viernes, 16 de mayo de 2014

No rendirse


—Recuérdame, ¿por qué vamos a hacer esto? —Pidió Niall, tronando los dedos en un vago intento para hacer desaparecer los nervios.
Sonreí complacido mientras palmeaba su espalda. Estaba completamente seguro de que daría uno de sus mejores shows—Porque amamos cantar y porque lo necesitamos.
Hizo una mueca—Aún, no estoy muy convencido de salir.
Liam rodó los ojos al escucharlo, sin embargo, no dijo nada. Su mirada se posó en algo más allá de toda la gente que estaba jugando bolos, sí. No sabía que era, pero parecía importarle lo suficiente como para no hacer uno de sus típicos comentarios sabelotodo. Había estado así desde hacía un buen rato y eso despertaba mi curiosidad.
Así que, me acerqué hasta donde estaba y espié por encima de su hombro. No me pareció ver nada fuera de lo normal; muchas familias y grupos de amigos, entre ellos, mi hermana y las hermanas Lane. También, un chico que suponía era el novio de Mackenzie. No obstante, no tarde en distinguir un poco más allá a Zayn y a dos chicas.
Mis ojos se posaron en la rubia con mechas de colores y, sobre todo, en la mano que apoyaba en su pequeño vientre. Pensé que estaba volviéndome loco, pero no. Ella debía ser Perrie, la mamá del bebé que tendría Zayn. A la otra, no la conocía y no creía que la hubiera visto nunca antes, pero algo de su rostro me recordaba a Leona Lewis[1].
Elevé una de mis comisuras y codeé a Liam— ¿Estamos de caza?
Él entrecerró los ojos cuando se decidió a mirarme, pero negó rápidamente con la cabeza sorprendiéndome. Luego, el gesto de su rostro me preocupó. Quizás, por los sombríos que se tornaron sus ojos o porque nunca lo había visto así y aunque no sabía qué le estaba sucediendo, algo me decía que tenía que ver con la acompañante de Perrie.
Dirigí mi mirada hasta las hermanas Lane, específicamente a Mackenzie y la mano de su novio sobre su muslo derecho. Algo se removió en mi interior, porque aunque la imagen no tenía nada malo, no me agradaba. Me hacía sentir enfermo. Sí, esa era la palabra correcta para describir como me sentía cada vez que mis ojos se posaban allí.
Tom, como había dicho Gemma que se llamaba, no hacía más que recordarme a otro típico adolescente. Uno de aquellos niños de papi que jugaba al futbol, obtenía las mejores notas, conducía un deportivo y todos los fines de semana volvía acompañado a casa con una rubia candidata Miss Universo.
Sí, él era casi tan cliché como yo, pero mucho peor. Él tenía a la chica buena, esa por la que valía la pena dejar todo lo demás. En cambio, yo no tenía a nada y a nadie. Realmente eso es lo que me molestaba. O envidiaba.
Me alejé, para buscar mi guitarra, y escuché a Niall decir: —No puedo hacerlo, no voy a salir.
Sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración un tanto agitada, él estaba a punto de entrar en pánico. Sin embargo, Louis fue más rápido y se apresuró hasta él con su sonrisa de “no pasa nada”, para palmear su espalda y susurrarle palabras tranquilizantes.
Negué con la cabeza y comencé a prepararme. A mí tampoco me apetecía salir allí afuera, porque hacía mucho tiempo que no lo hacía y eso me colmaba de nervios espantosos. Aún cuando sabía que daría lo mejor de mí, todos lo haríamos. O cuando no era un lugar tan importante como el concurso, pero había gente que nos escucharía y opinaría. Así que, quizás, eso era lo que me asustaba.
Lo que dirían los demás.
—Ve el lado positivo, Niall —Dijo Liam, de repente, mientras se alejaba del telón y se acercaba a su bajo—. Eres lindo, las chicas no notarán si cantas bien o mal.
No pude evitar carcajearme al escuchar la palabra “lindo”, por lo que Niall me miró mal y después rodó los ojos olvidando su dramatismo. Sin embargo, dejé de hacerlo cuando la escuché decir: —Dime que no acabas de decir la palabra “lindo”.
Liam se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. No obstante, yo no podía moverme de donde estaba. Algo dentro de mí, le temía a la imagen con la que podía encontrarme, por eso seguí en lo mío. Simulaba buscar mi pua, aunque, sabía que la tenía en mi bolsillo.
La escuché carcajearse tentativamente—No puedes, a un chico se le dice que está caliente o como quiere, pero no “lindo”.
—Sí, pero olvidas que soy un chico —Puntualizó Liam, agitando uno de sus dedos para remarcarlo—. Se supone que no sé de tales cosas.
Luego, él comenzó a hablar con Louis sobre algo de la universidad y eso provocó que me desconectara. Las cosas que me llevaban a pensar en mi futuro me daban pánico, mucho más que salir afuera a hacer el ridículo.
Ajusté las cuerdas de mi guitarra y toqué algunas notas, comprobando que todo estuviera en orden. El tras bambalinas que tenía el boliche, donde tocaríamos un par de canciones, no era muy grande. Sin embargo, nos servía a nosotros que no éramos demasiados.
Me senté en el amplió sofá de la habitación y cerré los ojos, esperando que algún tipo de relax inundara mi cuerpo, pero no funcionó. Entonces, los volví a abrir y contuve la respiración. Una de las comisuras de su boca se curvó hacía arriba mientras arqueaba una de sus perfectas cejas, dejándome aún más desconcertado. Bajé la mirada, estudiándola en el proceso, repitiéndome que ella no era el tipo de chica por la cual podía sentir algo.
No, definitivamente.
Ella era diferente. Una brisa fresca en una calurosa tarde de verano, un cálido abrazo en una noche de invierno, una repentina llovizna en un paseo por el parque; lo más estable y seguro que conocí en toda mi vida. Al menos, así la veía. Como mi polo opuesto.
Y eso era verdaderamente malo, porque yo era todo lo contrario. Era más precipitado, salvaje y sobre todo inestable. Entonces, nuestra combinación podía ser realmente desastrosa al ser tan diferentes, pero eso era lo que me atraía a ella. Simplemente eso.
Existía ese magnetismo invisible entre nosotros que me gritaba que me acercara, la mirara y me perdiera en la profundidad del delicioso chocolate de su mirada. Entonces, lo hacía y simplemente ya no era el mismo. Mis pensamientos cambiaban hasta el punto de asustarme; no podía sentir nada profundo, porque no estaba en mi naturaleza, pero ¿qué me sucedía?
— ¿Estás meditando? —Preguntó, de repente, trayéndome de nuevo a la realidad.
— ¿Qué?
Ella rodó los ojos, sentándose a mi lado—Estás muy callado, pensaba que alguien como tú estaría haciendo algo más que estar sentado aquí —Dijo, encogiéndose de hombros.
Entrecerré los ojos mientras me despatarraba aún más en el sofá, logrando que mi rodilla tocara la suya—Sí, podría, pero hay muchas fans, allá afuera, que quieren ser mis groupies y no quiero ese tipo de complicaciones —Dije mirándola fijamente, tratando de sonar seguro. Ella volvió a enarcar una de sus cejas y sonrió—. Lo digo, en serio.
—Nunca dije que no —Se defendió rápidamente. Sus mejillas se tornaron de un rosa vivo contra su blanca piel—. Es solo que creía tenerte…
— ¿Calculado?
—Sí —Dijo bajando la cabeza, lo que provocó que sus cabellos crearan una cortina para que no pudiera verla—. Tienes la apariencia y ciertas actitudes de Don Juan.
Me carcajeé fuertemente hasta retorcerme de dolor, provocando que ella riera conmigo—Bueno, lo soy, pero no quiero involucrarme con nadie —Dije, recuperando la compostura—. Solo quiero algo de una noche o ni siquiera eso. Un par de horas, nada más.
Un silencio ensordecedor se instaló entre nosotros y, si prestaba mucha atención, podía escuchar a la gente tras el telón hablar o a los palos chocar contra la bola. De repente, la habitación me pareció sofocante, incluso, aterradora. No sabía dónde mirar; los poster de bandas del siglo pasado no me resultaban interesantes, pero mirarla a ella podía ser mi peor error.
Así que, fijé mi vista en el alocado peinado de Bob Dylan, repasando cuantas posibilidades tenía de lucirlo algún día. Su estilo ni se acercaba por casualidad al mío. Otro polo. Maldición.
Su móvil sonó, haciendo eco en la habitación. La miré por el rabillo del ojo, expectante a que realizara un movimiento y lo atendiera, pero nunca lo hizo. No. Ella permaneció oculta entre sus cabellos mientras sus manos jugaban con uno de los flecos de sus jeans rotos.
Quise decir algo, pero no pude. Me decidí a estirar mi mano y alcanzar la suya, sintiéndome inseguro y vulgar, pero muy necesitado de su contacto. Era como si quería probar un estúpido punto, que estaba seguro, me arrepentiría.
No obstante, cuando las yemas de mis dedos alcanzaron a tocar su cremosa y suave piel, nada me pareció más correcto en toda mi vida. Nuestros ojos se encontraron y permanecieron del mismo modo, por lo que me parecieron siglo, hasta que le regalé mi mejor sonrisa y dije: —Me he divertido contigo, es una pena que tengas novio.
Ella hizo una mueca divertida al sorprenderse, lo que me provocó soltar una pequeña risa—Lo siento, no salgo con chicos como tú.
—Nadie habló de salir —Aclaré rápidamente, sintiéndome un poco herido por el filo en su voz.
— ¿No?
Negué con la cabeza—No, sólo que podrías ser el prototipo de mejor amiga que estoy necesitando desde hace algún tiempo atrás.
—No creo que me estés viendo realmente —Dijo, haciendo una mueca de disgusto—. No tengo amigos.
—Y ¿mi hermana? O ¿Niall?
Se encogió de hombros—Es diferente, solo comparto una charla como lo estoy haciendo ahora, no puedo darles nada más —Sus mejillas se ruborizaron al momento de mirarme, como si un pensamiento nublaba su mente—. A ti, tampoco. No serás la excepción.
—Supongo que eso no lo sabremos hasta que lo intentes —Dije, dándole un suave apretón a su mano antes de dejarla ir.
—No quiero intentarlo y esto no tiene nada que ver con Tom —Se puso de pie. De repente, la expresión de su rostro no era la misma, había algo oculto sobre sus ojos—. Sé cómo terminaría.
Me encogí de hombros, poniéndome de pie, también—Tú te lo pierdes.
Recogí mi guitarra y caminé hasta el borde del telón. Al otro lado, no había nada fuera de lo normal, excepto que no veía a Liam por ningún lado. Louis y Naill estaban sentados con Gemma, Jane y Tom. Suspiré profundamente, sintiéndome repentinamente celoso.
No lo había notado ni siquiera pensado, pero estaba seguro que él pudo estar ocupando el lugar de Zayn, Liam o el mío durante todo este tiempo. Porque era él quien iba con ellos a la misma universidad y estaba incluido en su mismo círculo que ellos, gracias a Mackenzie.
Cerré los ojos, rogando que el escozor en mis ojos desapareciera. Llorar que convertiría en un estúpido, porque no tenía razones para hacerlo. Mis amigos eran libres; ellos podían juntarse con quienes quisieran y hacer lo que quisieran.
El pensamiento me cayó como un balde de agua fría. Quizás, ellos no querían cantar y ahí estaba yo, remándola para que me ayudaran a no tener que lidiar con aterrador futuro que se acercaba a pasos agigantados. Acababa de cumplir los diecinueve, apenas un par de meses atrás, y ya me encontraba a mitad de un año.  En un pestañar, todo acabaría.
La verdad era muy dura y la vida una perra.
Me eché hacia atrás y devolví la guitarra a su estuche. No tenía sentido obligarlos a algo que no querían. No era tan egoísta, tal vez, necesitaba buscar solo mi destino y no arrastrando a los demás a este tormento. Al fin y al cabo, siempre fui el único que no bajé los brazos.
— ¿Qué se supone que estás haciendo? —Preguntó Mackenzie, haciendo que me detuviera justo en el marco de la puerta.
—Irme —Murmuré, mirándola por encima del hombro.
Podría haberme reído al ver su expresión, pero no lo hice. La verdad descubierta era demasiado amarga y me había hecho perder cualquier minúscula gana de hacer algo que indicara felicidad, porque no casualmente no lo estaba siendo. En cambio, solo pude regalarle mi mejor cara de póker  antes de volver a emprender mi camino.
— ¡No puedes irte así! —Gritó, siguiéndome.
La ignoré, tal y como había hecho con ciento de chicas en el pasado. Mackenzie podía causar sensaciones raras en mi sistema, pero no hacer que cambie mi pensar. Tal parecía, mi naturaleza no quería ser dominada, ni siquiera por una chica que me hacía pensar que era especial. No.
Al llegar afuera, apenas pude avanzar más de dos pasos antes de que su mano tirara de mi brazo— ¡No te lo permitiré! ¡No dejaré que eche los sueños de Louis por la borda!
Me enfrenté a ella, acorralándola contra la pared, mientras trataba de calmar mi respiración. Tenía la mente nublada por los celos de todo aquello que estaba perdiendo y, mucho menos, aún no había tenido. Estaba perdiendo a mis cinco mejores amigos; ya sea a causa de otros o la falta de interés común, los estaba perdiendo. Estaba perdiéndome a una Mackenzie que no conocí y no que me quería conocer.
Sin embargo, eso no era lo que más me jodía, sino el hecho de sentirme de esta manera. Tan perdido. Tan envidioso. Tan chiquilín.
Sus ojos me observaban expectante a que me moviera, no obstante, estaba petrificado por nuestra repentina cercanía, preguntándome qué rayos estaba haciendo. No podía pagar los platos rotos con ella, tratándola así o incluso intentando besarla—era lo que más me apetecía—, pera olvidar todo lo demás.
Apoyé mi frente sobre la suya y cerré los ojos momentáneamente, rogando que la brisa fresca de la noche aplacara la rabia que me corroía. El perfume de Mackenzie llenó mis fosas nasales, obligándome a que inspirara profundamente en busca de más, y me envió a volar por un campo de jazmines y un bosque de frutos rojos. El paraíso.
Me mordí el labio inferior, sintiendo el batallar de mi interior. No podía hacerle esto, pero era lo que más quería.
—No lo hagas —Suplicó en un hilo de voz, provocando que me detuviera al instante.
Abrí los ojos y me encontré directamente con los suyos y un mensaje muy confuso. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. El silencio hizo que aclarara un poco mis pensamientos y me trajo de vuelta a la realidad, pero no logró que me amilanara.
— ¿Hacer qué?
—Esto, ahora —Tomó un soplo de aire antes de seguir— Ellos confían en ti. Louis, lo hace y no está bien que lo decepciones abandonándolos.
Mi pecho se sacudió contra el suyo cuando reí amargamente— ¿Sí? —Ella asintió—Entonces, dime ¿por qué siento que esto no es lo que desean? Dime ¿por qué siento que se lo están tomando como una obligación? —Respiré profundamente—Dime ¿por qué lo siento así?
Negó con la cabeza mientras mordía su labio inferior. Sus orbes chocolates me miraron angustiados y sus manos se apretaron firmemente a mis costados a modo de consuelo. Pronto, su cuerpo se unía al mío como si fuéramos uno solo. Me estaba abrazando.
—Te juro que no lo sé, Mac —Dije, tomando su rostro entre mis manos. Necesitaba ver su rostro—, pero no siento que volver  a allí es correcto. No, para ellos.
—Supongo que eso no lo sabremos hasta que lo intentes —Dijo, usando mis palabras—, hasta que lo compruebes con tus propios ojos.
—No quiero joder mi amistad con ellos…
—Y no lo harás —Me regaló un pequeña sonrisa antes de separarse de mí—. Si eso sucede, creo que podrías contar conmigo.



[1] Leona Lewis; cantante británica de Pop y R&B y ganadora de la tercera edición del reality show The X Factor de Reino Unido.

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