Me encaminé hacia el atril, luego de que la señora Bauer me llamara, para dar un discurso de despedida que nunca había preparado.
Mientras llegaba junto a ella
noté su mirada y la de todo el cuerpo docente, advirtiéndome que no dijera nada
fuera de lugar. Sinceramente me habría gustado hacerles la contra, después de
todo, ya había obtenido mi diploma de salida, pero no podía decir nada fuera de
lugar cuando no tenía nada que contar. Ni siquiera era el año de mi promoción.
—Gracias, señora B. —Dije,
asintiendo con la cabeza mientras le guiñaba un ojo.
Ella solo rodó sus ojos, dejando
escapar un suspiro lleno de frustración mientras se dirigía a su asiento. Este
último año había estado un poco sensible e irritada, aunque todo el mundo decía
que era gracias a los dolores de cabeza que le provocaba con mis coqueteos en
clases, yo pensaba algo realmente distinto. Estaba así, porque sabía que este sería
el último año que me vería y toda esa confianza que le generaban mis
palabreríos desaparecería. Ya había pasado con otras docentes.
Desajusté mi corbata, paseando la
mirada por el público, y dije: —Bien, no tengo un discurso preparado ni palabras
grandes que compartir con mis compañeros —Levanté mis manos al aire,
encogiéndome de hombros mientras hacía una mueca divertida—. A algunos los
conocía y a otros nunca en mi vida los había visto, esta no es mi promoción,
pero la señora B. pensó que dejarme otro año aquí era bueno para mí.
La escuché lamentarse. Escuché a
gran parte de mis compañeros reírse por lo bajo. Me sentí mal por acusarla,
pero era la verdad y también lo era lo agradecido que estaba por su acto. En el
medio del público encontré a mamá, mirándome levemente enojada, y a Robin, mi
padrastro. En el otro extremo, a mi papá junto a Gemma. Y parados en el fondo,
a ellos, mis mejores amigos de toda la vida.
—Lo único que puedo decir es… —Agité
mis rizos como distracción, pensando qué decir—Que sus fiestas fueron geniales,
en serio. También las chicas —Dije sonriendo mientras mis palabras eran
acompañadas por un coro de grititos emocionados—y que esto no es un adiós, sino
un hasta luego. Algún día haremos otra de esas geniales fiestas.
Agité la mano en la que llevaba
mi diploma en el aire y seguidamente tiré mi birrete, siendo precedido por los
demás. El gimnasio escolar se convirtió en un alocado salón de baile, ya que
uno de los graduados asaltó la consola que uno de los profesores custodiaba y
comenzó a trasmitir buena música. Todo fue caos, por lo me gané una mala mirada
de parte del cuerpo de docentes, ya que al final había hecho algo que no debía.
Sin embargo, preferí pasar de
toda aquella locura que se estaba montando y me encaminé a saludar a quienes
debía. Mientras más rápido todo terminara, mejor. Tenía un verano que
disfrutar.
La cafetería de Kerry, mi
favorita en toda Santa Bárbara y la única de por aquí, estaba hasta rebosar de
gente. En temporada de verano los camioneros y estudiantes de universidad que
se dirigían a San Francisco tendían a hacer una parada por aquí. Nosotros, que
vivíamos relativamente a la vuelta de la esquina, no éramos la excepción.
Cuando, con mis mejores, entramos
una ráfaga cargada de familiaridad me golpeó. La cafetería ambientada en los
años ’80 era como mi segunda casa. Cada año festejaba allí mi cumpleaños y, también,
los fines de semana solía venir con mis amigos. Al menos cuando ellos vivían
aquí y no en Los Ángeles o Nueva York. Cuando no entendían nada de universidad
y toda esas cosas.
Este año pude traer a algunas de
mis conquistas, pero fueron realmente pocas las privilegiadas. No me apetecía
compartir con nadie mi lugar especial, para que días después se convirtiera en
un ayuntamiento de “Locas por Harry” y
toda esa mierda que las chicas hacían. Además, no quería decepcionar a mi tía
Kerry presentándole a cualquiera, lo mismo me sucedía con mamá.
Caminando hacia una cabina cerca
de la ventana saludé a Caroline, quien todavía seguía siendo mesera, pero una
casada y prohibida para mí. Aunque,
todavía seguía siendo mi crush desde la adolescencia. Y, cómo no, si era
hermosa, simpática y muy familiar para mí. Prácticamente la conocía de toda la
vida. Además, era mayor, lo que se me hacía irresistible como con la señora B.
Pero, como dije, era casada y prohibida.
