo, una vez más, no encontré casi nada. Jane era más alta, también mucho más esbelta. Su piel estaba
mucho más bronceada y el color de sus ojos, definitivamente, no era el mismo. Los
de ella casi se asemejaban a los azul cielo de Louis.
Era extraño,
pero me imaginé que Mackenzie se parecía a su padre o algún otro familiar.
Entre tantos pensamientos atropellados, vi como Louis se acercaba a Jane y la
abrazaba, susurrándole cosas al oído. Ella sonrió y lo miró escéptica,
entonces, me pareció que algo de él se encendió. ¿Qué era? ¿Qué no se parecían a
hermanos o mejores amigos? ¿Qué se asemejaban más a una pareja?
La confusión me
golpeó y las palabras de Niall, en la cafetería de tía Kerry, hicieron eco en
mi subconsciente. A Louis le gustaba Jane, pero ¿qué sucedía con ella? Sus ojos
se encontraron con los míos, entonces, su sonrisa se borró. Sus mejillas
tomaron algo de color y me recordaron a una noche hacía un par de años atrás.
Me recordó la
fiesta de noche vieja cuando ella junto con Gemma, Louis, y Zayn había vuelto a
casa para navidad. Como cada año, nuestras familias se juntaron y esa noche
algo pasó. Había salido un momento a al porche, para llamar a papá, y Jane
llegó detrás de mí. Me pareció hermosa con su vestido blanco y sus ondas castañas,
cayendo sobre sus hombros y enmarcando su jovial rostro.
Los últimos
cinco meses no la había visto y, por alguna razón muy extraña, me pareció que
ella había cambiado. Quizás, había crecido o había cambiado su estilo, pero me
refería a otra cosa. Ella me gustó y se lo dije. Un acto muy estúpido, teniendo
en cuenta que era la mejor amiga de Gemma y casi como una hermana mayor, no obstante,
lo había hecho. Y eso no pareció molestarle, sino todo lo contrario.
Nos habíamos
quedado hablando por mucho tiempo; no llamé a papá y tampoco volví a dentro. No
me alejé de la mejor amiga de Gemma. Solo me acerqué demasiado y decidí dejar
todo de lado. La besé castamente al principio y ferozmente después, dejando que
jugara con mis rizos mientras yo lo hacía con sus suaves labios.
Jane Lane, de
verdad, me gustó. Hasta que recuperé la cordura y me di cuenta que no estaba
haciendo lo correcto, porque ella era alguien cercano, era la mejor amiga de mi
hermana y la hermanastra de mi mejor amigo. También, porque iba a la
universidad y porque con ella un acto como besarse o cualquier otra cosa,
significaría algo permanente.
Y era demasiado
egoísta como para prometerle algo así. Era demasiado consiente de que me
gustaban las chicas, mi estado de soltero y todo lo que ello implicaba. Así
que, simplemente la alejé y le fui sincero. Pensé que me daría una bofetada o
le contaría a Gemma, pero ella no lo hizo. Desde ese momento, comenzó a
alejarse y a sonrojarse cada vez la miraba demasiado. Quizás, se acordaba de
esa noche también.
Me paré y
comencé a juntar la basura que habíamos hecho gracias a los víveres que había traído
Niall—La próxima juntas tú la mierda —Dije, apuntándolo.
—Hermano, te
recuerdo que también has comido.
Me mofé, deteniéndome
para alcanzar una bolsa—Guau, ahora una simple papa puede llenar el estómago de
un hombre —Hice una mueca mientras levantaba las manos—. Intenta vivir con una
todos los días…
—Sabes que no
puedo —Gruñó, levantándose para comenzar a ayudarme.
Mi hermana lo
miró escéptica cuando cruzó a su lado y la ignoró, también lo hice. Por lo
general, cuando él hacía eso, tiraba de
algún cabello o la molestaba dándole una nalgada. Entonces, ella le gritaba cuán
imbécil era y por qué no le hacía eso a una de sus putas. Lograba irritarnos a
los dos, pero siempre pensé que a Gemma en alguna parte todo ese tonto juego le
gustaba.
Así que, ella
casi vuelve a perder su quijada cuando él pasó por su lado de nuevo y no hizo
nada. Llamé la atención de Zayn, quien estaba más cerca, palmeando su pecho con
mi mano y él hizo lo mismo con Liam. De pronto, todo era un “corran por sus
vidas”.
Entre tanto
ajetreo empujé a Mackenzie, quien estaba concentrada en su celular y no había
captado la señal, llevándola hasta fuera a una zona segura. Me miró por encima
del hombro, haciéndome vislumbrar su disgusto.
—Oye, ¿qué
diablos te pasa? —Preguntó, tratando de zafarse de mi agarre —Pero…
—Ya cállate —Murmuré—.
Gemma enloquecerá en cualquier momento.
Ella rodó los
ojos—No seas tan nenaza, ¿quieres?
—Y, ¿qué
sucedió, Horan? —Escuché a mi hermana decir— ¿No has tenido tu ración de sífilis[1], hoy?
Mackenzie se
tensó notablemente. Sus ojos consternados buscaron a Jane en busca de una
respuesta y un asentimiento bastó para escucharla decir: —Mierda.
Sonreí, dándole
un empujón, para así alejarla de la zona de guerra. Cuando Niall y Gemma
comenzaban a discutir era mejor alejarse, todo era por mi culpa. Sí, primero por
llenarle de cuentos la cabeza a Niall. Luego, por no decir simplemente la
verdad, que todo era un invento mío. No obstante, después el sentimiento me
abandonaba y recapitulaba, solo ellos habían llevado esa tonta discusión del pasado
muy lejos.
No sabía si era
mi imaginación, pero ellos dos tenían un problema que no se animaban a
resolver. Esta guerra constante no era algo en lo que estaba involucrado, era
solo de ellos. Y me daba la sensación que solo era para esconder un secreto. Un
secreto que tarde o temprano se descubriría.
— ¡No he
follado en las últimas tres semanas por tú culpa! —Gritó Niall, provocando que
cerrara los ojos— ¡Espero que estés contenta!
—Pues fíjate que
sí, porque en cambio yo…
Las palabras de
Gemma se desvanecieron, Mackenzie dejó de caminar y todo el mundo estaba expectante
a que se escuchara algo frágil quebrarse. No pasó nada. Los minutos se escabulleron
como el agua y el astro Rey se posicionaba para descender. Fuera lo que fuera,
no me estaba gustando nada tanto silencio.
— ¿No vas a
hacer nada? —Murmuró Mackenzie, mirándome de soslayo—Hay que tener cuidado de
que no hayan llegado a descuartizarse, ya sabes como son.
Me encogí de
hombros—Sí…
Niall me apartó
de su camino, luciendo enfadado y al límite. Como si Gemma realmente se hubiera
pasado de la raya. Entonces, cuando volteó a verme, noté una de sus mejillas
más colorada que la otra. Ella le había pegado y él parecía a punto de
explotar.
—Si quieres que
esto funciones —Señaló todo a su alrededor—, llámame cuando no tenga que ver a
esa loca —Sus ojos relampaguearon cuando Gemma se situó a mi lado.
—Pero ¿qué
diablos? —Dijo Mackenzie, comenzando a seguirlo junto a Louis— ¡Niall, espera!
Los vi
alejarse, pisando los tulipanes favoritos de mamá. Pensé que ella se enfadaría,
pero no más si le contaba lo que Gemma había hecho.
—Creo que será
mejor que me marche, Harry —Dijo Zayn, sacándome de mis pensamientos—. Tengo
que trabajar en un par de horas.
— ¿Vas a
trabajar?
—Sí, aunque
haga esto, necesito conseguir dinero para otras cosas —Miró lejos de mí.
Liam palmeó mi
hombro—Él tiene razón, Hazza —Se encogió de hombros—. Aún si hace esto,
necesita estar preparado. Algunos embarazos son difíciles.
—Y no puedo
hacerles cargar con esto a mis padres, tengo que ser responsable.
Sonreí, sintiéndome
orgulloso de mi amigo, y asentí—Claro, ¿tú también te vas? —Le pregunté a Liam.
—Sí, tengo
cosas que hacer.
Se despidieron
y se marcharon en la furgoneta de la madre de Zayn, dejándome solo con Gemma y
Jane. No habíamos conseguido hacer casi nada, pero tenía la esperanza de que
pronto lo hiciéramos. Después de todo, el varano acababa de comenzar. Nos quedaban
más de dos meses para poder lograrlo, cumplir nuestros sueños.
Un Impala[2] negro se
estacionó frente a la casa de los Horan. Sentado en las escaleras del poche
mientras comía un poco de helado de chocolate, observé con extremada atención a
Mackenzie correr hacia él.
Su salvaje
cabello no me dejó ver muy bien su rostro, pero sí su sonrisa. Me pregunté
quién sería que la buscaba, sin embargo, mis dudas se aclararon en el instante
que vi su pequeño cuerpo aferrarse al del piloto y su rostro moviéndose acompasadamente
con él. Se estaban besando.
Quise apartar
la vista, ya que me sentía como un niño que sería pillado mirando cosas indecentes
en cualquier momento, pero no pude. La irritación no me dejó. La verdad, era
que no creía que Mackenzie pudiera tener un novio o que fuera, pero lo hacía.
Y sí, la chica
era jodidamente hermosa. Lo supe en el momento que consideré agregarla a mi
historial, sino hubiera sido un casanova, pero me era difícil. Saber que tenía
un maldito novio era difícil y no sabía siquiera por qué.
La puerta de la
casa se abrió, provocando que mirara a otro hacia otro lado, y Gemma se dejó
caer junto a mí con el pote completo de helado. No había sabido más nada de
ella luego de que Louis pasara a buscar a Jane, ya que se había encerrado en su
habitación y no había salido de allí. Ni siquiera para comer un poco de la
pizza que había ordenado.
Mirándola de
soslayo, noté sus ojos hinchados. Quise preguntarle si había estado llorando,
pero no lo hice, porque no me sentía autosuficiente como para consolar a mi
hermanita. No había descansado bien, mi amistad con mis amigos iba a pique y de
pronto todo me parecía negro; el día me había sobrepasado.
Y mamá apenas
se había marchado. No quería pensar en los siguientes y en ninguno de los
siguientes a ellos. Quería correr hasta mi habitación, tirarme a mi cama y
dormir. Porque siempre pensé que esa era la forma más sencilla de resolver mis
problemas, durmiendo.
—Eso sí que es
comer delante de los pobres —Dijo Gemma, atragantándose con una cucharada de
helado.
— ¿Qué cosa?
Ella se
carcajeó brevemente—Ya sabes, Mackenzie y Tom.
Miré de nuevo
hacia el impala, que aún no había arrancado, y vi a Mackenzie casi arriba del
muchacho. La sangre se me fue a la cabeza, haciéndome desear caminar hasta allí
y arruinar su pequeña fiesta. Sin embargo, comí otra cucharada y dije: —Mmm… ¿su
novio?
—Sí, él es el
chico perfecto —Dijo, haciendo una mueca—. Mackenzie sí que tuvo un regalo de
navidad con él.
—Oye, mi abrazo
y mi pase free de la Ranger por toda la semana, también lo fue —Me quejé, robándole
un poco de su helado, ya que el mío se había acabado—. Además, estoy seguro de
que ella no está con el chico perfecto en ese auto.
—Ah, ¿sí?
Rodé los ojos,
tirando de mis rizos hacia atrás—Nop, porque el chico perfecto está aquí —Dije,
señalándome.
Gemma se rio
fuertemente, provocando que me riera con ella, mientras se apoyaba en mi hombro—Claro,
no sé cómo pude olvidarlo.
—Lo digo en
serio.
—Oh, sí, sé que
lo haces —Concordó, estampando un poco de helado en mi mejilla, para luego
comenzar a correr.
Miré brevemente
el auto, por última vez, antes de comenzar a seguirla. De pronto, la idea de
jugar un rato con mi loca hermana me apetecía más que estar sentado solo y
aburrido en el porche de la casa, viendo a dos tortolos comerse mutuamente
mientras ideaba un plan para separarlos.
Yo no era así y
no iba a comenzar a serlo. Nunca.

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