sábado, 29 de marzo de 2014

Inalcanzable


—Pase, señorita Harper.
El señor Robinson, mi profesor de inglés, me sonrió por última vez antes de volver a prestar atención en lo que estaba escribiendo en la pizarra. Asentí a sus palabras y me adentré al salón, mirando nada en especial.
Mi costilla no me había dejado correr por el campus; después de esforzarme por esquivar todo tipo de charla con Dana sobre ella, Niall y su noche; por lo que había llegado tarde diez minutos a mi clase. La cual compartía con Dave y con él, Niall.
Escaneé la habitación, tratando de ubicarlos, mientras comenzaba a subir las escaleras. No había rastros de Dave, pero sí de Niall. Mi mirada se encontró con la suya, casi a mitad de mi camino, y mis mejillas irremediablemente se sonrojaron. Sonrió  y luego volvió a mirar al frente.
¿Por qué tenía que ser tan lindo?, pensé ubicándome casi al final.
Por lo general me ubicaba en los asientos de adelantes, porque Dave me guardaba lugar y porque era con la única persona que no me sentía sofocada. Como si era el único que no invadía mi espacio personal. Sin embargo, nuestros típicos asientos y los del alrededor estaban ocupados. No estaba dispuesta a hacer un berrinche sin la contención de mi mejor amigo y la vista desde donde me encontraba no era nada mala.
Intenté tomar una respiración profunda luego de estar escribiendo sin parar, tratando de ponerme al día, pero mi costilla me lo impidió. Nuevamente.  Dejé escapar un gruñido por lo bajo, llamando la atención de quienes estaban más adelante. Quise gritar “¿nunca han tenido una costilla fisurada, tíos?”, pero no lo hice. Seguí escribiendo, aunque no sabía exactamente qué. Sólo quería ignorar cuan desprotegida me sentía sin Dave a mi lado.
La clase transcurrió normalmente, por media hora más, hasta que la puerta se volvió a abrir. Un chico alto y con cuerpo bien formado se adentró, saludando al señor Robinson. Su cabello castaño iba casi tan desordenado como el de David y su rostro llevaba una barba de dos o tres días, pero aunque simple vista se veía descuidado, me pareció perfecto.
Entonces, comenzó a subir las escaleras, haciendo un vaivén exquisito de sus caderas atrapadas en uno pantalones algo grandes allí y ajustados al final. Podía notar cada uno de sus músculos a través de la fina camiseta que llevaba. Suspiré profundamente, olvidando mi costilla. Él realmente era sexy.
Cuando parecía haber tenido suficiente, su mirada atrapó la mía y me condujo al recuerdo de la noche anterior. Mi bolígrafo se escapó de mis dedos, cayendo directamente al piso y rodando hasta encontrarse con la punta de sus borcegos. Lo levantó, mirándolo por lo que me parecieron siglos, y luego me lo ofreció.
—Creo que esto es tuyo —Dijo, elevando una de las comisuras de su boca.
Lo miré, sin poder creérmelo, con un nudo apretando la boca de mi estómago. Era él, mi salvador, lo sabía. Sus ojos chocolate no le permitían negarme la verdad, entonces, entendí de donde lo conocía. Él era Liam Payne, el sexy bombero de Princeton, que Dave y Dana mencionaban en varias ocasiones a principios de año. Fuera porque salvaba vidas o porque todo el mundo parecía querer girar en torno a él. Sí, las chicas lo amaban.
Excepto yo.
Aunque, había escuchado las mil maravillas sobre él, no había tenido oportunidad de conocerlo en persona. Quizás, debido a mi concentración en los estudios o mi concentración en el noviazgo que mantenía mi mejor amiga con el chico que me gustaba. Pero, definitivamente, ninguna de sus palabras y rumores habían sido en vano.
Carraspeó, llamando mi atención, mientras una de sus cejas se elevaba. Mi bolígrafo aún seguía en su mano, esperando que fuera por él. Sentí la sangre acoplarse en mis mejilla, lo estaba mirando fijamente perdida en mis pensamientos y quién sabe que creyó.
Tomé el bolígrafo. Mi palma rozó algunos de sus callosos dedos, una corriente eléctrica me hizo retirar la mano asustada. Solo una vez había tenido la misma sensación y fue cuando de niña, sin querer, metí un dedo en el tomacorriente.  Así que, fue tan extraño, excitante y terrorífico a la vez. En aquel  entonces lloré acurrucada junto a mamá, pensando que hubiera podido morir, ahora solo quería volver a experimentarlo.
—Gracias —Dije cuando encontré mi voz.
Él asintió, regalándome una sonrisa completa que me hizo temblar. Guau, no podía creer que fuera bombero, si tan solo con verlo hacía que el fuego solo se avivara.

Caminaba detrás de Niall, mirando de vez en cuando su cuello, mientras procuraba que nadie caminara lo suficientemente cerca de mí como para darme un codazo o empujón. Sin embargo, no tuve tanta suerte.
