—Pase, señorita Harper.
El señor Robinson, mi profesor de
inglés, me sonrió por última vez antes de volver a prestar atención en lo que
estaba escribiendo en la pizarra. Asentí a sus palabras y me adentré al salón,
mirando nada en especial.
Mi costilla no me había dejado
correr por el campus; después de esforzarme por esquivar todo tipo de charla
con Dana sobre ella, Niall y su noche; por lo que había llegado tarde diez
minutos a mi clase. La cual compartía con Dave y con él, Niall.
Escaneé la habitación, tratando
de ubicarlos, mientras comenzaba a subir las escaleras. No había rastros de
Dave, pero sí de Niall. Mi mirada se encontró con la suya, casi a mitad de mi
camino, y mis mejillas irremediablemente se sonrojaron. Sonrió y luego volvió a mirar al frente.
¿Por qué tenía que ser tan
lindo?, pensé ubicándome casi al final.
Por lo general me ubicaba en los
asientos de adelantes, porque Dave me guardaba lugar y porque era con la única
persona que no me sentía sofocada. Como si era el único que no invadía mi espacio
personal. Sin embargo, nuestros típicos asientos y los del alrededor estaban
ocupados. No estaba dispuesta a hacer un berrinche sin la contención de mi
mejor amigo y la vista desde donde me encontraba no era nada mala.
Intenté tomar una respiración
profunda luego de estar escribiendo sin parar, tratando de ponerme al día, pero
mi costilla me lo impidió. Nuevamente.
Dejé escapar un gruñido por lo bajo, llamando la atención de quienes
estaban más adelante. Quise gritar “¿nunca han tenido una costilla fisurada,
tíos?”, pero no lo hice. Seguí escribiendo, aunque no sabía exactamente qué.
Sólo quería ignorar cuan desprotegida me sentía sin Dave a mi lado.
La clase transcurrió normalmente,
por media hora más, hasta que la puerta se volvió a abrir. Un chico alto y con
cuerpo bien formado se adentró, saludando al señor Robinson. Su cabello castaño
iba casi tan desordenado como el de David y su rostro llevaba una barba de dos
o tres días, pero aunque simple vista se veía descuidado, me pareció perfecto.
Entonces, comenzó a subir las
escaleras, haciendo un vaivén exquisito de sus caderas atrapadas en uno
pantalones algo grandes allí y ajustados al final. Podía notar cada uno de sus
músculos a través de la fina camiseta que llevaba. Suspiré profundamente,
olvidando mi costilla. Él realmente era sexy.
Cuando parecía haber tenido
suficiente, su mirada atrapó la mía y me condujo al recuerdo de la noche anterior.
Mi bolígrafo se escapó de mis dedos, cayendo directamente al piso y rodando
hasta encontrarse con la punta de sus borcegos. Lo levantó, mirándolo por lo
que me parecieron siglos, y luego me lo ofreció.
—Creo que esto es tuyo —Dijo,
elevando una de las comisuras de su boca.
Lo miré, sin poder creérmelo, con
un nudo apretando la boca de mi estómago. Era él, mi salvador, lo sabía. Sus
ojos chocolate no le permitían negarme la verdad, entonces, entendí de donde lo
conocía. Él era Liam Payne, el sexy bombero de Princeton, que Dave y Dana
mencionaban en varias ocasiones a principios de año. Fuera porque salvaba vidas
o porque todo el mundo parecía querer girar en torno a él. Sí, las chicas lo
amaban.
Excepto yo.
Aunque, había escuchado las mil
maravillas sobre él, no había tenido oportunidad de conocerlo en persona.
Quizás, debido a mi concentración en los estudios o mi concentración en el
noviazgo que mantenía mi mejor amiga con el chico que me gustaba. Pero,
definitivamente, ninguna de sus palabras y rumores habían sido en vano.
Carraspeó, llamando mi atención,
mientras una de sus cejas se elevaba. Mi bolígrafo aún seguía en su mano,
esperando que fuera por él. Sentí la sangre acoplarse en mis mejilla, lo estaba
mirando fijamente perdida en mis pensamientos y quién sabe que creyó.
Tomé el bolígrafo. Mi palma rozó
algunos de sus callosos dedos, una corriente eléctrica me hizo retirar la mano
asustada. Solo una vez había tenido la misma sensación y fue cuando de niña,
sin querer, metí un dedo en el tomacorriente. Así que, fue tan extraño, excitante y
terrorífico a la vez. En aquel entonces
lloré acurrucada junto a mamá, pensando que hubiera podido morir, ahora solo
quería volver a experimentarlo.
—Gracias —Dije cuando encontré mi
voz.
Él asintió, regalándome una
sonrisa completa que me hizo temblar. Guau, no podía creer que fuera bombero,
si tan solo con verlo hacía que el fuego solo se avivara.
Caminaba detrás de Niall, mirando
de vez en cuando su cuello, mientras procuraba que nadie caminara lo
suficientemente cerca de mí como para darme un codazo o empujón. Sin embargo,
no tuve tanta suerte.