Me dejé caer al lado de un Niall
concentrado en la pantalla de su celular y frente a un Zayn con la mirada en
algún punto lejano de la carretera que se veía por la ventana. Los únicos que
parecían haber venido conmigo eran Liam y Louis, quienes compartían una charla
sobre los últimos exámenes de su semestre en la universidad. No los veía desde
las vacaciones de primavera, así que, esta situación era bastante deprimente
para mí. ¿Por qué no podíamos tener una conversación entre los cinco?
—Bueno, muchachos —Hablé,
solicitando su atención, porque si seguíamos así prefería irme con mamá y Robin—.
¿Qué recomiendan para mi primer semestre? ¿NYU[1] o UCLA[2]? —Pregunté,
sabiendo que enseguida se armaría un debate donde al menos sería incluido.
Liam sonrió, rodando los ojos,
mientras apoyaba los codos sobre la mesa—A ti siempre te ha gustado viajar,
Harry. Es obvio que tienes que venir con Zayn y conmigo…
—Pero también le gusta estar
cerca de su familia —Dijo Niall, guardando el celular en uno de sus bolsillos
delanteros—. Seguro le gustará estar cerca de Gemma.
Asentí, aunque las dos opciones
me parecían realmente aburridas. Sí, quería viajar y también estar cerca de mi
familia, pero no quería ir a la universidad y fingir que me gustaba la idea de
estar creciendo. Quería vivir mi vida, haciendo lo que más me gustaba, cantando y tocando la guitarra. No quería estar
estudiando doce horas diarias durante cinco años, para que veinte años después me levantara frustrado
y malhumorado, porque estaría haciendo algo que no me apetecería. No, pero ese
era mi secreto y aunque a ellos también deseaban lo mismo, ya se habían
rendido.
Afortunadamente tenía un as bajo
la manga, la “Batalla de bandas”.
Podía escucharse estúpido el presentarse a un concurso, pero no cuando Simón
Cowell formaría parte del jurado. Él podía ser nuestra llave para entrar en el
mundo de la música. Lo sabía y lo presentía, porque realmente los cinco juntos
éramos impresionantes. Simón no nos dejaría pasar, era así de simple.
Cuando volví a escucharlos hablar
realmente, aún seguían discutiendo los pros y los contras de asistir a la misma
universidad que ellos. Bufé mofándome de toda la situación, en verdad, sonaban
diferentes a los chicos del año pasado. A excepción de Louis y Zayn, quienes ya
habían pasado a su segundo año increíblemente, para aquel entonces.
— ¿Tienes algo planeado para este
verano? —Pregunté, tratando de cambiar de tema.
—No, realmente —Dijo Liam. Louis
asintió ante sus palabras.
Miré a Niall, quien rodó los ojos
y dijo: —Chicas, playa, fiestas y más chicas —Sonrió casi igual a el Gato de
Cheshire[3]—.
Fastidiar a Gemma…
— ¡No te atrevas, Nialler! —Gritó
Louis, golpeando su puño en la mesa. En su rostro aparecieron pequeñas muestras
de frustración mientras se pasaba una mano por el cabello—Ella estuvo todo el
viaje hasta aquí despotricando cosas de ti
y de tu irlandés trasero hasta el punto de casi volverme loco.
Niall se carcajeó, mostrándose
complacido de sus resultados en la guerra que había tenido con mi hermana desde
que cumplí cinco años—Sí, Mackenzie me mandó un texto amenazando con partearme
en las pelotas sino terminaba de joder a Gemma.
—Ya te hacía falta que alguien te
amenace —Murmuró Liam, mirando hacia otro lado.
Quise preguntar quién era
Mackenzie, pero me abstuve cuando volví a Niall hablar.
—Oye, no es mi culpa que ella sea
tan perra a veces —Dijo, dejándonos con la boca abierta. Estuve a punto de
pararme y darle un puñetazo antes de que levantara una mano, para decir
cualquier mierda que tuviera en mente—. Solo golpeé al imbécil que quiso propasarse
con ella en la fiesta de Carrie y nada más que por eso se enojó.
Louis se carcajeó, secando falsas
lágrimas, pero de pronto volvió a ponerse serio— Estuve ahí y no fue eso lo que
sucedió —Niall le dio una mirada de “no lo hagas”, pero ya era muy tarde—.
Admite que saco el infierno de ti verla que alguien la toque, alguien que
pudiera tener una remota posibilidad con ella.
—Eso sucederá luego de que tú
hagas lo mismo con Jane —Dijo, desafiándolo.
Miré consternado a Louis,
sintiéndome perdido. Él parecía estar haciendo un esfuerzo por no estamparle un
puñetazo—Es mi hermana, eso cambia las cosas.
—Claro que no —Objetó Liam.
Niall agitó su rubia cabeza y
luego agachó la mirada—No te comportas de la misma manera con Mackenzie.
Levanté una mano, parando su
estúpida conversación—Esperen, vayan más despacio, ¿quién diablos es Mackenzie?
Me sentí estúpido cuando mis
palabras abandonaron mi boca, porque incluso Zayn me miró como si tuviera
cuatro cabezas. Sin embargo, me estaba matando la incertidumbre por saber quién
era Mackenzie. El intercambio de palabras parecía indicar que era familiar de
Louis, pero hasta el punto que sabía él tenía sus cuatro hermanas de sangre y
su hermanastra, Jane. No figuraba ninguna Mackenzie.
—Guau, se nota que no has estado
en ninguna de mis fiestas de cumpleaños o las de Jane —Dijo, mirando hacia
abajo.
Fruncí el ceño—Claro que sí. He estado
en ellas desde que cumpliste seis.
—No, realmente —Miré a Liam,
deseando que cerrara la boca por una vez, pero eso no iba a suceder—. Mackenzie
es la hermana menor de Jane, pero casi nunca viene a Santa Bárbara ni siquiera
para el cumpleaños de su madre.
Louis asintió—Sólo viene para mis
fiestas o las de Jane, pero lo ha hecho desde los quince…
—Y es mi compañera en casi todas
mis clases —Agregó Niall.
—De todas maneras, ya la conocerás,
porque se quedará este verano con nosotros. Su padre se casó y no desea estar a
su alrededor —Louis se encogió de hombros ante sus últimas palabras.
Comenzaron a hablar de otra cosa,
olvidando a Mackenzie y la disputa anterior. Incluso, a mí. Al ritmo que iba
nunca podría alcanzarlos. Suspiré profundamente, peguntándome donde me había
metido en los últimos cuatro años, y miré a Zayn.
Él parecía devastado y ausente,
como si no se encontraba con nosotros en ese momento. Ni siquiera estaba
mirando a las chicas que se habían sentado dos mesas más alejadas de la de
nosotros, lo cual era raro. Tampoco había hablado desde que habíamos llegado.
Así que, tratando de sacarle algo de información, dije: —No has dicho cuáles
son tus planes para este verano, Zayn.
Se encogió de hombros—Trabajar,
juntar dinero y ver como salgo de tan tremendo lio.
— ¿Cómo? ¿Qué es lo que va mal?
Pasó las manos por su cara una y
otra vez, poniéndome nervioso, porque si bien era misterioso no lo era tanto de
esta manera. Los demás dejaron de hablar y le prestaron atención—No sé cómo
decir esto, porque incluso a mí me cuesta, pero voy…
— ¡Harry, cariño!
Tía Kerry, como la conocí y llamé
durante toda mi vida, corrió desde el otro lado de la barra con un gran pastel
de chocolate en las manos. Cuando estuvo a dos pasos de nuestra mesas, lo
depositó en la que estaba vacía y me apronté mentalmente para los abrazos y
besos que me daría. Tía Kerry siempre me había querido y por alguna extraña
razón teníamos conexión que especial que ella no lograba tener con ninguno de
mis cuatro amigos.
La envolví con mis brazos, apoyando
mi mejilla en la cima de su cabeza. Algunos de sus canosos cabellos haciéndome
cosquilla en la zona de mi cuello y su olor a vainilla llenando mis fosas
nasales. La estreché aún más, provocando que se carcajeara.
—Harry, vas a asfixiarme —La
ignoré, haciendo que nos balanceáramos en el pequeño espacio que separaba
nuestra mesa de la otra—. Si muero ninguno podrá comer el pastel —Amenazó.
—Ya suéltala, Harry —Gruñó Niall.
Le envié una mala mirada antes de
ceder a sus palabras, pero también quería comer pastel. Tía Kerry se arregló su
uniforme y me palmeó la mejilla, regalándome una de sus sonrisas aprobadoras.
—No fuiste a la ceremonia, tía —La
acusé, sentándome en mi lugar.
Ella me ignoró e hizo una seña a
Caroline, quien rápidamente desapareció detrás de las puertas de metal que
llevaban a la cocina—Sí, en verdad, lo siento —Comenzó a cortar el pastel—. Lo que
pasa es que mi sobrina me llamó y tuve que llevarla a casa para que se
instalara…
—Disculpa, tía —Dijo Louis, interrumpiéndola—.
¿Te refieres a alguna de mis hermanas?
En su rostro se vislumbró la
sombra de una sonrisa, sin embargo, solo asintió—Mackenzie —Ella lo miró a los
ojos—. Tuvo otra de sus discusiones con mi hermana y me pidió para quedarse en
la mía.
Mackenzie Lane o al menos
así creía que se llamaba, estaba dando
mucho que hablar. ¿Cómo era posible que no la conociera si tenía tanta fama por
aquí? ¿Cómo era posible que no conociera a la sobrina de la que había sido mi
tía prácticamente toda mi vida? ¿Cómo era posible que lo que se suponía tenía
que decir no lo dije?
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