domingo, 9 de marzo de 2014

Inepto


Una pequeña brisa provocó que me estremeciera, sin embargo, eso no hizo que aminorara la velocidad.
El corazón parecía querer escaparse en cualquier momento de mi caja torácica, dejándome a la deriva con todo el cuerpo vibrando de adrenalina  pura. Pasé zumbando cerca de un camión y seguidamente de un convertible que se me hacía conocido. Quizás, era de Felicite Skinner.
Estuve tentado a dar la vuelta y seguirla, pero también quería volver a casa. Me había despedido de los chicos tiempo atrás y no les dije nada acerca del concurso, pero estaba seguro de hacerlo después. Cuando la cabeza no me diera vueltas y cuando dejara de pensar un poco en Mackenzie Lane, la hermanastra que nunca había conocido de Louis.
Ella se había convertido en un enigma sin resolver, porque ni siquiera podía imaginarme como era su rostro o el sonido de su voz. Mientras más la pensaba caí en la cuenta de cuánta razón tuvo Louis al decir que nunca había asistido a una de sus fiestas de cumpleaños. Siempre que llegaba a una me las arreglaba, para escabullirme de allí con una rubia bajo mi brazo hacia el asiento trasero de su auto.  Ningún rollo duraba demasiado, por lo siempre eran un par o más en la misma noche.
Deseé haber estado al menos un minuto en algunas de ellas y así darle forma a una imagen desdibujada de Mackenzie, pero eso no pasaría. Era demasiado tarde, solo quedaba poder cruzarme con ella en algún momento este verano.
A lo lejos, divisé la casa del árbol que se encontraba en la frontera del patio de casa y del de los Horan. Papá la construyó el último verano que vivió con nosotros y era una réplica de la casa grande. Ventanas y tejados de estilo victoriano color caoba. Paredes empedradas. Columnas con infinidades de detalles en sus terminaciones. Un firme porche sobresaliendo de la frondosidad donde por las noches se podía observar las estrellas que, me animaba a decir, creaba un ambiente romántico. La única diferencia era la escalera caracol, rodeando el viejo tronco, que daba la bienvenida.
Era mi lugar favorito después de la cafetería de tía Kerry, allí pasaba largas e interminables noches, dejando a mis dedos liberarse y rasgar las cuerdas de mi guitarra. Algunas otras invitaba a los chicos y otras solo observaba las estrellas, deseando ser una de ellas.
La casa del árbol fue el mejor regalo que recibimos de papá, solo que Gemma lo apreció hasta que comenzó la secundaria, pero yo lo haría hasta el fin de mis días. No había manera de que pudiera solo dejarla de lado.
Suspiré, sintiendo mis palpitaciones relajarse, y desaceleré para poder entrar en la calzada. Entonces, no supe en qué momento ocurrió. Ella cayó de su bicicleta unos metros más alejada, dejándome sin respiración por un momento. Corrí, tirando a Betty en el proceso contra el duro cemento, y me acerqué hasta donde se encontraba.
Las luces de las farolas, hicieron que mi sombra me impidiera verla bien. Sin embargo, unos escasos metros bastaron para que pudiera ver resplandecer el fuego en sus ojos chocolate y también el contorno rojizo.
Tenía que retroceder, pero no lo hice. Mi cabeza dio vueltas mientras me preguntaba donde había visto esa misma mirada; herida y a la  vez tan petulante. Donde el chocolate parecía fundirse en el fondo, estaba caliente y amargo. Muy amargo.
— ¿Estás bien? —Pregunté cuando logré encontrar mi voz.
Se sentó, apoyando las manos en sus rodillas, mientras hacía una mueca. Su corto cabello cayó sobre su rostro ocultándolo cuando comenzó a levantarse y, entre tanto, pude oírla decir: —Podría estar mejor.
— ¿Disculpa?
Nos miramos por lo que me parecieron siglos, ignorando  a su celular llamando o a mi hermana abriendo la puerta de la casa. Tención se construyó en medio del silencio, haciendo mucho más ruido que su tono de los Aerosmith[1].
Su cabello había despejado su rostro marfil, dejando que pudiera apreciar todos sus rasgos. Desde sus largas pestañas, las pecas en su nariz hasta las arrugas de sus rellenos labios. No obstante, por alguna razón, su rostro tenía capas y no supe por qué me imaginé que solo nosotros éramos conscientes de ellas.
Decidí que había tenido suficiente. Hice una mueca de indignación, levantando las manos al aire antes de darme la media vuelta  y ocuparme de Betty. Su costado izquierdo tenía un pequeño raspón, que me hizo reprimir un gemido de protesta. La llevé hasta la cochera, prometiéndole llevarla al mejor taller en la mañana.
Mi Harley era uno de mis objetos más apreciados y una chiquilla que ni siquiera respondía a un maldito llamado, la había dañado. Ella. Pagaría. Muy. Caro.
Gemma estaba a su lado en el momento que volví, preguntándole quién sabe qué. Me acerqué lo suficiente para escucharla decir: —…Sabes que puedo llevarte, Mackenzie. Mi hermano fue un estúpido.
—No, estoy realmente bien, no te preocupes —Dijo, sonriéndole o al menos eso parecía.
Joder, ¿ella era Mackenzie Lane?
La miré nuevamente tratando de encontrar el parecido entre ella y Jane, su hermana, pero además del color castaño oscuro del pelo no había nada más. Mackenzie me captó mirándola más de lo debido, desde la punta de los pies hasta el último cabello en su cabeza, y enarcó una ceja.
Definitivamente no se parecía en nada a la clase de chica con la que me iría de una fiesta o en medio de una clase de historia,  pero la verdad era que podía comenzar a serlo. Rompía mis esquemas y eso jodidamente me gustaba.
Tecleó algo en su celular y se montó en la bicicleta—Será mejor que me vaya.
—Claro, ¿nos vemos mañana?
—Seguro —Me miró una vez más y fue como si se estuviera despidiendo de mí—. Adiós.
La vi alejarse hasta que no estuvo al alcance de mi vista, preguntándome qué diablos había ocurrido y por qué si estaba seguro que nunca la había visto sentía como si de algún modo la  conocía. Como si la conocía de un modo que nadie más.

— ¿Ese es tu plan para el verano? —Preguntó Niall, llevándose una papa a la boca.
Asentí esperando que los demás dijeran algo, sin embargo, estaban más callados que de costumbre. Era la primera vez que nos veíamos desde el día de mi graduación y el ambiente entre nosotros se sentía pesado. Como si hubiera habido palabras que no debieron ser dichas. Nunca.
La sala en la casa del árbol se veía pequeña con los cinco allí, pero eso no molestaba nada. Cada uno tenía su espacio sin molestar a otro. Sentado en medio del umbral que conectaba con el porche, miré hacia el patio trasero de casa. Gemma y sus amigas, las hermanas Lane, estaban allí tomando sol y carcajeándose cada tanto. Una tarde de chicas.
Mi vista se dirigió a Mackenzie, quien parecía distante y solitaria. Su cabello estaba atado en un moño desordenado y no podía ver sus ojos, ya que eran cubiertos por unos Ray-Bans. Su cuerpo no parecía quemado en absoluto en su traje de baño rojo fuego, pero era porque los rayos del sol tenían un efecto tardío. Cuando habían comenzado sus piernas eran mucho más blancas, casi como la nieve.
Gruñí levente, volteando el rostro para concentrarme en los chicos, y dije: — ¿Qué les parece?
—Ya no hacemos esto, Harry —Dijo Louis, haciendo una mueca mientras miraba a Liam.
—No hay manera —Liam negó con la cabeza—, es decir, ¿qué te hace pensar que ganaremos?
— ¿Es broma? Hemos hecho esto desde los trece y somos buenos…
—Lo siento, Hazza, pero necesito encontrar un trabajo este verano —Dijo Zayn mientras pasaba una mano por su pequeña barba de dos o tres días. Un pequeño tic nervioso—. Voy a tener un bebé en casi nada. Dos o tres meses.
Lo miré frunciendo el ceño y me carcajeé seguidamente, creyendo que me estaba jugando una broma de mal gusto. Pero solo pensarlo sonaba raro, por Dios, era Zayn Malik. El chico se enrollaba con cualquiera y nunca contrajo una ETP[2]. Ni siquiera mono[3]. Y simplemente tendría un bebé, una pequeña vida, dentro de nada.
Repentinamente me callé, sintiendo una bomba explotar en mí. Si era pesado para alguien como yo, me imaginaba como se encontraba el pobre Zayn. Asustado y abatido, pero era algo que tampoco sabríamos, ya que era muy cerrado. Guau, iba a ser tío.
Me acerqué, para palmearle la espalda—Felicidades, hermano, ¿ya se sabe qué será?
Él se veía real y completamente confundido ante la pegunta, sin embargo, sacudió la cabeza negando—No, al parecer Perrie no quiere saber aún.
Supuse que Perrie sería la madre del bebé, así que, no le pregunté por ella—Cuenta conmigo si necesitas ayuda —Me  levanté y comencé a caminar.
No sabía qué hacer o qué decir. Mi plan se había ido al tacho con esas simples palabras y no pretendía obligar a mis amigos a nada. Suspiré profundamente, sintiendo que la vida parecía hacerse más difícil día a día y que repetirme esa canción Never say never, ya no me servía de nada. Porque al fin y al cabo, mis sueños y los medios para lograrlos se alejaban lentamente hacía una barrera donde no podía cruzar. Nunca los tendría de nuevo.

Un sonido de afuera me despertó, provocando que cayera sobre el suelo pelado. Afortunadamente, para mi espalda, el colchón no estaba sobre una cama muy alta.
Miré desorientado hacia todos lados, tratando de ubicar donde me encontraba. En la penumbra de la habitación recordé que me encontraba en la casa del árbol. Después de mi inútil charla con los chicos había corrido a refugiarme en la única habitación de la casa, deseando poder dormirme y despertar en una realidad mejor. Pero, ¿qué sucedió?
Nada.
Otra vez volví a soñar nada más que con esa pequeña niña de mirada furiosa y cabellos largos. Esa que era más especial que quien esperaba. Y, otra vez, un vacío me provocaba querer sollozar, porque aquella fue la primera y única vez la vi en toda mi vida. Quizás, la última, también.
Un ruido en la sala me hizo levantar del piso y caminar hasta el umbral, para espiar por una pequeña hendija. La luz de la Luna se filtraba entre las ramas, creando diversos esquemas que me impedían ver bien. Sin embargo, cerca del mueble  que estaba al lado de la ventana se hallaba una silueta.
Entonces, ella dio la vuelta, para apreciar mejor el portarretratos que llevaba en las manos. Lo acarició lentamente como si temiera que fuera a desaparecer. El rostro de Mackenzie se contrajo por un momento, provocando que me preguntara qué le sucedía.
Salí de mi escondite seguro de que no era ningún maldito ladrón, sino ella, y dije: — ¿Qué haces aquí?
El portarretrato resbaló de sus manos y el vidrio rompiéndose hizo eco en medio del silencio. Sus ojos me miraron con cierto temor brillando en el fondo. Su boca semi-abierta fue una tentación que me impidió formular un pensamiento coherente. Todo lo que podía hacer era imaginarme arrinconándola entre el mueble y mi cuerpo, para después acariciar en todo los lugares posibles y besar hasta el último rincón de su alma.
Porque, diablos, ella era increíblemente hermosa.
Sacudí la cabeza y me acerqué hasta donde habían caído los restos rotos. La imagen de mi cumpleaños número cinco, donde me encontraba abrazando a la chica de mis sueños junto a todos mis amigos, estaba entre ellos. Otra duda me invadió, no obstante, no dije nada.
—Lo siento —La  escuché decir antes de verla acuclillada frente a mí, comenzando a juntar los restos también.
Sonreí—No te preocupes, lo importante era la foto…
Mi mano atrapó la suya en el proceso, sin querer, y una descarga eléctrica me recorrió de pies a cabeza. Nuestros ojos se encontraron en ese preciso momento y podía jurar que le había sucedido lo mismo, sin embargo, cunado apartó su mano todo pensamiento decayó. Otro vacío, similar al que padecía cuando despertaba y acababa de soñar con mi chica, se instaló en la boca de mi estómago.
¿Qué me sucedía?
—Así que, ¿una casa del árbol? —Preguntó mientras se paraba y comenzaba a recorrer el perímetro.
Asentí, dejando todo encima del mueble donde se encontraba la foto anteriormente—Sí, mi padre la construyó antes de divorciarse de mamá.
Comencé a prender las velas esparcidas por toda la casa, para que hubiera más iluminación. Sin embargo, temía que eso me jugara en contra.
—Lo siento —Dijo, mordiéndose el labio  inferior.
— ¿Por qué?
—No quería traerte un mal recuerdo —La vi tiritar ante sus propias palabras—. Algunas personas no se toman estas cosas muy bien.
Sonreí mientras me detenía a enfrentarla—Bueno, no soy una de esas personas —Me miró, enarcando una perfecta ceja de alta definición—. No lo sientas —Le guiñé, comenzando de nuevo con la velas.
Necesitaba mantener mis manos y mi mente ocupadas, sino quería hacer algo estúpido. Me maldije mil veces por ser un casanova, porque si no hubiera sido lo que era ella sería mi prioridad a conquistar.




[1] Aerosmith; banda estadounidense de hard rock. También conocidos como "Los chicos malos de Boston" o "La banda de Rock más grande de América".
[2] ETP; enfermedad de trasmisión sexual.
[3] Mono; conocida como la enfermedad del beso, la mononucleosis infecciosa es causada por un virus que pertenece a la familia del herpes.

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