El corazón parecía querer
escaparse en cualquier momento de mi caja torácica, dejándome a la deriva con
todo el cuerpo vibrando de adrenalina
pura. Pasé zumbando cerca de un camión y seguidamente de un convertible
que se me hacía conocido. Quizás, era de Felicite Skinner.
Estuve tentado a dar la vuelta y
seguirla, pero también quería volver a casa. Me había despedido de los chicos
tiempo atrás y no les dije nada acerca del concurso, pero estaba seguro de
hacerlo después. Cuando la cabeza no me diera vueltas y cuando dejara de pensar
un poco en Mackenzie Lane, la hermanastra que nunca había conocido de Louis.
Ella se había convertido en un
enigma sin resolver, porque ni siquiera podía imaginarme como era su rostro o
el sonido de su voz. Mientras más la pensaba caí en la cuenta de cuánta razón
tuvo Louis al decir que nunca había asistido a una de sus fiestas de
cumpleaños. Siempre que llegaba a una me las arreglaba, para escabullirme de
allí con una rubia bajo mi brazo hacia el asiento trasero de su auto. Ningún rollo duraba demasiado, por lo siempre
eran un par o más en la misma noche.
Deseé haber estado al menos un
minuto en algunas de ellas y así darle forma a una imagen desdibujada de
Mackenzie, pero eso no pasaría. Era demasiado tarde, solo quedaba poder
cruzarme con ella en algún momento este verano.
A lo lejos, divisé la casa del
árbol que se encontraba en la frontera del patio de casa y del de los Horan.
Papá la construyó el último verano que vivió con nosotros y era una réplica de
la casa grande. Ventanas y tejados de estilo victoriano color caoba. Paredes
empedradas. Columnas con infinidades de detalles en sus terminaciones. Un firme
porche sobresaliendo de la frondosidad donde por las noches se podía observar
las estrellas que, me animaba a decir, creaba un ambiente romántico. La única
diferencia era la escalera caracol, rodeando el viejo tronco, que daba la
bienvenida.
Era mi lugar favorito después de
la cafetería de tía Kerry, allí pasaba largas e interminables noches, dejando a
mis dedos liberarse y rasgar las cuerdas de mi guitarra. Algunas otras invitaba
a los chicos y otras solo observaba las estrellas, deseando ser una de ellas.
La casa del árbol fue el mejor
regalo que recibimos de papá, solo que Gemma lo apreció hasta que comenzó la
secundaria, pero yo lo haría hasta el fin de mis días. No había manera de que
pudiera solo dejarla de lado.
Suspiré, sintiendo mis
palpitaciones relajarse, y desaceleré para poder entrar en la calzada.
Entonces, no supe en qué momento ocurrió. Ella cayó de su bicicleta unos metros
más alejada, dejándome sin respiración por un momento. Corrí, tirando a Betty
en el proceso contra el duro cemento, y me acerqué hasta donde se encontraba.
Las luces de las farolas,
hicieron que mi sombra me impidiera verla bien. Sin embargo, unos escasos
metros bastaron para que pudiera ver resplandecer el fuego en sus ojos
chocolate y también el contorno rojizo.
Tenía que retroceder, pero no lo hice.
Mi cabeza dio vueltas mientras me preguntaba donde había visto esa misma
mirada; herida y a la vez tan petulante.
Donde el chocolate parecía fundirse en el fondo, estaba caliente y amargo. Muy
amargo.
— ¿Estás bien? —Pregunté cuando
logré encontrar mi voz.
Se sentó, apoyando las manos en
sus rodillas, mientras hacía una mueca. Su corto cabello cayó sobre su rostro
ocultándolo cuando comenzó a levantarse y, entre tanto, pude oírla decir: —Podría
estar mejor.
— ¿Disculpa?
Nos miramos por lo que me parecieron
siglos, ignorando a su celular llamando
o a mi hermana abriendo la puerta de la casa. Tención se construyó en medio del
silencio, haciendo mucho más ruido que su tono de los Aerosmith[1].
Su cabello había despejado su
rostro marfil, dejando que pudiera apreciar todos sus rasgos. Desde sus largas
pestañas, las pecas en su nariz hasta las arrugas de sus rellenos labios. No
obstante, por alguna razón, su rostro tenía capas y no supe por qué me imaginé
que solo nosotros éramos conscientes de ellas.
Decidí que había tenido
suficiente. Hice una mueca de indignación, levantando las manos al aire antes
de darme la media vuelta y ocuparme de
Betty. Su costado izquierdo tenía un pequeño raspón, que me hizo reprimir un
gemido de protesta. La llevé hasta la cochera, prometiéndole llevarla al mejor
taller en la mañana.
Mi Harley era uno de mis objetos
más apreciados y una chiquilla que ni siquiera respondía a un maldito llamado,
la había dañado. Ella. Pagaría. Muy. Caro.
Gemma estaba a su lado en el
momento que volví, preguntándole quién sabe qué. Me acerqué lo suficiente para
escucharla decir: —…Sabes que puedo llevarte, Mackenzie. Mi hermano fue un
estúpido.
—No, estoy realmente bien, no te
preocupes —Dijo, sonriéndole o al menos eso parecía.
Joder, ¿ella era Mackenzie Lane?
La miré nuevamente tratando de
encontrar el parecido entre ella y Jane, su hermana, pero además del color
castaño oscuro del pelo no había nada más. Mackenzie me captó mirándola más de
lo debido, desde la punta de los pies hasta el último cabello en su cabeza, y
enarcó una ceja.
Definitivamente no se parecía en
nada a la clase de chica con la que me iría de una fiesta o en medio de una
clase de historia, pero la verdad era
que podía comenzar a serlo. Rompía mis esquemas y eso jodidamente me gustaba.
Tecleó algo en su celular y se
montó en la bicicleta—Será mejor que me vaya.
—Claro, ¿nos vemos mañana?
—Seguro —Me miró una vez más y
fue como si se estuviera despidiendo de mí—. Adiós.
La vi alejarse hasta que no
estuvo al alcance de mi vista, preguntándome qué diablos había ocurrido y por
qué si estaba seguro que nunca la había visto sentía como si de algún modo
la conocía. Como si la conocía de un
modo que nadie más.
— ¿Ese es tu plan para el verano?
—Preguntó Niall, llevándose una papa a la boca.
Asentí esperando que los demás
dijeran algo, sin embargo, estaban más callados que de costumbre. Era la
primera vez que nos veíamos desde el día de mi graduación y el ambiente entre
nosotros se sentía pesado. Como si hubiera habido palabras que no debieron ser
dichas. Nunca.
La sala en la casa del árbol se
veía pequeña con los cinco allí, pero eso no molestaba nada. Cada uno tenía su
espacio sin molestar a otro. Sentado en medio del umbral que conectaba con el
porche, miré hacia el patio trasero de casa. Gemma y sus amigas, las hermanas
Lane, estaban allí tomando sol y carcajeándose cada tanto. Una tarde de chicas.
Mi vista se dirigió a Mackenzie,
quien parecía distante y solitaria. Su cabello estaba atado en un moño
desordenado y no podía ver sus ojos, ya que eran cubiertos por unos Ray-Bans.
Su cuerpo no parecía quemado en absoluto en su traje de baño rojo fuego, pero
era porque los rayos del sol tenían un efecto tardío. Cuando habían comenzado
sus piernas eran mucho más blancas, casi como la nieve.
Gruñí levente, volteando el
rostro para concentrarme en los chicos, y dije: — ¿Qué les parece?
—Ya no hacemos esto, Harry —Dijo
Louis, haciendo una mueca mientras miraba a Liam.
—No hay manera —Liam negó con la
cabeza—, es decir, ¿qué te hace pensar que ganaremos?
— ¿Es broma? Hemos hecho esto
desde los trece y somos buenos…
—Lo siento, Hazza, pero necesito
encontrar un trabajo este verano —Dijo Zayn mientras pasaba una mano por su
pequeña barba de dos o tres días. Un pequeño tic nervioso—. Voy a tener un bebé
en casi nada. Dos o tres meses.
Lo miré frunciendo el ceño y me
carcajeé seguidamente, creyendo que me estaba jugando una broma de mal gusto.
Pero solo pensarlo sonaba raro, por Dios, era Zayn Malik. El chico se enrollaba
con cualquiera y nunca contrajo una ETP[2]. Ni
siquiera mono[3].
Y simplemente tendría un bebé, una pequeña vida, dentro de nada.
Repentinamente me callé,
sintiendo una bomba explotar en mí. Si era pesado para alguien como yo, me
imaginaba como se encontraba el pobre Zayn. Asustado y abatido, pero era algo
que tampoco sabríamos, ya que era muy cerrado. Guau, iba a ser tío.
Me acerqué, para palmearle la
espalda—Felicidades, hermano, ¿ya se sabe qué será?
Él se veía real y completamente
confundido ante la pegunta, sin embargo, sacudió la cabeza negando—No, al
parecer Perrie no quiere saber aún.
Supuse que Perrie sería la madre
del bebé, así que, no le pregunté por ella—Cuenta conmigo si necesitas ayuda —Me levanté y comencé a caminar.
No sabía qué hacer o qué decir.
Mi plan se había ido al tacho con esas simples palabras y no pretendía obligar
a mis amigos a nada. Suspiré profundamente, sintiendo que la vida parecía
hacerse más difícil día a día y que repetirme esa canción Never say never, ya no me servía de nada. Porque al fin y al cabo,
mis sueños y los medios para lograrlos se alejaban lentamente hacía una barrera
donde no podía cruzar. Nunca los tendría de nuevo.
Un sonido de afuera me despertó,
provocando que cayera sobre el suelo pelado. Afortunadamente, para mi espalda,
el colchón no estaba sobre una cama muy alta.
Miré desorientado hacia todos
lados, tratando de ubicar donde me encontraba. En la penumbra de la habitación
recordé que me encontraba en la casa del árbol. Después de mi inútil charla con
los chicos había corrido a refugiarme en la única habitación de la casa,
deseando poder dormirme y despertar en una realidad mejor. Pero, ¿qué sucedió?
Nada.
Otra vez volví a soñar nada más
que con esa pequeña niña de mirada furiosa y cabellos largos. Esa que era más
especial que quien esperaba. Y, otra vez, un vacío me provocaba querer sollozar,
porque aquella fue la primera y única vez la vi en toda mi vida. Quizás, la
última, también.
Un ruido en la sala me hizo
levantar del piso y caminar hasta el umbral, para espiar por una pequeña hendija.
La luz de la Luna se filtraba entre las ramas, creando diversos esquemas que me
impedían ver bien. Sin embargo, cerca del mueble que estaba al lado de la ventana se hallaba
una silueta.
Entonces, ella dio la vuelta,
para apreciar mejor el portarretratos que llevaba en las manos. Lo acarició
lentamente como si temiera que fuera a desaparecer. El rostro de Mackenzie se
contrajo por un momento, provocando que me preguntara qué le sucedía.
Salí de mi escondite seguro de
que no era ningún maldito ladrón, sino ella, y dije: — ¿Qué haces aquí?
El portarretrato resbaló de sus
manos y el vidrio rompiéndose hizo eco en medio del silencio. Sus ojos me
miraron con cierto temor brillando en el fondo. Su boca semi-abierta fue una
tentación que me impidió formular un pensamiento coherente. Todo lo que podía
hacer era imaginarme arrinconándola entre el mueble y mi cuerpo, para después
acariciar en todo los lugares posibles y besar hasta el último rincón de su
alma.
Porque, diablos, ella era increíblemente
hermosa.
Sacudí la cabeza y me acerqué
hasta donde habían caído los restos rotos. La imagen de mi cumpleaños número
cinco, donde me encontraba abrazando a la chica de mis sueños junto a todos mis
amigos, estaba entre ellos. Otra duda me invadió, no obstante, no dije nada.
—Lo siento —La escuché decir antes de verla acuclillada
frente a mí, comenzando a juntar los restos también.
Sonreí—No te preocupes, lo
importante era la foto…
Mi mano atrapó la suya en el
proceso, sin querer, y una descarga eléctrica me recorrió de pies a cabeza.
Nuestros ojos se encontraron en ese preciso momento y podía jurar que le había
sucedido lo mismo, sin embargo, cunado apartó su mano todo pensamiento decayó.
Otro vacío, similar al que padecía cuando despertaba y acababa de soñar con mi
chica, se instaló en la boca de mi estómago.
¿Qué me sucedía?
—Así que, ¿una casa del árbol? —Preguntó
mientras se paraba y comenzaba a recorrer el perímetro.
Asentí, dejando todo encima del
mueble donde se encontraba la foto anteriormente—Sí, mi padre la construyó
antes de divorciarse de mamá.
Comencé a prender las velas esparcidas
por toda la casa, para que hubiera más iluminación. Sin embargo, temía que eso
me jugara en contra.
—Lo siento —Dijo, mordiéndose el
labio inferior.
— ¿Por qué?
—No quería traerte un mal
recuerdo —La vi tiritar ante sus propias palabras—. Algunas personas no se
toman estas cosas muy bien.
Sonreí mientras me detenía a
enfrentarla—Bueno, no soy una de esas personas —Me miró, enarcando una perfecta
ceja de alta definición—. No lo sientas —Le guiñé, comenzando de nuevo con la
velas.
Necesitaba mantener mis manos y
mi mente ocupadas, sino quería hacer algo estúpido. Me maldije mil veces por
ser un casanova, porque si no hubiera sido lo que era ella sería mi prioridad a
conquistar.
[1]
Aerosmith; banda estadounidense de hard rock. También conocidos como "Los
chicos malos de Boston" o "La banda de Rock más grande de
América".
[2]
ETP; enfermedad de trasmisión sexual.
[3]
Mono; conocida como la enfermedad del beso, la mononucleosis infecciosa es
causada por un virus que pertenece a la familia del herpes.

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