Entonces, así se sintió Kayla
cuando Talon se enamoró de su mejor amiga y no de ella. Traicionada, masoquista
y, sobre todo, egoísta.
Sí, así me sentía viendo a mi
mejor amiga besándose con el chico que había amado durante toda la secundaria,
porque lo quería conmigo… Y porque deseaba, con todas mis fuerzas, que ya no
siguieran haciendo eso delante de mí
cada cinco minutos.
Si tan solo hubiera sido más
abierta y hubiera confesado como me sentía, quizás, Dana lo habría dejado pasar
y estaríamos ideando un plan para que pudiera conquistarlo. No obstante, era
demasiado tarde y no era una completa perra como para lanzarle un reproche a la
cara y ponerle un ultimátum. Nuestra amistad o su relación.
— ¡Vamos a divertirnos! —Gritó
David, a mi lado, tirando de mi mano hacia la pista de baile y alejándome de mi
tortura.
Él era el único que sabía mi
secreto y era porque, básicamente, odiaba a Dana por ocupar su lugar de “mejor
amiga” y nunca le contaría ni una sola palabra. Apretando el agarre que tenía
de su mano, le grité: — ¡Gracias!
Me miró por encima de su hombro y
me guiñó uno de sus perfectos ojos estaño. Si no hubiera sido gay, y si no lo
conocería como a la palma de mi mano, me habría enamorado de él. Era mirarlo
desde todos los ángulos y simplemente lo encontraba perfecto. Desde su
desordenado rubio cabello hasta sus muy bien cuidados pies. Y, claro, como
persona.
Aunque, él tampoco me hubiera
mirado. No era el tipo de chica de nadie. Era demasiado baja, con algunos kilos
demás y un pelo que no permitía entrada ni siquiera a un cepillo de acero. No
poseía ningún talento que me hiciera destacar, solo una rara afición a los
comic y a la música del siglo pasado. Ah, y un poco de pasión por cantar
desafinadamente en la ducha con un envase de champú como micrófono. Luego, todo
era ordinario.
Sí, el tipo de chica que nadie
quería.
Suspiré profundamente, ahogándome
con el humo que circulaba de algunos cigarrillos, y choqué con la espalda de
Dave. Él le hizo una seña a alguien que no podía ver, entonces, la música
cambió.
— ¡Bien, es tu momento de
brillar! —Dijo, enfrentándome.
Negué efusivamente, volteándome
para irme. Después de todo, había sobrepasado mi hora límite de salidas y no
quería pensar qué pasaría si alguien descubría que no tenía la edad necesaria
como para entrar por estos lados. No, definitivamente me tenía que marchar.
La imagen de Dana y Niall
besándose con fiereza fue como una bofetada que me dejó aturdida. No noté la
masa de gente atropellarme ni que la música fue suplantada por gritos
aterradores. Solo podía verlos a ellos, haciendo pedazos mi corazón, y a la
mirada que se regalaron cuando se separaron.
De pronto alguien me chocó,
provocando que me precipitara hacia el sucio suelo, entonces, me aterroricé. Podía
morir pisoteada en aquel asqueroso agujero y nadie se daría cuenta, porque todo
el mundo parecía querer estar huyendo para salvar su propia vida. Y no
importaba, cuantas veces intentaba levantarme, alguien me volvía a tirar.
Las luces fluorescentes se
apagaron y el ambiente se puso más pesado. Como si la masa de personas
corriendo y apretujándose entre sí, había provocado que la temperatura subiera.
Cubrí mi rostro con mis manos y me volteé quedando boca abajo, ya que me habían
pisado una de ellas y presentía que si no cambiaba de posición pronto un taco
aguja las perforaría o quebraría algunos de mis dedos.
Chillé de dolor y espanto cuando
un peso mayor cayó sobre mi espalda, provocando que me arquera, pero eso no fue
nada en comparación a todo lo que vino después. Creí que iba a morir.
Realmente lo hice.
Cuando mis oídos no pudieron
escuchar nada más, me pregunté si todo había terminado. Si las personas habían
decidido compadecerse de mí. O si simplemente había muerto.
El color rojo fuego en una de las
vigas del techo, me dijo que no. Pequeñas gotas de transpiración recorrieron mi
frente y se mezclaron con lágrimas de impotencia. Si me hubiera quedado en el
campus. Si me hubiera ido a visitar a mamá. Si me hubiera ido en el momento
adecuado. Si me hubiera enamorado de alguien más y no del novio de mi mejor
amiga…
Mis ojos amenazaron con cerrarse
cuando mis pulmones no quisieron dejar entrar más aire contaminado. Mi garganta
picó y solo pude toser hasta sentir el sabor metálico de mi sangre en la punta
de la lengua. Por fin. Iba a morir en un viejo galpón sucio en medio de las
llamas y a nadie, absolutamente nadie le importaría. Ni siquiera a mí misma, si
eso significaba que no iba volver a sentir tanto dolor.
La oscuridad me invadió, por un
momento, hasta que sentí su voz y sus manos en mi pecho tratando de reanimarme—
¡Vuelve, por favor! ¡No te vayas!
Sus ojos chocolate se enfocaron
en mi boca y seguidamente en los míos. La sorpresa y el alivio se mezclaron en
lo poco que podía ver su rostro, incluso, me pareció ver felicidad. Sus brazos
me sujetaron en los lugares correctos y, como si mis kilos de más habían
desaparecido, me levantó para sacarme de allí. Para salvarme.
Mis brazos lo rodearon
instintivamente y mi cabeza descansó en el hueco de su cuello. Me sentía como
en mi hogar, como si ese lugar solo hubiera sido hecho para mí y como si mi
vida por fin valía la pena.
Cuando logró sacarnos del
infierno, mucha gente se apresuró hasta nosotros, para atendernos y verificar
si estábamos bien. Aparentemente tenía una costilla fisurada y dos dedos rotos,
pero estaba bien. Gracias a él.
Un perfecto bombero que
desconocía y no sabía si alguna vez lo
volvería a ver, quien se quedó a mi lado viendo como me examinaban después de
salvarme la vida. Sin embargo, mucho tiempo después, cuando Dave apareció se
fue. Y no pude darles las gracias ni pude ver su rostro completo. Tampoco, pude
aclarar la duda en mí.
¿Por qué se me hacía familiar?
Me desperté, sintiéndome
sofocada, casi al amanecer. Si no lo hubiera hecho, tal vez, estaría sintiendo
el fuego incinerando mi cuerpo en medio de aquel sucio galpón.
Dave descansaba su cabeza contra
mi regazo y la otra parte de su cuerpo aún estaba, en una incómoda posición, en
una silla. Una de mis manos acarició su desordenada mata de cabello. Después de
mi rotunda negación a quedarme en una sala de hospital, él había insistido en
quedarse conmigo, para cuidarme y ver si necesitaba algo. Cada hora que
despertaba, porque mi sueño no podía aguantar ningún recordatorio del infierno,
estaba parado al pie de la cama esperando instrucciones. Esta vez, se había
rendido y estaba durmiendo como un bebé.
Me alegré de tener un amigo como
él, ya que Dana “mi mejor amiga” Blake
no se había dignado ni siquiera a mandarme un mensaje de texto. Al menos, para
averiguar si había muerto o no. Por el contrario, yo no lo había hecho porque
Dave me aseguró que Niall logró sacarla sana y sin ninguna herida. También, me
dijo que ellos estuvieron solo unos minutos junto a él y luego lo dejaron solo,
muriéndose de nervios ya que no tenía noticias de mí.
Ninguno de los dos se preocupó.
De Niall lo entendía, porque no éramos amigos ni nada, pero de ella no.
Bebí agua del vaso que descansaba
en mi mesa de luz y traté de apaciguar el nudo en mi garganta. Esto era tan
frustrante. Una parte de mí decía que era una mierda que pasaría, porque nunca
había tenido las agallas ni las ganas de mirar a alguien más que no fuera
Niall. La otra parte, solo decía que esto acababa de comenzar y que me
preparara, porque las cosas no volverían ser jamás como antes.
Niall Horan, el pequeño irlandés
americano, no solo me había robado el corazón. Sino que también, me estaba
comenzando a robar a mi mejor amiga.
Mi celular nos despertó, a Dave y
a mí, dos horas más tarde. Eran las ocho treinta y tenía clase de inglés a las
nueve, si quería llegar debía comenzar a correr.
Sin embargo, cuando comencé a
levantarme, la voz de mi mejor amigo me detuvo— ¿Qué es exactamente lo que
estás tratando de hacer, Alexis Harper?
—Intentar ir a clases, ¿no es
obvio? —Pregunté, aguantando las ganas de gruñir cuando me dio una puntada en
mi costado derecho.
Él se carcajeó, revolviendo su
cabello, falsamente—No, tú no irás a ningún lado.
—Eso ya lo veremos —Dije
obstinadamente, yendo hacia mi armario.
—Cariño, el doctor dijo que tu
costilla está muy frágil y ya sabes cómo están tus dedos…
Suspiré pesadamente, sintiendo el
escozor en mis ojos—David… —Mi voz se quedó atrapada en mi garganta—No quiero
quedarme aquí y esperar a que llegue Dana.
Sus brazos me rodearon desde
atrás y su boca besó mi cabello. Se sentía tan bien que alguien se preocupara
por mí cuando mamá estaba tan lejos de Princeton. Dejé que las lágrimas se
deslizaran, queriendo hacerlo hasta que el dolor se fuera, porque era la única
manera con la que lograba recomponerme.
Sin embargo, todo acabó cuando la
puerta de la habitación se abrió y por ella entró una Dana sonriente. Sequé mis
lágrimas a toda prisa, dispuesta a borrar cualquier evidencia, y susurré: —Por
favor, Dave.
Lo sentí tensarse—No vale la pena
y tu salud sí.
—Lo sé, créeme que realmente lo
sé —Dije, alzando el rostro para mirarlo de soslayo—. Pero, este ingrato
corazón no me hace caso.
— ¿Qué tanto secretean ustedes
dos? —Preguntó Dana, acercándose.
Lo supe porque su voz no se
sentía lejana. Traté de sonreír y, volteándome, dije: —Nada —Me solté de los
brazos de Dave y lo miré brevemente—. Nos vemos en clase.
Él suspiró audiblemente, pero no
dijo nada. Tomó su chaqueta y se marchó sin siquiera saludarme, lo entendí.
Últimamente, Dave, había notado como mi ánimo estaba decayendo y estaba siendo
bastante bueno. Si hubiera sido por él, ya le habría dicho algo a Dana. Aunque
ella no tenía la culpa, sino que la tenía yo y nadie más que yo.
—Sino supiera que es gay diría
que ustedes dos tienen algo —Dijo Dana, sacándome de mis pensamientos.
—En tus mejores sueños…
—Oye, perdona que no te llamé,
pero Niall me invitó a quedarme en su casa y no pude resistirme —Sus cejas
subieron y bajaron, tratando de hacerme reír, pero solo mantuve mi rostro serio—.
Supuse que habías vuelto al cuarto antes del incendio.
Me encogí de hombros mientras
comenzaba a desvestirme—No, lamentablemente, aún estaba allí —Dije, simulando
mirar dos pares de zapatillas.
— ¿Estás bien?
La miré por encima del hombro—Sí,
tengo una costilla fisurada y dos dedos rotos, pero estoy bien —Una de las
comisuras de mi boca se curvó—. Alguien me salvó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario