viernes, 14 de marzo de 2014

Canción de amor


Bajé las escaleras a toda prisa, después de escuchar a Gemma llamarme reiteradas veces desde la planta baja.
Me había quedado dormido, pensando en Mackenzie Lane y la forzosa charla que mantuvimos luego de terminar de encender todas las velas. Su rostro había adquirido un poco de color rosáceo gracias a las llamas y, también, a la sangre concentrada en sus mejillas. Se había sentado en el sillón de un cuerpo y había cruzado los brazos sobre su pecho, luciendo casi atormentada.
Me pregunté qué había hecho para que estuviera de esa manera. Sin embargo, recordé sus palabras y a sus padres divorciados. Casi pude jurar que ella era ese tipo de personas que había mencionado. Sí, era eso o creer que era lo suficiente encantador como para abrumarla.
Me despatarré sobre el sofá, tratando de lucir cómodo, y dije: —Así que, ¿no estás dañada?
Mackenzie levantó la mirada— ¿Qué?
—Te pregunto si no tienes algún daño de nuestro pequeño accidente —Aclaré, sentándome erguido—, porque a mi pequeña Betty tuve que llevarla al taller.
En medio de sus perfectas cejas se formó una arruga. Logré oír los engranajes de su cabeza girar en medio de tanto silencio y, cuando todo pareció encajar, también un clic. En aquel momento, Mackenzie rompió a reír, llevando sus manos de su pecho a su vientre.
Fui seducido tan solo por ese perfecto sonido; rasgado y profundo. Al parecer, no reía de esa manera hacía mucho tiempo y por alguna extraña razón me encantó ser el causante de que lo hiciera de nuevo. Y, de algún modo, terminé carcajeándome con ella hasta que mis tripas comenzaron a acalambrarse por la falta de aire. Hasta que pequeñas lágrimas hicieron su camino por mis mejillas. Hasta que comprendí que era la primera chica, además de mi hermana, que no se me había tirado encima.
Cuando logró componerse un poco, dijo: — ¿Llamaste a tu moto “Betty”?
—S…Sí, ¿acaso de niña no has llamado a tu muñeca “Barbie”?
Ella rio mucho más con ese comentario mientras negaba efusivamente con la cabeza, pero de pronto calló—No, nunca…Porque nunca tuve una Barbie.
Le regalé mi mejor mirada de “vamos, no juegues”, pero realmente me sorprendió ver que su rostro no se inmutó. Se paró de su asiento. Su mirada había vuelto a recuperar petulancia y, parada ante mí, me hizo creer por un momento que era pequeño. Muy pequeño. Aunque, teníamos la misma edad. Aunque, era considerado como una persona vanidosa.
Malditamente increíble.
—Odio las Barbies, Dios sabe realmente cuánto lo hago —Dijo mirando hacia arriba. Una de las comisuras de su boca amenazó con levantarse, pero no lo hizo, ya que su teléfono comenzó a tocar de un momento a otro—. Será mejor que me vaya…
—Harry —Dije, levantándome para quedar frente a frente.
Levantó la mirada de la pantalla—Sí, ya lo sabía, mi hermana es la mejor amiga de tu hermana y ellas cada tanto te mencionan —Se encogió de hombros.
— ¿Ah? Soy el mejor amigo de tu hermanastro y el hermano de una de tus amigas —Dije, metiendo las manos dentro de los bolsillos traseros de mi pantalón—. No sabía de tu existencia hasta hace, ¿cuarenta y ocho horas? —Rodé los ojos mientras la seguía hasta la puerta—Solo digo.
Volteó, estrellando una de sus delicadas manos contra mi pecho. Por un momento, pensé que tomaría un puñado de mi remera y me acercaría hasta chocar con su torso, pero no lo hizo. Solo quería saludarme—Mackenzie Lane.
Su nombre hizo eco en mis oídos—Mac…
La palabra se escapó de mis labios y pareció igual de suave que la seda, igual de adictiva que el chocolate caliente en invierno. Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa, pero solo fue por un momento. Los Aerosmith volvieron a romper el silencio y ellos fueron su salvación.
—Bueno, adiós.
Bajó rápidamente las escaleras y corrió por el único camino que se podía ir, ya que lo demás estaba cubierto por las flores de mamá.  Ella era capaz de sacar lo peor de sí si veía que le habían hecho algo a sus tulipanes.
Mis ojos la siguieron hasta que no la pude ver más, deseando saber qué rayos me pasaba con ella. Una completa desconocida que había hecho cosas que nadie hizo.
—Harry, Harry, ¡Harry!
El grito de mamá me despertó de mi ensoñación, dejándome desorientado. Miré a todos lados, notando que me encontraba recostado en el barandal de la escalera, hasta que enfoqué los ojos en ella. Su rostro se notaba sorprendido a diferencia del de Robin y el de Gemma, ambos estaban reprimiendo una sonrisa.
Me pasé una mano por los ojos, tratando de despabilarme, y luego bostecé— ¿Ya se van?
—Creo que es lo que hemos estado diciéndolos últimos cinco minutos —Dijo mamá, sonando notablemente molesta.
Sonreí, poniendo mi mejor cara de niño bueno—Ya, mamá, perdón —Me levanté y caminé hasta ella, para estrecharla en mis brazos—. No he tenido una buena noche.
— ¿Te encuentras bien, hijo?
Sus manos acunaron mi rostro y sus ojos lo examinaron, tratando de encontrar lo malo. Al asentir con la cabeza me soltó, pero fue para abrazarme. Ella realmente se preocupaba mucho por nosotros que hasta era capaz de cancelar sus vacaciones, lo sabía, porque su preocupación la hizo abandonar su trabajo.
Sí. Cuando apenas había ingresado en el equipo de vóleibol, en segundo año, me gané una lesión y necesitaba hacer reposo.  Ella no soportó la idea de dejarme solo sin ninguna ayuda. Solo había pasado una hora y ella estaba de vuelta en la casa. Luego, simplemente siempre estuvo allí; para cuando Gemma rompió con su primer novio, cuando me fui a competir a las nacionales o fuimos todos a ver a Eagles[1] en Los Ángeles y perdimos nuestro bus. Siempre. No iba a vacilar si me veía mal.
Besé su cabello y dije: —No te preocupes, en verdad, solo tuve un par de pesadillas.
—Anne, será mejor que nos apuremos —Dijo Robin, tomando las maletas—o llegaremos tarde al aeropuerto.
—Claro.
Le di un último beso antes de acercarme a Robin y quitarle una de las maletas—Déjame que te ayudo.
El taxista los estaba esperando, para ayudarlos con el equipaje. Me encaminé hasta la parte trasera y le dejé la maleta que llevaba, también la de Robin.  Mamá se había quedado unos metros atrás, hablando y despidiéndose de Gemma. Seguramente le estaba recordando donde había dejado los números anotados en caso de emergencia y como debía portarse, lo mismo haría conmigo.
—Bien, hijo, nos vemos en tres semanas —Dijo Robin, palmeando mi espalda.
Pasé uno de mis brazos por sus hombros y sonreí—Claro, viejo.
Él se carcajeó y se alejó, para despedirse de Gemma, cuando mamá acabó. Ella me sonrió y acarició mi mejilla antes de envolverme en abrazo. Como si se estaba por marchar a la guerra.
—Mamá —La llamé, recibiendo un “humm” —, se les hará tarde.
Se apartó un poco—Claro, Harry —Besó mi mejilla—. Procura que tu hermana se comporte.
Me da una palmadita en la mejilla antes de soltarme e ir hasta el choche, donde Robin la estaba esperando. Me junté con mi hermana y juntos levantamos la mano, lo más sonriente posible, hasta ver el auto desaparecer. Entonces, éramos libres.
Gemma dio saltitos mientras aplaudía y gritaba: — ¡Por fin! Necesito llamar a las chicas…
— ¡Alto ahí, Gemma! —Dije, poniendo mi mejor voz de chico malote—No quiero a chicas descontroladas por la casa ni fiestas clandestinas y, sobre todo, nada que haga a mamá volver, ¿capisce?
Ella rodó los ojos antes de darse la vuelta y aventarme el pelo contra la cara. Si no hubiera estado tan adormilado y teniendo mis pensamientos enfocados en otra cosa, le habría devuelto el golpe. Así que, simplemente dejé escapar un audible suspiro y caminé hasta la casa dispuesto a conseguir algunas horas más de sueño.
Porque esto iba a ser difícil.

Mi cabeza dio vueltas y mis ojos se cerraron cuando intenté abrirlos. No podía hacerlo, sin embargo, eso no impidió que el timbre siguiera sonando.
Antes de volver a taparme hasta la cabeza, grité: — ¡Gemma, abre la maldita puerta!
Aunque grité lo suficientemente alto, para que toda la cuadra me escuchara, no hubo respuesta. El timbre simplemente siguió sonando y, en mi camino hasta la planta baja, me hizo cuestionar qué era tan urgente. Quizás, mamá tuvo un  accidente.
El pensamiento me hizo caminar más rápido y, en menos de los que podía contar hasta diez, estaba abriendo la puerta. El dedo de Louis se quedó a medio camino de llegar al timbre y su rostro borró una gran sonrisa al ver el mío.  Él miró hacia otro lado, entonces, noté a los demás parados a unos metros, tratando de contener una sonrisa.
Finalmente Niall se acercó y, haciéndome a un lado, entró—Por fin,  viejo, tienes el sueño más pesado que Zayn —Resopló, tirándose en el sofá.
Lo ignoré y dejé a los demás  pasar—Bien, cierren la puerta cuando se vayan.
— ¿Qué? No he cancelado los planes que tenía solo para venir y ver que te haces a un lado —Dijo Liam, empujando mi pecho desnudo con una de sus manos—. Ve a cambiarte, Harry.
—No lo creo.
Zayn se acercó hasta donde me encontraba. Sus ojos mieles me miraron suplicantes y eso me paralizó—Me dijiste que te pidiera ayuda si la necesitaba —Se encogió de hombros—. La necesito y hago esto porque sé…
—Sabemos que somos buenos —Dijo Louis, apoyando una mano en su hombro.

Me pasé una mano por el rostro, indispuesto, pero mi sueño lo valía.
El auto de Robin y el de mamá estarían estancados por tres semanas. La Ranger, camioneta que compartíamos con Gemma, no estaba, porque se la había llevado. Pero lo estaría luego, así que, la única plaza disponible era la de Betty, ya que todavía estaba en el taller. Tendría que sacrificar su espacio, para que pudiéramos ensayar.
Me alegré de que papá hubiera diseñado una cochera monstruosamente gigante, aunque no lo suficiente para un quinto transporte. No en esta casa, porque estaba seguro que en la suya había espacio como para seis, pero vivía en Los Ángeles.
Hice un gesto con la mano y los chicos comenzaron a descargar los equipos que habían traído en la vieja furgoneta de la mamá de Zayn. Los ayudé y comprobé que en realidad no era tan malo esto, porque había extrañado hacer cosas como estas con ellos.
A principios de la secundaria habíamos comenzado a mostrarnos interesados en la música. No sabíamos casi nada. Ni tocar una pandereta, no obstante, cada un encontró su lugar. Era bueno con la guitarra, igual que Niall. Liam tocaba el bajo, Louis el teclado y Zayn, quien aparentemente era bueno con el triángulo nada más, la batería.
Liam era el único que se animaba a cantar, pero luego lo hicimos todos.  Cantar era una manera de descargarnos, al menos, la mía. Porque, era como decir “quiero hacer esto y nadie me lo va impedir”, me convertía en otro. Y todo fue genial.
La gente que iba con nosotros a la escuela comenzó a escucharnos y a hacer pasar la voz. “One Direction”, como nos habíamos denominado, se hizo reconocer y la gente nos amó. Realmente nos amó. Las chicas que nunca nos miraron lo hicieron y los populares nos dieron un lugar, que más tarde fue únicamente nuestro, pero todo acabó.
Louis y Zayn se graduaron. Tocamos en  su baile de graduación y ese fue nuestro cierre de despedida, aunque hubiéramos podido continuar. El sueño finalmente había terminado, porque dos de nosotros tenían que crecer y mirar el mundo real. Después era nuestro turno, pero me retracté y conseguí que la señora B. me dejara un año más.
Y, otra vez, estábamos aquí. Luchando una vez más por nuestros sueños, ese que nos hacía perseguir la misma dirección.

Una hora más tarde me estaba arrepintiendo de todo. Los chicos no estaban contribuyendo en nada.
Después de armar todo y dejar prácticamente nada de lugar, para respirar, se sentaron a estar cada uno en su mundo. Sino era con el maldito teléfono, lo era con alguna portátil o la vista perdida. Me maldije mil veces antes de levantarme y comenzar a caminar, tratando de aliviar el dolor de cabeza que tenía.
— ¿Qué pasa, Hazza? —Preguntó Niall, dejando una bandeja repleta de comida chatarra que fue a buscar a su casa encima de un parlante.
Me detuve  y dije: — ¿Es en serio? —Él se encogió de hombros y miró la pantalla de su teléfono— ¡Basta!
Los cuatro me miraron— ¿Qué sucede? —Dijo Zayn.
—Me cansé de esta mierda —Señalé todo a mí alrededor, incluso, a ellos—. Se supone que estamos aquí para hacer música si queremos ganar, pero lo único que hacen es nada. Nada —Repetí, revolviéndome el pelo.
—No veo que tú estés haciendo algo —Acusó Liam.
—No sé…Quizás, los estoy esperando.
Zayn se levantó de su lugar y caminó hasta pararse a mi lado—Oigan, tranquilos —Dijo, levantando las manos y también sus baquetas. Me miró—. Creo que tienes razón, estamos siendo irracionales, porque todo debemos contribuir, pero aquí estamos haciendo nada.
—Apoyo a Malik.
La voz profunda y aterciopela que reconocí de Mackenzie, me hizo girar en redondo, para encontrármela parada sobre una de las columnas que dividía las plazas de la cochera. Su cabello alborotado, apenas tapando sus hombros, voló por los aire cuando lo agitó y una de sus perfectas cejas se arqueó cuando me vio mirándola.
Comenzó a caminar y me fue inevitable no mirar sus piernas descubiertas. Ella acarició las cuerdas de mi guitarra y después tomó asiento junto a Louis. Entonces, me miró y dijo: —Si quieren una banda cada uno debe actuar con responsabilidad, porque no es cosa de uno nada más.
—Lo sabemos —Dijo Louis—, pero es algo que no hacemos hace bastante tiempo.
—Es bastante difícil para nosotros, sobre todo, porque queremos ganar —Zayn volvió a su lugar y encendió un cigarrillo—. No tenemos práctica ni inspiración y necesitamos una canción propia.
—Y alguno de nosotros estamos teniendo problemas —Agregó Liam—. Esto es como un medio para desahogarse, pero ya no funciona.
Mackenzie se inclinó hasta apoyar las manos sobre sus rodillas, pareciendo aburrida con todas sus explicaciones—Entonces, háganlo funcionar.
Niall se carcajeó, casi atragantándose con una papa frita—Sabes que te considero una genio, ¿no? —Le preguntó sin esperar una respuesta—Pero te estás equivocando, no tenemos nada.
—Ni inspiración, conexión o lo que sea.
Ella codeó a Louis mientras soltaba un suspiro—Veamos, ¿están haciendo esto por alguien? O, ¿están deprimidos? ¿Enamorados?
Miré hacia otro lado, lejos de ella, sintiendo sus palabras llegar a  lo más profundo de mí. Sí, estaba haciendo esto por mí, porque no quería ser alguien más. Otro viejo frustrado. Y, también, porque no había nada que me aferraba a quedarme quieto. Ni siquiera mi familia por mucho que la amaba.
También, lo hacía por Zayn y ese bebé en camino. Por los demás. Porque quería demostrar que solo era una cuestión de tiempo; había que esperar y pronto lo tendríamos. Cumpliríamos nuestros sueños, pero si solo éramos pacientes y dejábamos al destino actuar sin dejar la fe.
Y, sí, por amor. Pero de otra clase. No ese que a muchos les gustaba creer.
Me acerqué más de lo necesario hasta ella, invadiendo su espacio personal y haciendo uso de mis artimañas, para hacerme ver más seguro de mí mismo y dije: —Estamos haciendo esto por muchas razones, pero no creo que el amor sea una fuente de inspiración.
— ¿No?
—No —Negué con la cabeza—. No vamos a escribir ninguna tonta canción de amor.


[1] Eagles; banda estadounidense de country rock y folk rock formada en Los Ángeles, California, EE.UU., en 1971.

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