Doblando la esquina hacia la
cafetería, mi cuerpo colisionó contra el de Liam y mis libros cayeron al piso,
pero no me importó. El agarre de sus manos, al borde de mi cintura, hizo que me
contorsionara de dolor y que dejara escapar un pequeño sollozo. Era como si me
estaban dando cientos de puñaladas con un cuchillo sin filo, ya que las
punzadas en la zona no se detenían.
Sus manos se movieron desde la
zona a mis mejillas, para secar mis lágrimas. Ni siquiera me había dado cuenta
que estaba llorando o que, incluso, Niall se había acercado a nosotros. Y,
sintiendo su tacto caliente y suave, olvidé el mundo en torno a nosotros.
Levanté la mirada, encontrándome con
la suya, y noté la preocupación marcada en sus rasgos. Mi estómago se apretó,
porque nunca antes ningún chico—sin contar a David—me había mirado así. Como si
la única chica que le importaba era yo.
—Alexis, ¿estás bien?
La pregunta de Niall rompió el
hechizo. La magia danzando a nuestro alrededor despareció y eso me molestó,
pero no supe por qué. El chico de mis sueños me estaba hablando y Dana no
estaba en escena. Seguramente el humo del incendio había afectado mi cerebro lo
suficiente como para hacerme querer ver los ojos de otro y no los del amor de
mi vida.
Me obligué a volver a la realidad
y dejé de mirar a Liam, para mirar a Niall—Emm… Sí, yo solo sentí mis costillas…
—Callé sin saber cómo proseguir.
Las manos de Liam abandonaron mi
rostro, dejándome una sensación de vacío, y mi estómago volvió a apretarse. Quise
decirle que las regresara donde estaban y que también tocara otras partes de
mí, pero no lo hice. Pase una de mis manos, sacando cualquier rastro de
lágrimas derramadas. No me preocupaba por el maquillaje, porque no usaba a
menos que fuera para algo importante.
Comencé a juntar mis libros a
toda prisa, después de todo tenía otra clase en media hora, deseando salir de allí lo más pronto posible.
De repente, no me sentía bien junto a ninguno de estos dos chicos. A uno lo
quería, pero ¿al otro? Ni siquiera lo conocía y me molestaba que me abandonara,
también me molestaba que alguien nos interrumpiera. Más aún, el hecho de sentirme
tan confundida.
Me hubiera gustado seguir el
consejo de David, aunque habría tenido que lidiar con Dana. Estando en mi cama,
fingiendo dormir, no habría sido tan insoportable.
—No te hice daño, ¿cierto? —Preguntó
Liam, tendiéndome uno de mis libros.
Lo miré atontada, sintiendo que
ya había vivido esta situación una vez, y mis mejillas se sonrojaron—No, no —Dije
cuando encontré mi voz. Me paré, haciendo una mueca en el proceso—. Creo que
será mejor que vuelva mi cuarto.
—Te acompaño —Dijo Niall, haciéndome
negar rápidamente con la cabeza.
Dana aún estaría por allí y si él
iba, bueno, un simple dolor en mi costado se convertiría en algo casi similar
al infierno. Sería mucho peor que casi ser aplastada, olvidad y quemada en un
viejo galpón que decía ser un pub. Plasmé mi mejor sonrisa, que esperaba no se
viera tan falsa como la sentía, y dije: —En serio, Niall, puedo llegar sola.
—Dana me mataría si algo te
sucede y no hago nada para ayudarte —Dijo, haciendo un mohín.
En otra ocasión, me habría
encantado su propuesta, pero con mi estado y la mención de Dana no fue así. Mis
labios se fruncieron y mi cabeza siguió negando—No, estoy bien sola —Me encogí
de hombros, tratando de lucir relajada—. No te preocupes de Dana, ella tiende a
exagerar, pero en todo caso te voy a defender.
Él sonrió ampliamente, provocando
que mis piernas flaquearan, ¿por qué lo hacía? Sus mejillas sonrojadas me hicieron
morir de ternura, era como ver a un peluche esponjoso y tentativo a abrazar.
—Bueno, pero no dudes en pedir
ayuda si lo necesitas —Dijo, mirando mi mano con mis dedos rotos—. Después de
todo, es en parte culpa de Dana y mía que estés así —Se encogió de hombros.
Sí, es su maldita culpa.
—Claro que no, ustedes no me
obligaron a ir —Dije, callando a la fiera de mi interior.
—Alexis…
—No te preocupes —Lo interrumpió Liam—.
Yo la acompañaré y me asegurare de que esté bien.
La seriedad y la promesa en su
voz me hicieron estremecer. Otra vez hacía acto de presencia esa familiaridad
que sentí cuando miré sus ojos la noche anterior, lo cual me descolocó más de
lo que estaba. Miré de soslayo su rostro y era idéntico al sonido de su voz.
Realmente, parada a su lado y enfrente a Niall, sentí que podía brindarle mi
confianza entera. Él siempre me protegería, era una promesa.
Sonreí ampliamente, esta vez de
verdad, y dirigí mi vista a Niall— ¿Ves? Él me acompañara, no hay de qué
preocuparse.
Niall no me miró. Sus ojos
estaban conectados a los de Liam, era como si ellos estaban manteniendo una conversación
o acaso estaban ¿midiéndose? Me pareció que habían pasado siglos cuando él
finalmente me miró—Claro, te veo luego.
Su voz había perdido brillo, pero
lo noté cuando él se estaba alejando de mí. De nosotros. Y me pregunté qué le
había pasado para sonar así.
Mordí mi labio inferior. Podía
sentir los pasos de Liam a mi lado y cuantas veces por minuto miraba en mi
dirección. Escalofriante.
Nunca había caminado tan cerca de
un chico heterosexual por el campus y que, además, estaba como quería. Así que,
mis sentidos estaban alerta a todo los movimientos que realizaba.
Ninguno de los dos habíamos
cruzado palabra después de que Niall se marchara. Pensé que iba a seguir su
camino, pero cuando comencé a caminar, él lo hizo conmigo. En el trayecto más
de una chica se había dado vuelta para mirarnos o, mejor dicho, para mirarme
como si fuera la mismísima peste. Lo cual era estúpido, ya que ni siquiera
estaba tomando su mano como para hacer que su imaginación volara.
Me pregunté, qué se sentiría ser
su novia con toda la población femenina odiándote más que a Megan Fox.
Si hubiera sido su novia, seguro
no habría importado nada. Sólo él y el pensamiento de que realmente me amaba,
teniendo en cuenta que podría tener a cualquiera a sus pies. Mmm…Sí, con esos
brazos, ese torso y esas manos tan varoniles; él haría olvidar cualquier mierda
que la gente dijera o hiciera. Y, seguramente, con algunas de sus miradas o
besos me haría olvidar al mundo entero, incluso, mi nombre. El pensamiento me
hizo estremecer.
Mi boca se secó. Mis manos
comenzaron a sudar. Mi estómago se retorció y luego hizo una de sus típicas explosiones,
esas que hacía solo cuando veía a Niall. Entonces, me asusté.
No había sentido mis mariposas
revolotear y el cielo bajar a la Tierra cuando Niall me habló, las sentí cuando
Liam me miró. En la clase de inglés, en el pasillo y ahora que nos imaginaba
juntos, mirándonos y besándonos desesperadamente.
¿Qué me sucedía?
— ¿Tienes frío? —Preguntó Liam
cuando notó que me sacudí de espanto.
— No, en realidad, no —Dije,
carraspeando, ya que soné muy chillona al principio.
Él me miró, enarcando una de sus
cejas, por un instante antes de volver la vista frente. Me imaginé que se debía
estar incomodando de la misma manera que yo, ya que no le hablaba y seguramente
tenía una de esas muecas que ensayaba frente al espejo cuando, en la preparatoria,
pensaba en ingresar al club de teatro. No obstante, solo era mi imaginación,
porque después de dos minutos más de silencio y más silencio, posó su brazo
sobre mis hombros.
Paré abruptamente de caminar,
esperando que lo quitara, pero no lo hizo. Él se detuvo junto a mí, volteando a
penas su cuerpo, para mirarme una vez más. Una sonrisa se formó en su rostro
que me hizo mirar hacía otra dirección y a mi corazón martillar precipitadamente.
Parte del grupo de nerds, con los
que solía juntarme los fines de semana a debatir, se volteó a mirarnos.
También, los populares. Quise que la tierra se abriera y me tragara, sin
embargo, no sucedió. Liam se carcajeó, mandándome al mismísimo infierno de lo
sexy, cuando dirigió su mirada a la misma dirección que la mía.
Su aliento, haciendo cosquilla
cerca de mi oído, provocó que aguantara la respiración—No te preocupes, el irlandés
no está a la vista.
— ¿Qué? —Pregunté, aunque lo
había escuchado perfectamente.
—Que Niall no está a la vista —Dijo,
irguiéndose—. A demás, tienes frío y no traigo
un abrigo, no puedo hacer a un lado mis modales.
Comencé a caminar nuevamente,
algo insegura, dejando que su brazo me abrigara—Sigo sin entender lo de Niall —Dije,
sintiéndome más segura a hablar.
—Él no se enojara si hago esto —Me
presionó, acercándome más a su cuerpo.
—No, dudo seriamente que él se
enojé por algo como eso —Fruncí el ceño, ya que seguía sin entender—. No soy
Dana.
— ¿Y?
—Él se enojaría si haces eso con
ella, quien es su novia —Dije como si nada, era la primera vez que decirlo no
dolía—. Yo solo soy su…
Me interrumpí sin saber que
decir, porque realmente no era nada de Niall Horan. No creía que ni siquiera la
palabra “conocidos” pudiera describirnos. Él siempre estuvo tan fuera de mis límites
que ni siquiera podíamos tener un nombre.
—Nada —Susurré, aunque, estaba
segura de que Liam lo escuchó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario