Bajé las escaleras a toda prisa,
después de escuchar a Gemma llamarme reiteradas veces desde la planta baja.
Me había quedado dormido,
pensando en Mackenzie Lane y la forzosa charla que mantuvimos luego de terminar
de encender todas las velas. Su rostro había adquirido un poco de color rosáceo
gracias a las llamas y, también, a la sangre concentrada en sus mejillas. Se
había sentado en el sillón de un cuerpo y había cruzado los brazos sobre su
pecho, luciendo casi atormentada.
Me pregunté qué había hecho para
que estuviera de esa manera. Sin embargo, recordé sus palabras y a sus padres
divorciados. Casi pude jurar que ella era ese tipo de personas que había mencionado.
Sí, era eso o creer que era lo suficiente encantador como para abrumarla.
Me despatarré sobre el sofá,
tratando de lucir cómodo, y dije: —Así que, ¿no estás dañada?
Mackenzie levantó la mirada—
¿Qué?
—Te pregunto si no tienes algún
daño de nuestro pequeño accidente —Aclaré, sentándome erguido—, porque a mi
pequeña Betty tuve que llevarla al taller.
En medio de sus perfectas cejas
se formó una arruga. Logré oír los engranajes de su cabeza girar en medio de
tanto silencio y, cuando todo pareció encajar, también un clic. En aquel
momento, Mackenzie rompió a reír, llevando sus manos de su pecho a su vientre.
Fui seducido tan solo por ese
perfecto sonido; rasgado y profundo. Al parecer, no reía de esa manera hacía
mucho tiempo y por alguna extraña razón me encantó ser el causante de que lo
hiciera de nuevo. Y, de algún modo, terminé carcajeándome con ella hasta que
mis tripas comenzaron a acalambrarse por la falta de aire. Hasta que pequeñas
lágrimas hicieron su camino por mis mejillas. Hasta que comprendí que era la
primera chica, además de mi hermana, que no se me había tirado encima.
Cuando logró componerse un poco,
dijo: — ¿Llamaste a tu moto “Betty”?
—S…Sí, ¿acaso de niña no has
llamado a tu muñeca “Barbie”?
Ella rio mucho más con ese
comentario mientras negaba efusivamente con la cabeza, pero de pronto calló—No,
nunca…Porque nunca tuve una Barbie.
Le regalé mi mejor mirada de “vamos,
no juegues”, pero realmente me sorprendió ver que su rostro no se inmutó. Se
paró de su asiento. Su mirada había vuelto a recuperar petulancia y, parada
ante mí, me hizo creer por un momento que era pequeño. Muy pequeño. Aunque,
teníamos la misma edad. Aunque, era considerado como una persona vanidosa.
Malditamente increíble.
—Odio las Barbies, Dios sabe
realmente cuánto lo hago —Dijo mirando hacia arriba. Una de las comisuras de su
boca amenazó con levantarse, pero no lo hizo, ya que su teléfono comenzó a
tocar de un momento a otro—. Será mejor que me vaya…
—Harry —Dije, levantándome para
quedar frente a frente.
Levantó la mirada de la pantalla—Sí,
ya lo sabía, mi hermana es la mejor amiga de tu hermana y ellas cada tanto te
mencionan —Se encogió de hombros.
— ¿Ah? Soy el mejor amigo de tu
hermanastro y el hermano de una de tus amigas —Dije, metiendo las manos dentro
de los bolsillos traseros de mi pantalón—. No sabía de tu existencia hasta
hace, ¿cuarenta y ocho horas? —Rodé los ojos mientras la seguía hasta la puerta—Solo
digo.
Volteó, estrellando una de sus
delicadas manos contra mi pecho. Por un momento, pensé que tomaría un puñado de
mi remera y me acercaría hasta chocar con su torso, pero no lo hizo. Solo
quería saludarme—Mackenzie Lane.
Su nombre hizo eco en mis oídos—Mac…
La palabra se escapó de mis
labios y pareció igual de suave que la seda, igual de adictiva que el chocolate
caliente en invierno. Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa, pero solo fue
por un momento. Los Aerosmith volvieron a romper el silencio y ellos fueron su
salvación.
—Bueno, adiós.
Bajó rápidamente las escaleras y
corrió por el único camino que se podía ir, ya que lo demás estaba cubierto por
las flores de mamá. Ella era capaz de
sacar lo peor de sí si veía que le habían hecho algo a sus tulipanes.
Mis ojos la siguieron hasta que
no la pude ver más, deseando saber qué rayos me pasaba con ella. Una completa
desconocida que había hecho cosas que nadie hizo.
—Harry, Harry, ¡Harry!
El grito de mamá me despertó de
mi ensoñación, dejándome desorientado. Miré a todos lados, notando que me
encontraba recostado en el barandal de la escalera, hasta que enfoqué los ojos
en ella. Su rostro se notaba sorprendido a diferencia del de Robin y el de
Gemma, ambos estaban reprimiendo una sonrisa.
Me pasé una mano por los ojos,
tratando de despabilarme, y luego bostecé— ¿Ya se van?
—Creo que es lo que hemos estado
diciéndolos últimos cinco minutos —Dijo mamá, sonando notablemente molesta.
Sonreí, poniendo mi mejor cara de
niño bueno—Ya, mamá, perdón —Me levanté y caminé hasta ella, para estrecharla
en mis brazos—. No he tenido una buena noche.
— ¿Te encuentras bien, hijo?
Sus manos acunaron mi rostro y
sus ojos lo examinaron, tratando de encontrar lo malo. Al asentir con la cabeza
me soltó, pero fue para abrazarme. Ella realmente se preocupaba mucho por
nosotros que hasta era capaz de cancelar sus vacaciones, lo sabía, porque su
preocupación la hizo abandonar su trabajo.
Sí. Cuando apenas había ingresado
en el equipo de vóleibol, en segundo año, me gané una lesión y necesitaba hacer
reposo. Ella no soportó la idea de
dejarme solo sin ninguna ayuda. Solo había pasado una hora y ella estaba de
vuelta en la casa. Luego, simplemente siempre estuvo allí; para cuando Gemma
rompió con su primer novio, cuando me fui a competir a las nacionales o fuimos
todos a ver a Eagles[1] en Los
Ángeles y perdimos nuestro bus. Siempre. No iba a vacilar si me veía mal.
Besé su cabello y dije: —No te
preocupes, en verdad, solo tuve un par de pesadillas.
—Anne, será mejor que nos
apuremos —Dijo Robin, tomando las maletas—o llegaremos tarde al aeropuerto.
—Claro.
Le di un último beso antes de acercarme
a Robin y quitarle una de las maletas—Déjame que te ayudo.
El taxista los estaba esperando,
para ayudarlos con el equipaje. Me encaminé hasta la parte trasera y le dejé la
maleta que llevaba, también la de Robin.
Mamá se había quedado unos metros atrás, hablando y despidiéndose de
Gemma. Seguramente le estaba recordando donde había dejado los números anotados
en caso de emergencia y como debía portarse, lo mismo haría conmigo.
—Bien, hijo, nos vemos en tres
semanas —Dijo Robin, palmeando mi espalda.
Pasé uno de mis brazos por sus
hombros y sonreí—Claro, viejo.
Él se carcajeó y se alejó, para
despedirse de Gemma, cuando mamá acabó. Ella me sonrió y acarició mi mejilla
antes de envolverme en abrazo. Como si se estaba por marchar a la guerra.
—Mamá —La llamé, recibiendo un
“humm” —, se les hará tarde.
Se apartó un poco—Claro, Harry —Besó
mi mejilla—. Procura que tu hermana se comporte.
Me da una palmadita en la mejilla
antes de soltarme e ir hasta el choche, donde Robin la estaba esperando. Me
junté con mi hermana y juntos levantamos la mano, lo más sonriente posible,
hasta ver el auto desaparecer. Entonces, éramos libres.
Gemma dio
saltitos mientras aplaudía y gritaba: — ¡Por fin! Necesito llamar a las chicas…
— ¡Alto ahí,
Gemma! —Dije, poniendo mi mejor voz de chico malote—No quiero a chicas
descontroladas por la casa ni fiestas clandestinas y, sobre todo, nada que haga
a mamá volver, ¿capisce?
Ella rodó los
ojos antes de darse la vuelta y aventarme el pelo contra la cara. Si no hubiera
estado tan adormilado y teniendo mis pensamientos enfocados en otra cosa, le
habría devuelto el golpe. Así que, simplemente dejé escapar un audible suspiro
y caminé hasta la casa dispuesto a conseguir algunas horas más de sueño.
Porque esto iba
a ser difícil.
Mi cabeza dio
vueltas y mis ojos se cerraron cuando intenté abrirlos. No podía hacerlo, sin
embargo, eso no impidió que el timbre siguiera sonando.
Antes de volver
a taparme hasta la cabeza, grité: — ¡Gemma, abre la maldita puerta!
Aunque grité lo
suficientemente alto, para que toda la cuadra me escuchara, no hubo respuesta.
El timbre simplemente siguió sonando y, en mi camino hasta la planta baja, me
hizo cuestionar qué era tan urgente. Quizás, mamá tuvo un accidente.
El pensamiento
me hizo caminar más rápido y, en menos de los que podía contar hasta diez,
estaba abriendo la puerta. El dedo de Louis se quedó a medio camino de llegar
al timbre y su rostro borró una gran sonrisa al ver el mío. Él miró hacia otro lado, entonces, noté a los
demás parados a unos metros, tratando de contener una sonrisa.
Finalmente
Niall se acercó y, haciéndome a un lado, entró—Por fin, viejo, tienes el sueño más pesado que Zayn —Resopló,
tirándose en el sofá.
Lo ignoré y
dejé a los demás pasar—Bien, cierren la
puerta cuando se vayan.
— ¿Qué? No he
cancelado los planes que tenía solo para venir y ver que te haces a un lado —Dijo
Liam, empujando mi pecho desnudo con una de sus manos—. Ve a cambiarte, Harry.
—No lo creo.
Zayn se acercó
hasta donde me encontraba. Sus ojos mieles me miraron suplicantes y eso me
paralizó—Me dijiste que te pidiera ayuda si la necesitaba —Se encogió de
hombros—. La necesito y hago esto porque sé…
—Sabemos que
somos buenos —Dijo Louis, apoyando una mano en su hombro.
Me pasé una
mano por el rostro, indispuesto, pero mi sueño lo valía.
El auto de
Robin y el de mamá estarían estancados por tres semanas. La Ranger, camioneta
que compartíamos con Gemma, no estaba, porque se la había llevado. Pero lo
estaría luego, así que, la única plaza disponible era la de Betty, ya que
todavía estaba en el taller. Tendría que sacrificar su espacio, para que pudiéramos
ensayar.
Me alegré de
que papá hubiera diseñado una cochera monstruosamente gigante, aunque no lo
suficiente para un quinto transporte. No en esta casa, porque estaba seguro que
en la suya había espacio como para seis, pero vivía en Los Ángeles.
Hice un gesto con
la mano y los chicos comenzaron a descargar los equipos que habían traído en la
vieja furgoneta de la mamá de Zayn. Los ayudé y comprobé que en realidad no era
tan malo esto, porque había extrañado hacer cosas como estas con ellos.
A principios de
la secundaria habíamos comenzado a mostrarnos interesados en la música. No
sabíamos casi nada. Ni tocar una pandereta, no obstante, cada un encontró su
lugar. Era bueno con la guitarra, igual que Niall. Liam tocaba el bajo, Louis
el teclado y Zayn, quien aparentemente era bueno con el triángulo nada más, la batería.
Liam era el
único que se animaba a cantar, pero luego lo hicimos todos. Cantar era una manera de descargarnos, al
menos, la mía. Porque, era como decir “quiero hacer esto y nadie me lo va
impedir”, me convertía en otro. Y todo fue genial.
La gente que
iba con nosotros a la escuela comenzó a escucharnos y a hacer pasar la voz. “One
Direction”, como nos habíamos denominado, se hizo reconocer y la gente nos amó.
Realmente nos amó. Las chicas que nunca nos miraron lo hicieron y los populares
nos dieron un lugar, que más tarde fue únicamente nuestro, pero todo acabó.
Louis y Zayn se
graduaron. Tocamos en su baile de
graduación y ese fue nuestro cierre de despedida, aunque hubiéramos podido
continuar. El sueño finalmente había terminado, porque dos de nosotros tenían
que crecer y mirar el mundo real. Después era nuestro turno, pero me retracté y
conseguí que la señora B. me dejara un año más.
Y, otra vez, estábamos
aquí. Luchando una vez más por nuestros sueños, ese que nos hacía perseguir la
misma dirección.
Una hora más
tarde me estaba arrepintiendo de todo. Los chicos no estaban contribuyendo en
nada.
Después de
armar todo y dejar prácticamente nada de lugar, para respirar, se sentaron a
estar cada uno en su mundo. Sino era con el maldito teléfono, lo era con alguna
portátil o la vista perdida. Me maldije mil veces antes de levantarme y
comenzar a caminar, tratando de aliviar el dolor de cabeza que tenía.
— ¿Qué pasa, Hazza?
—Preguntó Niall, dejando una bandeja repleta de comida chatarra que fue a
buscar a su casa encima de un parlante.
Me detuve y dije: — ¿Es en serio? —Él se encogió de
hombros y miró la pantalla de su teléfono— ¡Basta!
Los cuatro me
miraron— ¿Qué sucede? —Dijo Zayn.
—Me cansé de
esta mierda —Señalé todo a mí alrededor, incluso, a ellos—. Se supone que
estamos aquí para hacer música si queremos ganar, pero lo único que hacen es
nada. Nada —Repetí, revolviéndome el pelo.
—No veo que tú
estés haciendo algo —Acusó Liam.
—No sé…Quizás,
los estoy esperando.
Zayn se levantó
de su lugar y caminó hasta pararse a mi lado—Oigan, tranquilos —Dijo,
levantando las manos y también sus baquetas. Me miró—. Creo que tienes razón,
estamos siendo irracionales, porque todo debemos contribuir, pero aquí estamos
haciendo nada.
—Apoyo a Malik.
La voz profunda
y aterciopela que reconocí de Mackenzie, me hizo girar en redondo, para encontrármela
parada sobre una de las columnas que dividía las plazas de la cochera. Su cabello
alborotado, apenas tapando sus hombros, voló por los aire cuando lo agitó y una
de sus perfectas cejas se arqueó cuando me vio mirándola.
Comenzó a
caminar y me fue inevitable no mirar sus piernas descubiertas. Ella acarició
las cuerdas de mi guitarra y después tomó asiento junto a Louis. Entonces, me
miró y dijo: —Si quieren una banda cada uno debe actuar con responsabilidad,
porque no es cosa de uno nada más.
—Lo sabemos —Dijo
Louis—, pero es algo que no hacemos hace bastante tiempo.
—Es bastante difícil
para nosotros, sobre todo, porque queremos ganar —Zayn volvió a su lugar y
encendió un cigarrillo—. No tenemos práctica ni inspiración y necesitamos una
canción propia.
—Y alguno de
nosotros estamos teniendo problemas —Agregó Liam—. Esto es como un medio para
desahogarse, pero ya no funciona.
Mackenzie se
inclinó hasta apoyar las manos sobre sus rodillas, pareciendo aburrida con
todas sus explicaciones—Entonces, háganlo funcionar.
Niall se
carcajeó, casi atragantándose con una papa frita—Sabes que te considero una
genio, ¿no? —Le preguntó sin esperar una respuesta—Pero te estás equivocando,
no tenemos nada.
—Ni
inspiración, conexión o lo que sea.
Ella codeó a
Louis mientras soltaba un suspiro—Veamos, ¿están haciendo esto por alguien? O,
¿están deprimidos? ¿Enamorados?
Miré hacia otro
lado, lejos de ella, sintiendo sus palabras llegar a lo más profundo de mí. Sí, estaba haciendo
esto por mí, porque no quería ser alguien más. Otro viejo frustrado. Y,
también, porque no había nada que me aferraba a quedarme quieto. Ni siquiera mi
familia por mucho que la amaba.
También, lo
hacía por Zayn y ese bebé en camino. Por los demás. Porque quería demostrar que
solo era una cuestión de tiempo; había que esperar y pronto lo tendríamos. Cumpliríamos
nuestros sueños, pero si solo éramos pacientes y dejábamos al destino actuar
sin dejar la fe.
Y, sí, por amor.
Pero de otra clase. No ese que a muchos les gustaba creer.
Me acerqué más
de lo necesario hasta ella, invadiendo su espacio personal y haciendo uso de
mis artimañas, para hacerme ver más seguro de mí mismo y dije: —Estamos
haciendo esto por muchas razones, pero no creo que el amor sea una fuente de inspiración.
— ¿No?
—No —Negué con
la cabeza—. No vamos a escribir ninguna tonta canción de amor.
[1]
Eagles; banda estadounidense de country rock y folk rock formada en Los Ángeles,
California, EE.UU., en 1971.
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