Doblando la esquina hacia la cafetería, mi cuerpo colisionó contra el de Liam y mis libros cayeron al piso, pero no me importó. El agarre de sus manos, al borde de mi cintura, hizo que me contorsionara de dolor y que dejara escapar un pequeño sollozo. Era como si me estaban dando cientos de puñaladas con un cuchillo sin filo, ya que las punzadas en la zona no se detenían.
Sus manos se movieron desde la zona a mis mejillas, para secar mis lágrimas. Ni siquiera me había dado cuenta que estaba llorando o que, incluso, Niall se había acercado a nosotros. Y, sintiendo su tacto caliente y suave, olvidé el mundo en torno a nosotros.
Levanté la mirada, encontrándome con la suya, y noté la preocupación marcada en sus rasgos. Mi estómago se apretó, porque nunca antes ningún chico—sin contar a David—me había mirado así. Como si la única chica que le importaba era yo.
—Alexis, ¿estás bien?
La pregunta de Niall rompió el hechizo. La magia danzando a nuestro alrededor despareció y eso me molestó, pero no supe por qué. El chico de mis sueños me estaba hablando y Dana no estaba en escena. Seguramente el humo del incendio había afectado mi cerebro lo suficiente como para hacerme querer ver los ojos de otro y no los del amor de mi vida.
Me obligué a volver a la realidad y dejé de mirar a Liam, para mirar a Niall—Emm… Sí, yo solo sentí mis costillas… —Callé sin saber cómo proseguir.
Las manos de Liam abandonaron mi rostro, dejándome una sensación de vacío, y mi estómago volvió a apretarse. Quise decirle que las regresara donde estaban y que también tocara otras partes de mí, pero no lo hice. Pase una de mis manos, sacando cualquier rastro de lágrimas derramadas. No me preocupaba por el maquillaje, porque no usaba a menos que fuera para algo importante.
Comencé a juntar mis libros a toda prisa, después de todo tenía otra clase en media hora,  deseando salir de allí lo más pronto posible. De repente, no me sentía bien junto a ninguno de estos dos chicos. A uno lo quería, pero ¿al otro? Ni siquiera lo conocía y me molestaba que me abandonara, también me molestaba que alguien nos interrumpiera. Más aún, el hecho de sentirme tan confundida.
Me hubiera gustado seguir el consejo de David, aunque habría tenido que lidiar con Dana. Estando en mi cama, fingiendo dormir, no habría sido tan insoportable.
—No te hice daño, ¿cierto? —Preguntó Liam, tendiéndome uno de mis libros.
Lo miré atontada, sintiendo que ya había vivido esta situación una vez, y mis mejillas se sonrojaron—No, no —Dije cuando encontré mi voz. Me paré, haciendo una mueca en el proceso—. Creo que será mejor que vuelva mi cuarto.
—Te acompaño —Dijo Niall, haciéndome negar rápidamente con la cabeza.
Dana aún estaría por allí y si él iba, bueno, un simple dolor en mi costado se convertiría en algo casi similar al infierno. Sería mucho peor que casi ser aplastada, olvidad y quemada en un viejo galpón que decía ser un pub. Plasmé mi mejor sonrisa, que esperaba no se viera tan falsa como la sentía, y dije: —En serio, Niall, puedo llegar sola.
—Dana me mataría si algo te sucede y no hago nada para ayudarte —Dijo, haciendo un mohín.
En otra ocasión, me habría encantado su propuesta, pero con mi estado y la mención de Dana no fue así. Mis labios se fruncieron y mi cabeza siguió negando—No, estoy bien sola —Me encogí de hombros, tratando de lucir relajada—. No te preocupes de Dana, ella tiende a exagerar, pero en todo caso te voy a defender.
Él sonrió ampliamente, provocando que mis piernas flaquearan, ¿por qué lo hacía? Sus mejillas sonrojadas me hicieron morir de ternura, era como ver a un peluche esponjoso y tentativo a abrazar.
—Bueno, pero no dudes en pedir ayuda si lo necesitas —Dijo, mirando mi mano con mis dedos rotos—. Después de todo, es en parte culpa de Dana y mía que estés así —Se encogió de hombros.
Sí, es su maldita culpa.
—Claro que no, ustedes no me obligaron a ir —Dije, callando a la fiera de mi interior.
—Alexis…
—No te preocupes —Lo interrumpió Liam—. Yo la acompañaré y me asegurare de que esté bien.
La seriedad y la promesa en su voz me hicieron estremecer. Otra vez hacía acto de presencia esa familiaridad que sentí cuando miré sus ojos la noche anterior, lo cual me descolocó más de lo que estaba. Miré de soslayo su rostro y era idéntico al sonido de su voz. Realmente, parada a su lado y enfrente a Niall, sentí que podía brindarle mi confianza entera. Él siempre me protegería, era una promesa.
Sonreí ampliamente, esta vez de verdad, y dirigí mi vista a Niall— ¿Ves? Él me acompañara, no hay de qué preocuparse.
Niall no me miró. Sus ojos estaban conectados a los de Liam, era como si ellos estaban manteniendo una conversación o acaso estaban ¿midiéndose? Me pareció que habían pasado siglos cuando él finalmente me miró—Claro, te veo luego.
Su voz había perdido brillo, pero lo noté cuando él se estaba alejando de mí. De nosotros. Y me pregunté qué le había pasado para sonar así.

Mordí mi labio inferior. Podía sentir los pasos de Liam a mi lado y cuantas veces por minuto miraba en mi dirección. Escalofriante.
Nunca había caminado tan cerca de un chico heterosexual por el campus y que, además, estaba como quería. Así que, mis sentidos estaban alerta a todo los movimientos que realizaba.
Ninguno de los dos habíamos cruzado palabra después de que Niall se marchara. Pensé que iba a seguir su camino, pero cuando comencé a caminar, él lo hizo conmigo. En el trayecto más de una chica se había dado vuelta para mirarnos o, mejor dicho, para mirarme como si fuera la mismísima peste. Lo cual era estúpido, ya que ni siquiera estaba tomando su mano como para hacer que su imaginación volara.
Me pregunté, qué se sentiría ser su novia con toda la población femenina odiándote más que a Megan Fox.
Si hubiera sido su novia, seguro no habría importado nada. Sólo él y el pensamiento de que realmente me amaba, teniendo en cuenta que podría tener a cualquiera a sus pies. Mmm…Sí, con esos brazos, ese torso y esas manos tan varoniles; él haría olvidar cualquier mierda que la gente dijera o hiciera. Y, seguramente, con algunas de sus miradas o besos me haría olvidar al mundo entero, incluso, mi nombre. El pensamiento me hizo estremecer.
Mi boca se secó. Mis manos comenzaron a sudar. Mi estómago se retorció y luego hizo una de sus típicas explosiones, esas que hacía solo cuando veía a Niall. Entonces, me asusté.
No había sentido mis mariposas revolotear y el cielo bajar a la Tierra cuando Niall me habló, las sentí cuando Liam me miró. En la clase de inglés, en el pasillo y ahora que nos imaginaba juntos, mirándonos y besándonos desesperadamente.
¿Qué me sucedía?
— ¿Tienes frío? —Preguntó Liam cuando notó que me sacudí de espanto.
— No, en realidad, no —Dije, carraspeando, ya que soné muy chillona al principio.
Él me miró, enarcando una de sus cejas, por un instante antes de volver la vista frente. Me imaginé que se debía estar incomodando de la misma manera que yo, ya que no le hablaba y seguramente tenía una de esas muecas que ensayaba frente al espejo cuando, en la preparatoria, pensaba en ingresar al club de teatro. No obstante, solo era mi imaginación, porque después de dos minutos más de silencio y más silencio, posó su brazo sobre mis hombros.
Paré abruptamente de caminar, esperando que lo quitara, pero no lo hizo. Él se detuvo junto a mí, volteando a penas su cuerpo, para mirarme una vez más. Una sonrisa se formó en su rostro que me hizo mirar hacía otra dirección y a mi corazón martillar precipitadamente.
Parte del grupo de nerds, con los que solía juntarme los fines de semana a debatir, se volteó a mirarnos. También, los populares. Quise que la tierra se abriera y me tragara, sin embargo, no sucedió. Liam se carcajeó, mandándome al mismísimo infierno de lo sexy, cuando dirigió su mirada a la misma dirección que la mía.
Su aliento, haciendo cosquilla cerca de mi oído, provocó que aguantara la respiración—No te preocupes, el irlandés no está a la vista.
— ¿Qué? —Pregunté, aunque lo había escuchado perfectamente.
—Que Niall no está a la vista —Dijo, irguiéndose—. A demás, tienes frío y no traigo  un abrigo, no puedo hacer a un lado mis modales.
Comencé a caminar nuevamente, algo insegura, dejando que su brazo me abrigara—Sigo sin entender lo de Niall —Dije, sintiéndome más segura a hablar.
—Él no se enojara si hago esto —Me presionó, acercándome más a su cuerpo.
—No, dudo seriamente que él se enojé por algo como eso —Fruncí el ceño, ya que seguía sin entender—. No soy Dana.
— ¿Y?
—Él se enojaría si haces eso con ella, quien es su novia —Dije como si nada, era la primera vez que decirlo no dolía—. Yo solo soy su…
Me interrumpí sin saber que decir, porque realmente no era nada de Niall Horan. No creía que ni siquiera la palabra “conocidos” pudiera describirnos. Él siempre estuvo tan fuera de mis límites que ni siquiera podíamos tener un nombre.
—Nada —Susurré, aunque, estaba segura de que Liam lo escuchó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario