miércoles, 19 de marzo de 2014

Fuego


Entonces, así se sintió Kayla cuando Talon se enamoró de su mejor amiga y no de ella. Traicionada, masoquista y, sobre todo, egoísta.
Sí, así me sentía viendo a mi mejor amiga besándose con el chico que había amado durante toda la secundaria, porque lo quería conmigo… Y porque deseaba, con todas mis fuerzas, que ya no siguieran  haciendo eso delante de mí cada cinco minutos.
Si tan solo hubiera sido más abierta y hubiera confesado como me sentía, quizás, Dana lo habría dejado pasar y estaríamos ideando un plan para que pudiera conquistarlo. No obstante, era demasiado tarde y no era una completa perra como para lanzarle un reproche a la cara y ponerle un ultimátum. Nuestra amistad o su relación.
— ¡Vamos a divertirnos! —Gritó David, a mi lado, tirando de mi mano hacia la pista de baile y alejándome de mi tortura.
Él era el único que sabía mi secreto y era porque, básicamente, odiaba a Dana por ocupar su lugar de “mejor amiga” y nunca le contaría ni una sola palabra. Apretando el agarre que tenía de su mano, le grité: — ¡Gracias!
Me miró por encima de su hombro y me guiñó uno de sus perfectos ojos estaño. Si no hubiera sido gay, y si no lo conocería como a la palma de mi mano, me habría enamorado de él. Era mirarlo desde todos los ángulos y simplemente lo encontraba perfecto. Desde su desordenado rubio cabello hasta sus muy bien cuidados pies. Y, claro, como persona.
Aunque, él tampoco me hubiera mirado. No era el tipo de chica de nadie. Era demasiado baja, con algunos kilos demás y un pelo que no permitía entrada ni siquiera a un cepillo de acero. No poseía ningún talento que me hiciera destacar, solo una rara afición a los comic y a la música del siglo pasado. Ah, y un poco de pasión por cantar desafinadamente en la ducha con un envase de champú como micrófono. Luego, todo era ordinario.
Sí, el tipo de chica que nadie quería.
Suspiré profundamente, ahogándome con el humo que circulaba de algunos cigarrillos, y choqué con la espalda de Dave. Él le hizo una seña a alguien que no podía ver, entonces, la música cambió.
— ¡Bien, es tu momento de brillar! —Dijo, enfrentándome.
Negué efusivamente, volteándome para irme. Después de todo, había sobrepasado mi hora límite de salidas y no quería pensar qué pasaría si alguien descubría que no tenía la edad necesaria como para entrar por estos lados. No, definitivamente me tenía que marchar.
La imagen de Dana y Niall besándose con fiereza fue como una bofetada que me dejó aturdida. No noté la masa de gente atropellarme ni que la música fue suplantada por gritos aterradores. Solo podía verlos a ellos, haciendo pedazos mi corazón, y a la mirada que se regalaron cuando se separaron.
De pronto alguien me chocó, provocando que me precipitara hacia el sucio suelo, entonces, me aterroricé. Podía morir pisoteada en aquel asqueroso agujero y nadie se daría cuenta, porque todo el mundo parecía querer estar huyendo para salvar su propia vida. Y no importaba, cuantas veces intentaba levantarme, alguien me volvía a tirar.
Las luces fluorescentes se apagaron y el ambiente se puso más pesado. Como si la masa de personas corriendo y apretujándose entre sí, había provocado que la temperatura subiera. Cubrí mi rostro con mis manos y me volteé quedando boca abajo, ya que me habían pisado una de ellas y presentía que si no cambiaba de posición pronto un taco aguja las perforaría o quebraría algunos de mis dedos.
Chillé de dolor y espanto cuando un peso mayor cayó sobre mi espalda, provocando que me arquera, pero eso no fue nada en comparación a todo lo que vino después. Creí que iba a morir.
Realmente lo hice.
Cuando mis oídos no pudieron escuchar nada más, me pregunté si todo había terminado. Si las personas habían decidido compadecerse de mí. O si simplemente había muerto.
El color rojo fuego en una de las vigas del techo, me dijo que no. Pequeñas gotas de transpiración recorrieron mi frente y se mezclaron con lágrimas de impotencia. Si me hubiera quedado en el campus. Si me hubiera ido a visitar a mamá. Si me hubiera ido en el momento adecuado. Si me hubiera enamorado de alguien más y no del novio de mi mejor amiga…
Mis ojos amenazaron con cerrarse cuando mis pulmones no quisieron dejar entrar más aire contaminado. Mi garganta picó y solo pude toser hasta sentir el sabor metálico de mi sangre en la punta de la lengua. Por fin. Iba a morir en un viejo galpón sucio en medio de las llamas y a nadie, absolutamente nadie le importaría. Ni siquiera a mí misma, si eso significaba que no iba volver a sentir tanto dolor.
La oscuridad me invadió, por un momento, hasta que sentí su voz y sus manos en mi pecho tratando de reanimarme— ¡Vuelve, por favor! ¡No te vayas!
Sus ojos chocolate se enfocaron en mi boca y seguidamente en los míos. La sorpresa y el alivio se mezclaron en lo poco que podía ver su rostro, incluso, me pareció ver felicidad. Sus brazos me sujetaron en los lugares correctos y, como si mis kilos de más habían desaparecido, me levantó para sacarme de allí. Para salvarme.
Mis brazos lo rodearon instintivamente y mi cabeza descansó en el hueco de su cuello. Me sentía como en mi hogar, como si ese lugar solo hubiera sido hecho para mí y como si mi vida por fin valía la pena.
Cuando logró sacarnos del infierno, mucha gente se apresuró hasta nosotros, para atendernos y verificar si estábamos bien. Aparentemente tenía una costilla fisurada y dos dedos rotos, pero estaba bien. Gracias a él.
Un perfecto bombero que desconocía y no sabía si  alguna vez lo volvería a ver, quien se quedó a mi lado viendo como me examinaban después de salvarme la vida. Sin embargo, mucho tiempo después, cuando Dave apareció se fue. Y no pude darles las gracias ni pude ver su rostro completo. Tampoco, pude aclarar la duda en mí.
¿Por qué se me hacía familiar?

Me desperté, sintiéndome sofocada, casi al amanecer. Si no lo hubiera hecho, tal vez, estaría sintiendo el fuego incinerando mi cuerpo en medio de aquel sucio galpón.
Dave descansaba su cabeza contra mi regazo y la otra parte de su cuerpo aún estaba, en una incómoda posición, en una silla. Una de mis manos acarició su desordenada mata de cabello. Después de mi rotunda negación a quedarme en una sala de hospital, él había insistido en quedarse conmigo, para cuidarme y ver si necesitaba algo. Cada hora que despertaba, porque mi sueño no podía aguantar ningún recordatorio del infierno, estaba parado al pie de la cama esperando instrucciones. Esta vez, se había rendido y estaba durmiendo como un bebé.
Me alegré de tener un amigo como él, ya que Dana “mi mejor amiga”  Blake no se había dignado ni siquiera a mandarme un mensaje de texto. Al menos, para averiguar si había muerto o no. Por el contrario, yo no lo había hecho porque Dave me aseguró que Niall logró sacarla sana y sin ninguna herida. También, me dijo que ellos estuvieron solo unos minutos junto a él y luego lo dejaron solo, muriéndose de nervios ya que no tenía noticias de mí.
Ninguno de los dos se preocupó. De Niall lo entendía, porque no éramos amigos ni nada, pero de ella no.
Bebí agua del vaso que descansaba en mi mesa de luz y traté de apaciguar el nudo en mi garganta. Esto era tan frustrante. Una parte de mí decía que era una mierda que pasaría, porque nunca había tenido las agallas ni las ganas de mirar a alguien más que no fuera Niall. La otra parte, solo decía que esto acababa de comenzar y que me preparara, porque las cosas no volverían ser jamás como antes.
Niall Horan, el pequeño irlandés americano, no solo me había robado el corazón. Sino que también, me estaba comenzando a robar a mi mejor amiga.

Mi celular nos despertó, a Dave y a mí, dos horas más tarde. Eran las ocho treinta y tenía clase de inglés a las nueve, si quería llegar debía comenzar a correr.
Sin embargo, cuando comencé a levantarme, la voz de mi mejor amigo me detuvo— ¿Qué es exactamente lo que estás tratando de hacer, Alexis Harper?
—Intentar ir a clases, ¿no es obvio? —Pregunté, aguantando las ganas de gruñir cuando me dio una puntada en mi costado derecho.
Él se carcajeó, revolviendo su cabello, falsamente—No, tú no irás a ningún lado.
—Eso ya lo veremos —Dije obstinadamente, yendo hacia mi armario.
—Cariño, el doctor dijo que tu costilla está muy frágil y ya sabes cómo están tus dedos…
Suspiré pesadamente, sintiendo el escozor en mis ojos—David… —Mi voz se quedó atrapada en mi garganta—No quiero quedarme aquí y esperar a que llegue Dana.
Sus brazos me rodearon desde atrás y su boca besó mi cabello. Se sentía tan bien que alguien se preocupara por mí cuando mamá estaba tan lejos de Princeton. Dejé que las lágrimas se deslizaran, queriendo hacerlo hasta que el dolor se fuera, porque era la única manera con la que lograba recomponerme.
Sin embargo, todo acabó cuando la puerta de la habitación se abrió y por ella entró una Dana sonriente. Sequé mis lágrimas a toda prisa, dispuesta a borrar cualquier evidencia, y susurré: —Por favor, Dave.
Lo sentí tensarse—No vale la pena y tu salud sí.
—Lo sé, créeme que realmente lo sé —Dije, alzando el rostro para mirarlo de soslayo—. Pero, este ingrato corazón no me hace caso.
— ¿Qué tanto secretean ustedes dos? —Preguntó Dana, acercándose.
Lo supe porque su voz no se sentía lejana. Traté de sonreír y, volteándome, dije: —Nada —Me solté de los brazos de Dave y lo miré brevemente—. Nos vemos en clase.
Él suspiró audiblemente, pero no dijo nada. Tomó su chaqueta y se marchó sin siquiera saludarme, lo entendí. Últimamente, Dave, había notado como mi ánimo estaba decayendo y estaba siendo bastante bueno. Si hubiera sido por él, ya le habría dicho algo a Dana. Aunque ella no tenía la culpa, sino que la tenía yo y nadie más que yo.
—Sino supiera que es gay diría que ustedes dos tienen algo —Dijo Dana, sacándome de mis pensamientos.
—En tus mejores sueños…
—Oye, perdona que no te llamé, pero Niall me invitó a quedarme en su casa y no pude resistirme —Sus cejas subieron y bajaron, tratando de hacerme reír, pero solo mantuve mi rostro serio—. Supuse que habías vuelto al cuarto antes del incendio.
Me encogí de hombros mientras comenzaba a desvestirme—No, lamentablemente, aún estaba allí —Dije, simulando mirar dos pares de zapatillas.
— ¿Estás bien?
La miré por encima del hombro—Sí, tengo una costilla fisurada y dos dedos rotos, pero estoy bien —Una de las comisuras de mi boca se curvó—. Alguien me salvó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario